El dueño de la empresa alimentaria mexicana solicita anonimato. Con la seguidilla de noticias sobre violencia y secuestros que salen a diario en su país, tiene pavor de que alguien sepa que cuenta con liquidez en este momento, nada menos de unos US$50 millones, y no de un banco internacional o fondo de capital privado. En este caso el financiamiento provino de una familia adinerada y un fondo de inversión de los Emiratos Árabes, intermediado por una firma internacional de abogados en Dubai.
Pero no es un crédito directo que será pagado por los flujos de la empresa. Un crédito con interés está prohibido según las finanzas islámicas. Es un financiamiento estructurado y garantizado contra activos de la empresa, en este caso sus inventarios de alimentos.
El caso de esta empresa sirve para ejemplificar una tendencia que ha estado creciendo en América Latina en los últimos años y que se ha acentuado con la crisis crediticia mundial: para obtener financiamiento hay que tocar todas las puertas, y si las puertas más cercanas están cerradas, entonces hay que tocar puertas un poco más lejanas. Como, por ejemplo, Oriente Medio y el sudeste asiático.
DETERMINADOS RINCONES
En este escenario, los fondos de inversión soberanos, principalmente de Medio Oriente y Asia, pero también de otros países petroleros como Noruega, se han vuelto actores muy importantes, acaparando titulares de la prensa occidental.
Algunos fueron criticados por sus intenciones de comprar empresas estratégicas en países occidentales y por sus fines políticos (en particular en el caso de China Investment Corporation u otros fondos de China), para luego ser ensalzados como salvadores de los bancos de inversión de Wall Street y Londres.
Y es natural que las empresas y países de América Latina presten atención a estas entidades como una fuente de financiamiento. Pero para aquéllos que no logren atraer a los fondos soberanos, hay otras opciones “lejanas” que se deben estudiar, principalmente en Medio Oriente, una región que, si se sabe dónde buscar y cómo pedir, cuenta con dinero y está buscando opciones donde colocarlo.
Ha habido algunos anuncios públicos, como el de la brasileña Petrobras, que ha dicho que buscará financiamiento entre los fondos soberanos de esas regiones, al igual que la sanitaria de Río de Janeiro Cedae (la que tuvo que posponer sus planes de realizar una salida a bolsa por las turbulencias del mercado). Por su parte, comitivas de la Abu Dhabi Investment Authority recientemente visitaron Colombia estudiando oportunidades de inversión.
TAMBIÉN HAN SIDO GOLPEADOS
Y no es que los fondos soberanos no hayan sufrido con la crisis. Según algunas estimaciones, en 2008 perdieron entre 18 y 25 por ciento del valor de sus activos bajo administración, o sea, entre US$500,000 millones y US$700,000 millones.
Pérdidas que los han hecho volcar su atención principalmente a las inversiones en sus propios países o las regiones más cercanas. Temasek, uno de los dos fondos soberanos de Singapur y uno de los únicos que tienen oficinas en América Latina (Ciudad de México y São Paulo), informó recientemente que el valor de su cartera de inversiones cayó más de US$30,000 millones entre marzo y noviembre de 2008 a unos US$85,000 millones.
Por su parte, Sameer Al Ansari, director ejecutivo de Dubai International Capital, recientemente comentó que el escenario era “simplemente demasiado peligroso para pensar en comprar”.
“Los fondos soberanos de Dubai, Kuwait y China incluso han debido salir al rescate de sus propios sistemas financieros o empresas locales”, dice William Miracky, socio de la firma de consultoría Monitor Group, que hace levantamientos trimestrales de las inversiones de los fondos soberanos en el mundo.
Prueba de ello es la enorme baja en los montos invertidos por los fondos soberanos en los países desarrollados que componen la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Según datos de Monitor Group, en el primer trimestre de 2008 los fondos soberanos invirtieron un total de US$31,000 millones en esos países, cifra que bajó a US$9,000 millones en el segundo trimestre y a US$8,000 millones en el tercer trimestre.
“Las condiciones para obtener financiamiento de los fondos soberanos de Medio Oriente y Asia se han vuelto mucho más complicadas, pero no significa que las puertas estén cerradas para todos”, dice Tim Cohan, socio de la firma asesora de inversiones Stanwich Advisors, y que ha hecho de puente entre fondos de capital privado de la región y fondos e inversionistas de Medio Oriente.
Cohan comenta que negoció a nombre del fondo de private equity Southern Cross para que varios fondos soberanos participaran como aportantes en su último fondo de US$750 millones, aunque no dio nombres de qué fondos del Medio Oriente lo hicieron. “Los grandes actores de private equity, como Southern Cross, Advent o GP Investimentos, siempre van a tener acceso a los fondos. La duda ahora es cuánto podrán obtener”, dice.
Pero si una empresa no tiene tanto renombre como un Southern Cross o Advent, otra forma para atraer el interés de los fondos soberanos es tener una inversión vinculada a los bienes básicos. China Investment Corporation y otros fondos soberanos de Medio Oriente han dicho que su énfasis estará en comprar bienes básicos, activos mineros y commodities.
El nombramiento de Charles Goodyear, ex CEO de BHP Billiton, como nuevo director general del fondo singapurense Temasek, es visto como una señal de que este fondo también destinará sus recursos a la minería y los commodities.
SUKUKS Y MUDARABAHS
No obstante, no todo es fondos soberanos. Federico Salinas, abogado mexicano y socio de la firma de abogados Dewey Lebouf en Dubai, explica que donde se ve interés de inversionistas árabes por oportunidades de inversión es en los single family offices, y que las visitas de compañías latinoamericanas al Medio Oriente están aumentando en número.
Es que el mundo de las “finanzas islámicas”, o sea, aquéllas que cumplen con los estándares religiosos musulmanes, se mantiene prácticamente inexplorado por la mayoría de las empresas latinoamericanas.
Pero el potencial es enorme si uno sabe qué puertas tocar y cómo tocarlas, explica José Neif, director de la oficina de Dubai de ProMéxico, entidad encargada de fomentar el comercio e inversión en México. “Además de los soberanos, hay otros fondos privados o high net worth individuals, o sea, emires o sheiks, con muchísimo dinero para invertir, pero la gente no sabe que para ello debe ‘engalanarse’ para ellos y cumplir con sus exigencias”, dice Neif.
Según algunos estudios, sólo en Ginebra, familias islámicas tendrían unos US$200,000 millones en activos bajo administración. “Estamos constantemente tratando de convencer a fondos soberanos e inversionistas árabes de diversificar en América Latina”, agrega Neif.
Hay árabes “occidentalizados” que están dispuestos a invertir en proyectos que a simple vista no cumplirían con las leyes islámicas (lo que explica que el principe Al Walid de Arabia Saudita fuera hasta hace poco uno de los principales accionistas de Citigroup, cuando el islam prohíbe obtener interés del dinero). Pero otros fondos y familias son estrictos: nada de interés, nada vinculado a drogas, alcohol o pornografía, nada de empresas con más de un 30 por ciento de deuda sobre patrimonio.
Pero hay otras opciones. El mercado de sukuks, también conocidos como bonos islámicos (que deben ser respaldados por activos como inventarios o bienes raíces y que sólo se deben vender a su valor nominal) está creciendo con fuerza, a unos US$70,000 millones en circulación. Además, un grupo islámico no estará dispuesto a dar un crédito con tasas de interés, pero sí de compartir el riesgo, por lo cual tienen los acuerdos mudarabah o de riesgo compartido.
Son sólo algunas de las condiciones que se deben considerar para obtener financiamiento. Pero en tiempos en que el crédito escasea, no está mal tratar de quedar bien con Allah.