Con la quinta Cumbre de las Américas a la vuelta de la esquina, el presidente Daniel Ortega dirige la política exterior de Nicaragua sin rumbo, ni coherencia, y a partir de confrontaciones innecesarias que, además, lucen divorciadas de los intereses nacionales, según la opinión de diversos expertos en el tema.
El ex embajador alterno ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y consultor internacional, Julio Icaza Gallard, estima que “la estrategia de Ortega en política exterior, difícilmente vamos a encontrarla fuera de lo que ha significado un plegamiento casi total a las posiciones del presidente (venezolano) Hugo Chávez y una falta de concordancia con lo que son los intereses nacionales”.
Icaza sostiene sus impresiones en que mientras el objetivo de la política exterior debería ser la búsqueda de recursos para combatir la pobreza, que se verá “agigantada” con la crisis económica y financiera mundial, “hay en cambio una política de confrontación, de aislamiento, de disidencia y ausencia en importantes encuentros”.
Como ejemplos, Icaza cita la falta de Ortega a la reunión con el vicepresidente estadounidense Joseph Biden, en Costa Rica, el abandono de la mesa de negociaciones para un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea y la contradicción con las posiciones de consenso para la Cumbre de las Américas, que se realizará entre el 17 y 19 de abril en Trinidad y Tobago.
“La política exterior de este Gobierno está caracterizada por ser contradictoria, incoherente, confrontativa y aislacionista”, asegura categórico Icaza, y con él coinciden otros ex funcionarios.
ORTEGA QUIERE LIDERAZGO
Para el ex canciller Norman Caldera, “la política exterior (del país) tenemos que entenderla como la visión del presidente Ortega de su liderazgo a nivel internacional; él considera que es un líder internacional y por eso (dice) ‘arriba los pobres del mundo’... Si uno se da cuenta de que ese es el enfoque, las piezas caen en su lugar”.
Otro ex canciller y actual diputado liberal, Eduardo Montealegre, opina también que la apuesta de Ortega por Chávez o el cubano Fidel Castro, más su aislamiento, “son decisiones totalmente equivocadas que no benefician a la mayoría nicaragüense y más bien sirven sólo para engrandecer la bolsa de la familia presidencial y alimentar el ego del presidente Ortega en el ocaso de su vida política”.
CUBA FUERA DE LUGAR
Ortega se reunió con Castro a finales de la semana pasada, cuando le entregó una copia del borrador de la declaración de la Cumbre, que tratará sobre la crisis económica, la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental. Pero Castro y Ortega aprovecharon para criticar que ésta no dice nada sobre el embargo económico a Cuba.
Sin embargo, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, descartó ayer que durante el próximo encuentro de mandatarios americanos se vaya a aprobar una resolución sobre el embargo a la isla.
Icaza coincidió en que la anulación del embargo a Cuba es una discusión bilateral con Estados Unidos, y Caldera agregó que el regreso de la isla a la OEA (suspendida de ésta desde 1962) debe tratarse ante la Asamblea General de ese organismo, porque la Cumbre de las Américas “no es el mecanismo correcto”.
El mismo Insulza no descartó que algunos presidentes se refieran al tema de Cuba en la Cumbre, “pero de ahí no va a pasar”. En ese sentido, Caldera mencionó que los presidentes afines a Chávez pueden tratar del tema, pero lo que éstos tendrían que entender es que el tema de Cuba “es un asunto de procedimiento”.
POLÍTICA INCOHERENTE Y SIN ÉXITOS REALES
Para Icaza, el hecho de que Ortega desarrolle una política exterior aislacionista, y por otro lado pretenda la reintegración de Cuba a la OEA, es una muestra de que la misma política “es contradictoria e incoherente”.
Icaza considera que el problema del país no es que se reanuden relaciones con países con los que Nicaragua tenía descuidada sus relaciones en los últimos gobiernos anteriores, sino, abandonarlas y confrontarse con aquellos países con los que se ha desarrollado amplias relaciones políticas y económicas.
Caldera también critica que el Gobierno haya destacado como un éxito de su política exterior que el nicaragüense Miguel D’ Escoto presida la sexagésima tercera Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Según Caldera, el Gobierno “ha hecho mucha bulla” con un nombramiento que en realidad “le correspondía a Nicaragua”, al punto de que cualquier propuesta del país hubiera sido apoyada y votada, por lo que ese cargo “no es un gran triunfo en política exterior”.
Caldera recordó que D’Escoto ha sido criticado por dividir y no unir a los países miembros de la ONU, como lo hizo Estados Unidos al advertir que el nicaragüense incumplía con sus funciones como presidente de ese organismo.