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Managua, 09/09/2010 -1:20 AM
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Éste es el sitio donde fue aparentemente asaltado el Procurador General de la República, Hernán Estrada, distante a varios kilómetros de su casa en Carretera Sur. ( LA PRENSA/M. Lorío)
¿Fue asalto, no atentado?
Vecinos al sitio donde fue herido procurador Hernán Estrada dicen que pudo ser un robo
Elízabeth Romero
nacionales@laprensa.com.ni
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Fustigan declaraciones de Estrada

El Movimiento por Nicaragua (MpN), mediante un comunicado, calificó de “peligrosas” las acusaciones contra los obispos, emitidas por Estrada, a quien señalan que lo hace “al peso de la lengua”, con el objetivo de “acallar las voces de los obispos, la voz de la Iglesia, que transmiten el sentir del pueblo”.

“El danielismo es especialista en contrapropaganda, ya en el pasado han autofabricado mártires, atentados, agresiones físicas, para tratar de contrarrestar situaciones adversas y justificar ante la opinión pública cualquier acción arbitraria a tomar, por lo que el caso de hoy no sería la excepción”, dice el comunicado.

Agrega el MpN que “el gobierno de Ortega nuevamente comete el error del pasado de confrontar a la Iglesia, porque ésta no es complaciente ante las arbitrariedades que comete, sino que alza su voz contra las injusticias ocurridas. Pero Ortega se equivoca de nuevo, porque la Iglesia no callará ante los atropellos de los dictadorzuelos, que al final caen y desaparecen, y la Iglesia sigue y seguirá siendo la Iglesia”.

Por su parte, el diputado Salvador Talavera también criticó las declaraciones irresponsables y temerarias de Estrada, a quien lo ve en una actitud desafiante y prepotente.

María José Uriarte

Estrada con lo mismo

“Estoy recuperándome de un intento de asesinato atroz. Quiero llamar a la paz, a la tranquilidad, y llamo a que todas las fuerzas políticas no exacerben los ánimos; ésa es la realidad, que todo mundo vivamos la Semana Santa con tranquilidad. Y a aquella gente que anda tratando de armar e instigar a la violencia, yo les llamo a que se calmen; yo creo que todos los nicaragüenses tenemos derecho a vivir en paz y tranquilidad”, precisó el procurador Hernán Estrada.

Un disparo es lo que aseguraron haber escuchado los vecinos cercanos a la quinta por cuyo frente resultó herido el Procurador General de la República, Hernán Estrada, el pasado lunes, cuando realizaba su rutinaria caminata matinal. Varios de los vecinos también coincidieron en exteriorizar sus sospechas de que pudo tratarse de un asalto.

El hecho delictivo en realidad ocurrió en el camino a Los Rugama, ubicado un kilómetro al sur del kilómetro 11 y medio Carretera Vieja a León. Estrada había dicho que ocurrió en Carretera Sur, pero no especificó dónde.

Los vecinos, quienes en su mayoría prefirieron el anonimato (unos por temor, otros por no verse involucrados en un caso que está relacionado con un funcionario importante del Gobierno), coincidieron en que no hubo varios disparos, sino una detonación.

El lunes, en conferencia de prensa, Estrada denunció que sufrió un supuesto atentado y que el agresor le disparó en cuatro ocasiones, y una de las balas le impactó en el cuello.

Varios de los vecinos que le auxiliaron aseguraron que los hechos desorientaron al procurador Estrada, al extremo que éste les preguntó: “¿Dónde me salió el tiro? ¡Ayúdenme!”, momentos después de haber llegado pidiendo que lo auxiliaran en ese lugar.

“Tal vez era por robarle, andaba unos audífonos y aquí persiguen los celulares. Hasta escuchó de más”, dijo jocosamente una de las vecinas que habló del tema.

La mujer, que insistió en que no fuese identificada, manifestó que pudo apreciar que Estrada “tenía un rayón de gallina”.

La vecina agregó que al funcionario, cuando se les aproximó en busca de auxilio, se le apreciaba “un poquito de sangre, ésos millonarios son llorones”, comentó.

El lunes Estrada dejó entrever que la herida era de mayor gravedad.

“Al brotar la sangre de una manera profusa, el criminal que hizo este hecho pensó que la tarea estaba concluida, pensó que estaba terminada, que había logrado el objetivo que se había perseguido, se subió a la moto y prosiguió su ruta, quedando yo sobre el camino que iba recorriendo”, dijo Estrada el lunes.

Al principio —según afirmaron—, los vecinos del lugar desconocían de quién se trataba. Fue hasta que estaba a punto de abordar el vehículo de un médico de la comunidad que en ese momento pasaba por la zona, que Estrada se identificó diciéndole: “Soy el Procurador General de la República, lléveme al Hospital Militar”.

Después lo confirmaron al observar sus declaraciones a través de los distintos programas noticiosos de televisión. Muy diferente a la forma en que acudió a ellos.

ALTERÓ LA CALMA

Los vecinos manifestaron que ese sitio, cuya tranquilidad fue alterada a partir del lunes, es relativamente calmo; no obstante, reconocieron que al lugar acude gente de otras comunidades que se dedican a robar.

Vecinos de barrios aledaños como Los López o Cedro Galán dicen que “si te hayan mal parqueada, te roban”. Es por eso que los vecinos no descartan que el móvil del frustrado hecho contra Estrada haya sido robo.

Otro de los vecinos señaló que “en medios de comunicación se expresa como que tiene enemigos de muerte. Yo digo que son rateros, si han querido matarlo, lo matan”.

Con esta versión coincide Donald Rugama Cuarezma, quien manifestó que él no presenció el incidente, pero supo del mismo horas más tarde por los vecinos cercanos al sitio. El rumor que se extendió por el lugar, de acuerdo a sus palabras, fue que habían asaltado a una persona. Hasta ese momento, dijo, desconocían que se trataba del Procurador General de la República.

Rugama expresó que por el lugar transitan “vagos”, que roban a la gente indefensa. Rugama demandó de la Policía que investigue a fondo el caso, pues es necesario que aclaren de dónde es la persona que realizó esa acción.

Sin embargo, algunos de los vecinos sostienen que Estrada habría afirmado que logró forcejear con el desconocido que le advirtió: “Te voy a matar”.

¿LE ROBARON PESAS?

Mencionaron que comúnmente observaban al funcionario transitar por el mismo camino, de ida y vuelta, entre las 7:30 a.m. y las 8:00 a.m., lo que pudo permitir a los atacantes conocer sus movimientos.

Justamente, lo que los habitantes del lugar (cuyas casas están ubicadas a orillas del camino) le miraron llevar en sus manos a Estrada ese día fueron unas pesas, que aseguran siempre andaba consigo, en esa rutinaria caminata de más de cinco kilómetros.

Según otro de los vecinos, él escuchó a los oficiales de la Policía que acudieron ese día a investigar el caso, que en vano buscaron las pesas a ambos lados del camino.

Aparentemente fue lo único que le robaron, dijo el lugareño.

Juana Antonia Osorio, de 52 años, quien habita cerca del lugar del incidente, aseguró que a esa hora salió a la calle porque escuchó una especie de triquitraque, por lo que corrió en busca de dos de sus nietos que estaban afuera.

“Me salí a llamar a los niños, pero hasta ahí no más no miré nada. Mis nietecitos me dijeron que allí estaban unos hombres agarrándose”, dijo Osorio.

A su vez, Osorio comentó que al tiempo que ella salía en busca de los pequeños, observó que frente a su vivienda se detuvo rápidamente un motociclista para que otro abordara; arrancaron y desaparecieron del lugar.

“Se paró a montar al hombre que venía en carrera (...) yo lo miré que venía en carrera y pun... se montó en la moto”, manifestó Osorio, tras señalar que ella no pudo reparar en los rostros de los sujetos. Fue después que los niños le aseguraron que los hombres estaban peleándose (supuestamente Estrada y uno de los asaltantes).

Aseguran que fue posteriormente que conocieron que en ese lugar había resultado una persona herida, “por el alboroto”.

“Como podrán imaginar, estando a una distancia de uno que se baja de una moto y otro que va a pie, vestido con traje de caminata (...), se trataba de individuos que conocían perfectamente este tipo de rutina, sabían que en ese momento y esa circunstancia había salido de mi casa”, dijo Estrada el lunes.

A los vecinos les extraña que los desconocidos hayan esperado a Estrada en el lugar donde está más habitado, pese a que en los atajos utilizados por éste hay lugares completamente deshabitados.

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