Su vida comenzó a cambiar cuando cumplió cuatro años, según la versión de su abuela, o cuando tenía dos años, según la versión de su madre, quienes no se ponen de acuerdo en la fecha en que nació Elba Katy Rivera Urbina, la única mujer en América miembro del W8, un grupo de ocho mujeres alrededor del mundo que fueron escogidas por una organización internacional para recordarle a los ocho países más poderosos del mundo, que tienen un compromiso con los países de donde provienen estas mujeres, el tercer mundo.
W8 o Woman8 es parte de una campaña en la que Oxfam International promueve la salud y la educación como uno de los aspectos más importantes en los cuales los gobiernos deberían invertir. Y estas ocho mujeres fueron escogidas para ser la cara visible del proyecto. Por ser líderes, por su trayectoria y por el impacto de sus trabajos tienen ahora la misión de hacer llegar el mensaje a los representantes de Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra, Japón y Rusia. Ellas quieren que cumplan su compromiso de dedicar el siete por ciento de sus riquezas para la educación de los países en vías de desarrollo, como Nicaragua.
Elba Rivera Urbina, de 47 años, dice que no es más que una campesina. Nació y creció en el campo y ahí mismo se quedó trabajando. Aunque su papá decía que un campesino nunca comería del lápiz y el papel, ella siempre soñó con ir a la escuela y cumplió su deseo. A los siete años su madre dejó la finca Mileto para mudarse por un tiempo a la ciudad con el objetivo de que la mayor de sus ocho hijos aprendería a leer y escribir, y nada más.
Aunque no logró culminar el primer grado porque su madre consideró que Rivera ya sabía suficiente, la espinita siguió ahí, hasta que en 1981 llegó al poblado de Nueva Guinea una mujer llamada Rosa Beteta, brigadista de la Cruzada Nacional de Alfabetización, quien se encargó de refrescarle lo que había aprendido.
Dado su interés por aprender, Elba Rivera se convirtió pronto en una alfabetizadora más. Durante el día enseñaba a sus coterráneos y por la noche continuaba estudiando. Así se bachilleró. Pero sus deseos de aprender tampoco pararon ahí.
Era 1988. Ya se había casado con un alemán, Gerd Schnepel, quien la había conquistado además por su espíritu ecologista y ya había comenzado a desarrollarse en la agricultura orgánica, en la finca La Esperanzita. Para esa fecha, por haber sido la mejor alumna de su promoción le ofrecieron una beca para estudiar en Alemania. No lo pensó mucho y se mudó junto a su esposo. Allá se recibió en Ciencias de la Educación y Ciencias Políticas y publicó el primero de sus tres libros, titulado “Una vida con alemanes”, que trata sobre la biografía de una campesina de Waslala.
Desde 1998 Elba Rivera volvió a establecerse definitivamente en su querida Nueva Guinea, donde fundó y dirige la Escuela Jam Amos Comenius, en la que promueve la educación y el desarrollo sostenible entre sus 274 alumnos.
Los años han pasado y aquella niña que ahora ve su vida como un milagro, recuerda con alegría y tristeza todo lo que ha vivido para poder llegar a ser lo que es ahora, una de las ocho mujeres escogidas para continuar durante este año la campaña Salud y Educación.
::: ¿Por qué la escogieron a usted?
Es una buena pregunta. Yo también me la he hecho… Para mí es un honor representar a mi país, también es un honor que sea una mujer, y que sea una mujer del campo. Yo he trabajado 25 años en agricultura, nací en el campo, conozco las luchas de las ciudades, pero las injusticias que se viven en el campo no son reconocidas y eso es parte de lo que tengo que cosechar y producir.
En el campo está la vida, si en el campo la gente no produce, no come la gente de la ciudad. Y si nosotros en el campo no aprendemos a cuidar el tesoro que es el suelo y las fuentes de agua, la gente de la ciudad se va a secar junto con nosotros. Si nosotros como campesinos no reconocemos que nos tenemos que educar, que como hijos de campesinos vivimos las tristezas, las humillaciones, pero no nos ponemos a analizar de dónde viene y qué podemos hacer. Y eso es lo que me está pasando actualmente, lo que yo vivo en la vida práctica, lo puedo ver teóricamente también.
::: ¿Qué objetivos persigue?
El primero es conseguir que los del grupo de los G8 cumplan con su promesa de invertir en los países en desarrollo, su cooperación del 7 por ciento, la gran mayoría no lo ha cumplido, y que no nos dejen pagar a nosotros la crisis que ellos provocaron.
::: ¿Cómo van a hacer llegar su mensaje?
Hay diferentes formas. Como pobres y como mujeres tenemos muchas formas de hacernos sentir y hay muchas ocasiones para integrarnos con la gente, comunicarnos con organizaciones no gubernamentales, hay diferentes formas, a través de los medios también…
::: Y no le parece un proyecto muy ambicioso…
Claro…
::: Son sólo ocho mujeres en todo el mundo.
Claro, por eso también es bueno. La ambición, uno tiene que pedir más de lo que necesita para lograr un porcentaje. Si no somos ambiciosos, tampoco vamos a tener éxito en la vida.
::: ¿Qué tienen en común estas ocho mujeres?
El liderazgo y el trabajo en la educación y la lucha por los servicios esenciales: agua, salud, educación.
::: ¿Con sus 30 años de experiencia en educación, considera que Nicaragua ha mejorado en ese aspecto?
Es difícil, pero creo que antes había menos oportunidades de ir a la escuela. Ahora hay más escuelas. La calidad pienso que no ha avanzado mucho, aunque no hay suficientes escuelas para todos los niños, siempre se dice en el campo que los niños tienen que viajar a veces hasta dos o tres horas para llegar. También está la angustia de todo maestro que debe atender a 40 alumnos en un aula y eso es por falta de escuelas y de maestros.
La calidad es algo que…. Ahora hay mucha gente que trabaja sin vocación, por necesidad y también el sueldo de los maestros es bastante bajo. Hay maestros que deben tener tres diferentes trabajos para poder sobrevivir y eso es porque los salarios son muy bajos. La otra cosa es que las escuelas normales son de baja calidad y los maestros no tienen la oportunidad de tener un conocimiento pedagógico para dar clases.
::: ¿De qué manera se podría mejorar eso?
El Gobierno debería invertir mucho en capacitación de maestros y en salarios, son dos cosas paralelas. Si le pagás un salario con el que un maestro pueda vivir digno, tal vez se motive, entonces él mismo podría tener el deseo de superarse en su profesión, pero si en primer lugar tiene que ver que tiene que buscar para comer, entonces lo hace de mala gana.
Otra cosa que hay que ver es mejorar las universidades para los maestros, buscar cómo poner la pedagogía en lo alto y buscar que la escuela pase de teórica a práctica, que sea basada en la realidad de cada alumno, de cada comunidad.
::: ¿Además de pertenecer al W-8, qué hace Elba Rivera en Nueva Guinea?
Trabajo en educación, desde hace casi 30 años, pero también en la agricultura orgánica, la educación ambiental y con los jóvenes, ésas son mis líneas.
::: ¿Es productora?
Sí, también. Producimos (junto a su esposo) una gran variedad de cultivos porque la agricultura orgánica y el medio ambiente de suelos de trópico húmedo tiene que ser la combinación de educación forestal, porque los suelos de trópico húmedo son de vocación forestal y es lo que enseñamos a la gente, de hacer asociaciones de cultivos, entonces producimos lo que en el ambiente de allá es adecuado, café, cacao, marañones, una gran variedad de cultivos, todos perennes.
::: Y la idea es promoverlo en la gente...
La idea es cuidar las fuentes de agua porque... los habitantes de Nueva Guinea vienen de Boaco y de Chontales, vienen con la mentalidad ganadera, vienen ganaderos grandes a comprar las tierras con la idea de convertirlas en pastos y también vienen los campesinos que han vivido en las fincas trabajando y que tienen aunque sea el ganado en la cabeza, y todos tratan de despalar en las fuentes de agua y eso es lo que nosotros tratamos, que en la educación se incluya lo que es clima, el tratamiento de suelos, porque si nosotros contaminamos, despalamos y dejamos que nuestros ríos se sequen como en Chontales, vamos a tener grandes necesidades de agua como los está teniendo Managua y varios departamentos de Nicaragua.
::: ¿Cómo era Nueva Guinea cuando llegaron ustedes?
Nueva Guinea era un bosque virgen, propiedad del Estado y había sólo pueblos indígenas y desde que comenzaron a llegar los fundadores, que son del centro del país, de Chontales y Boaco, con su mentalidad de tumba y quema, y que todavía permanece esa mentalidad, pero no se debería dar. Con los 44 años que tenemos de estar ahí, se ven muchos pastos. Nosotros estamos cerca de la reserva de Indio Maíz y cualquiera piensa que yendo de Nueva Guinea, dos horas de camino y doce horas a pie, uno piensa que va a ver bosque en la zona de amortiguamiento y en realidad son pastos. Estamos en peligro. Lo que predicamos es salud por medio de la producción orgánica y el cuido de las fuentes de agua.
::: ¿Y cuánta respuesta ha tenido?
Es una lucha, la educación es un proceso y debe ser constante y permanente. Tengo 25 años de hacer agricultura orgánica y de hablar e interactuar con la gente. Yo me monto en una mula y me voy, camino por todos lados, y me gusta, ése es mi ambiente, ésa es mi vida. Aunque haya ido a otros lados, mi monte es mi monte.