El ex Presidente democrático de Argentina, Raúl Alfonsín, falleció el martes de esta semana a los 82 años de edad y fue sepultado el jueves pasado con el acompañamiento de una gigantesca manifestación popular. Así tenía que ser, porque él fue el restaurador de la democracia en Argentina, a partir de que asumió democráticamente el poder en 1983, después de las brutales dictaduras militares que dominaron el país durante casi treinta años.
Ahora que América Latina, incluyendo a Nicaragua, está asediada por políticos mesiánicos que buscan la reelección por cualquier medio, es oportuno apreciar el ejemplo de Raúl Alfonsín, un auténtico demócrata que no sólo no pretendió reelegirse sino que más bien entregó el gobierno antes de que terminara su mandato presidencial.
Raúl Alfonsín fue elegido Presidente de Argentina el 30 de octubre de 1983, con más del 51 por ciento de los votos, y asumió el alto cargo el 10 de diciembre del mismo año iniciando la nueva época democrática de ese país que dura ya más de 25 años. Fue muy difícil para Alfonsín restaurar la libertad y reconstruir la democracia. Su gobierno tuvo que lidiar con los militares que querían quedar impunes y soportó la sublevación de “los cara pintada”, en la Semana Santa de 1987. También enfrentó la agresión permanente y sistemática de una izquierda extremista y violenta, que montó contra su gobierno trece huelgas nacionales e innumerables paros parciales y asonadas. Finalmente, después de la elección presidencial del 14 de mayo de 1989 que ganó el peronista Carlos Menen, el presidente Raúl Alfonsín decidió entregar el poder el 9 de julio de ese mismo año, cinco meses antes de que terminara su mandato presidencial, con la esperanza de que se calmara la irracional oposición violenta y tumultuaria que ni siquiera en los últimos meses de su gobierno dejó de asediarlo con paros, asonadas y otras acciones vandálicas a las que son afectas y en las que son expertas las turbas izquierdistas en cualquier parte o país del mundo.
El presidente Raúl Alfonsín en Argentina, igual que doña Violeta Barrios de Chamorro en Nicaragua, jamás pensó en su reelección ni en volver a ser Presidente, un mal de codicia política que no sólo enferma a caudillos autoritarios y chambones como Hugo Chávez, de Venezuela, y Daniel Ortega, de Nicaragua, sino también a gobernantes democráticos como Álvaro Uribe, de Colombia, y Oscar Arias, de Costa Rica. Es que Raúl Alfonsín tenía un concepto cabal de la democracia, no le interesaba el poder por el poder mismo y mucho menos como un medio de enriquecimiento personal y familiar. Para Alfonsín el poder político era sólo una herramienta para reconstruir la democracia y asegurar la libertad de los argentinos.
Cuenta el columnista político del diario La Nación, de Buenos Aires, Joaquín Morales Solá, que en los duros años de la dictadura militar Alfonsín sobrevivía ejerciendo su profesión de abogado en difíciles condiciones. Y siempre decía a sus amigos, a sus correligionarios del Partido Radical, a los periodistas y a todas las personas con las que tenía la oportunidad de conversar: “No dejen de hablar de la democracia. Es necesario que la gente no se olvide de que existe la democracia”. Alfonsín sabía que lo peor que le puede ocurrir a un pueblo sometido por una dictadura es olvidarse de la libertad y la democracia, pues terminará creyendo que no hay otra forma de gobierno.
En realidad, si las personas no piensan en la democracia ni sueñan con la libertad, si no aspiran a vivir libremente y a gobernarse en forma civilizada, jamás podrán ser libres ni conquistar la democracia. Alfonsín conocía esto y actuaba en consecuencia. Por eso pudo liderar la restauración de la libertad y la reconstrucción de la democracia en Argentina. Por eso su vida fue una lección de honestidad política y de consecuencia democrática. Y por eso es que, como escribió también Joaquín Morales Solá, “Alfonsín fue la última expresión de esa saga de grandes dirigentes políticos que marcaron a fuego la vida (de Argentina) durante más de un siglo”.
Que descanse en paz Raúl Alfonsín y que su ejemplo ayude a los nicaragüenses a encontrar el camino que conduce a la reconquista de la República y la recuperación de la democracia y la libertad.