Se estima que más de diez mil nicaragüenses viven ilegalmente en Europa. El idioma español y la paga en euros son algunos de los atractivos por los que muchos están migrando, especialmente hacia ciudades españolas. /LA PRENSA/Orlando Valenzuela
Destino Europa
Cada vez más nicaragüenses apuntan hacia Europa como un destino fácil y más seguro para conseguir trabajo y salir de las deudas. Se estima que unos 15 mil nicaragüenses viven de forma ilegal en la Unión Europea, sin embargo, ahora se deben enfrentar a la dura “Directiva Retorno”, una estrategia impulsada por estos países para reducir el número de inmigrantes
Martha Solano Martínez
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España en la mira de inmigrantes

Siete de cada diez inmigrantes se asientan de modo definitivo en España, país que a nivel mundial se sitúa a la cabeza en la recepción de inmigrantes, después de Estados Unidos de Norteamérica, según el II Anuario de la Comunicación del Inmigrante en España, presentado el 17 de octubre 2007.
En España dos de cada diez matrimonios están conformados por un español y un extranjero. Este Anuario estima que esos cuatro millones de inmigrantes enviarán alrededor de 7 mil 500 millones de euros a sus países de origen. En Somoto, muchas de estas remesas son utilizadas para pagar las deudas adquiridas para emprender el viaje. Según la Alcaldía de Somoto, tras la emigración de sus pobladores a Europa se ha iniciado un grupo que especula con la compra de boletos aéreos, e incluso se ha hablado de trata de personas. Información difundida por el diario El País, de España, dio a conocer una supuesta red que lava dinero a través de las remesas enviadas por inmigrantes. Como resultado de las investigaciones del supuesto lavado de dinero fueron detenidos dos ciudadanos colombianos, un nicaragüense, tres son españoles y un venezolano. Según los datos, esta red envió a direcciones dudosas cinco millones de euros hacia Colombia, 4.3 millones a Nicaragua y 900 mil euros a Honduras.

Directiva Retorno

En Europa viven ocho millones de extranjeros indocumentados. Según las nuevas medidas, el gobierno español ofrece pagar entre 8 mil y 10 mil euros a los extranjeros que de manera voluntaria decidan regresar junto a sus familias a sus países de origen.
La Directiva Retorno, aprobada el 18 de junio de 2008, permite la retención de inmigrantes hasta por 18 meses previo a su repatriación En el caso que no sepa con exactitud la nacionalidad del inmigrante, el gobierno podrá deportarlo a un tercer país que se ofrezca a recibirlo. En octubre próximo, entre el 6 y el 10, se realizará una nueva ronda de negociaciones sobre el acuerdo de asociación entre Centroamérica y Europa. En este encuentro uno de los temas a tratar será la migración de centroamericanos a Europa. Mientras tanto, la oficina de la Unión Europea en Nicaragua ha preferido no dar declaraciones sobre este ámbito.

El “sueño americano” está pasando de moda. Ahora, si de trabajo se trata, cada vez más nicaragüenses apuntan su nariz hacia el este, al otro lado del Océano Atlántico: ¡Europa!

Entre muchas ventajas, el idioma español y el euro como moneda que supera el valor del dólar, se unen a las aspiraciones económicas de los 15 mil nicaragüenses que se calculan radicados de forma ilegal en la Unión Europea.

Entre ellos se encuentran Erwin, Martha, Maritza, Carmen y muchos otros que dejaron su natal Madriz con la ambición de trabajar duro, saldar sus deudas y si todo va bien, algún día volverán a encontrarse con el resto de su gente.

Hace cinco meses Maritza Padilla dejó la comunidad Los Canales, en San Lucas, municipio de Madriz, y se fue a vivir al ayuntamiento de San Sebastián, en España. Supo de ese lugar gracias a unas amigas que emigraron de San Lucas, dejaron vencer su estadía permitida de tres meses como turistas y se quedaron trabajando a “escondidas de la migra”. Como a sus amigas les iba bien, Maritza quiso probar suerte.

Allá le tocó una patrona que es “linda gente”, según describe su mamá, doña María Gutiérrez, una mujer bajita, morena, con pocas canas y 61 años a cuestas, quien quedó a cargo de cuatro nietos y una ventecita de caramelos y helados en bolsa.

Maritza es una mujer “rifona”, dice Gutiérrez. “Aquí en el campo uno hace de todo y entonces, cuando uno sale, todo es más fácil. Allá mi hija cuida a un chavalo discapacitado y hasta trabaja horas extras en el restaurante de la patrona”.

Casi cuatro millones de centroamericanos emigraron a Europa en el 2006, y a pesar de que no hay un dato exacto que indique cuántos nicaragüenses viven la situación de Maritza, cuando de emigraciones a Europa se trata, Somoto y España son los nombres que popularmente se asocian dada la migración tal vez masiva que ocurre en esta zona del país.

En Somoto es muy fácil encontrar familias con miembros viviendo legal o ilegalmente en España. Si uno pregunta, recibe direcciones hacia los cuatro puntos cardinales. Esta situación va tomada de la mano con algo que llamamos pobreza.

Según el alcalde de Somoto, Marcio Rivas, en este municipio las oportunidades de trabajo son mínimas y la pobreza está empujando a sus pobladores a que dejen la tierra donde suelen sembrar frijoles y maíz.

“Aquí había antes una fuente de trabajo importante que era un aserrío, pero por la veda de la madera tuvieron que irse al lado de la Costa Atlántica. Aquí no hay ninguna oportunidad laboral, a no ser por la mediana y pequeña empresa que se mueven”, comenta Rivas.

En Somoto sesenta de cada cien habitantes sufren las consecuencias del desempleo. En esta zona al norte de Nicaragua, la actividad agrícola predomina, por lo que las mujeres en pocas ocasiones tienen la oportunidad de trabajar fuera de sus casas. En Europa esa historia cambia.

Salvador García, director ejecutivo de la Alianza Madriz-Madrid, ha visitado España por razones de trabajo y reconoce que allá las mujeres tienen mayores ventajas.

“He tenido la oportunidad de visitar a algunos amigos que están allá, y las mujeres fundamentalmente trabajan de domésticas, algunas en hoteles, pero para los hombres es más difícil el trabajo. El hombre que está legal en España sí tiene facilidades porque puede trabajar en la construcción y es un buen empleo. Pero hay otros que sólo pueden trabajar en períodos de cosecha de uva, chile, oliva, y eso es temporal. Yo he visto muchos que pasan tiempo sin trabajar durante el año”, comenta García.

La Alianza Madriz-Madrid es un programa que trabaja para erradicar el trabajo infantil y promueve la inserción escolar. Éste se desarrolla en las nueve alcaldías del departamento de Madriz, apoyado por los 23 ayuntamientos de la comunidad autónoma de Madrid.

Aunque los objetivos de esta organización no tienen ninguna relación con darle trabajo a los somoteños en el extranjero, García cuenta que en diversas ocasiones sus coterráneos llegan a solicitarle cartas de recomendación con la esperanza de que les sirvan de garantía para que les permitan ingresar a España, porque cada vez las autoridades se vuelven más selectivas a la hora de permitir las estadías de extranjeros.

“Lo que pasa es que creen que si llevan una carta de la Alcaldía o de otros organismos que trabajan con España, creen que los van a dejar entrar, sin embargo, hemos escuchado historias de gente que llega con estas cartas y la regresan. Cada vez las medidas migratorias están siendo más fuertes, más exigentes. Hay vuelos en los que regresan hasta 20 somoteños de una vez”, añade.

Al mediodía Somoto arde bajo el sol. El clima fresco de antes ya no existe y en la cocina del Comedor La Esperanza el calor se conserva muy bien. Ahí está Zoila Herrera, una mujer morena que no aparenta los 64 años que dice tener.

Mientras en el televisor anuncian el noticiero, a esta hora Herrera comienza a hacer memoria de sus días en España. Ha viajado varias veces, pero la última no pasó de ser un intento.

—Cuando me fui por primera vez a España fue en el 2002, no había muchos inmigrantes. En el lugar donde yo estaba sólo habíamos 4 ó 6 personas específicamente de Somoto.

—¿En qué ciudad vivía?

—Yo estaba en San Sebastián. Estuve un año. Fui más que todo por curiosidad, no tenía deudas, yo sólo quería saber cómo era la cosa y en el primer trabajo que encontré, sólo estuve 24 horas.

—¿Qué pasó?

—Me echaron a la calle por gorda. La señora me dijo: “Vos sabés que mi marido está enfermo y hay que complacerlo y él dice que no le gustás por gorda”.

Herrera viajó a España por insistencia de su nuera y su hijo, quienes habían llegado años antes a San Sebastián. Les iba bien y entonces decidió hacer el viaje. Buscó trabajo en los clasificados de los periódicos y la contrataron para cuidar a un enfermo de cáncer terminal.

“Si hubiera sabido que me querían para modelo, yo no hubiera probado”, dice ahora con cierto resentimiento en sus ojos. Por esas 24 horas que laboró, recibió 184 euros, que equivalen a 216 dólares o más de cuatro mil córdobas aproximadamente.

Pero a pesar de la atractiva paga, Zoila Herrera se deprimió tanto que no pudo trabajar durante dos meses y bajó 59 libras de peso. Después encontró un trabajo similar en el que cuidaba a una mujer de 91 años, con un salario de 850 euros. Esta vez tuvo suerte y tres meses después su patrona le aumentó el sueldo a 900 euros.

Ramón Jiménez, coordinador de OHLOS (Oficina de Hermanamiento Lasarte-Oria Somoto) reconoce que los salarios que se ofrecen en Europa son uno de los principales motores que empujan a los somoteños.

“Por ejemplo, una persona que allá trabaja de doméstica, gana 850 ó 1,000 euros, según lo que me han dicho. Esa cantidad equivale a casi 1,200 dólares, es una cantidad considerable comparada con el salario que ganan aquí, que una afanadora gana máximo 100 dólares. Lo que aquí ganan en un año, allá lo ganan en un mes”, comenta Jiménez.

“Y según los resultados que obtienen, la gente manda a traer a su familia, es una cadena”, añade.

Fue así que Zoila Herrera llegó a San Sebastián, invitada por su hijo y nuera. Pero después que su última paciente murió, Herrera no quiso aventurarse más. La humillación del primer trabajo le fue suficiente, así que decidió volver a su Patria con algunos ahorros.

¿Hay racismo? “Claro que sí, para mí fue algo muy duro que me dijeran que no me querían por gorda”, contesta inmediatamente.

Y ahora al racismo y la xenofobia que se vive en algunos países europeos, se le suman las nuevas medidas migratorias aprobadas por la Unión Europea y que hasta al menos en el 2010 se espera sean implementadas en los 27 países miembros.

El 18 de junio de este año el parlamento europeo aprobó la aplicación de la Directiva Retorno, que no es más que una serie de medidas que buscan disminuir el flujo de inmigrantes ilegales en suelo europeo, y de esta manera contrarrestar la crisis económica que está alcanzando también esta parte del mundo.

Se calcula que de los casi cuatro millones de extranjeros radicados en España, más de un millón son indocumentados. En este país la población extranjera se ha duplicado en los últimos años y cada vez más nicaragüenses buscan la forma para comprar un boleto con este destino.

Las reglas migratorias permiten que los nicaragüenses logren viajar sin visa, pero estando en el aeropuerto las autoridades se reservan el derecho para su ingreso.

En el 2005 se realizó un programa para tratar de legalizar a los inmigrantes de España. Como resultado de esto, se constató que los ecuatorianos son el grupo latinoamericano que más solicitudes presentaron, seguidos de los colombianos, bolivianos y argentinos.

Las reglas de la Directiva Retorno establecen que un inmigrante ilegal puede ser detenido con una simple orden administrativa, es por eso que muchos países y organizaciones en pro de los derechos humanos han rechazado esta medida, que permite además que las autoridades mantengan detenidas a estas personas hasta un máximo de 18 meses, sin importar su edad.

En el caso que no se logre identificar el país de origen, los inmigrantes podrán ser deportados a cualquier país, aún cuando se trate de menores de edad.

El 18 de febrero pasado Esperanza Herrera realizó su último viaje a España. Llevaba dos nietos que se reencontrarían con su familia, pero en esta ocasión recibió una nueva humillación.

“En el avión nos dijeron que si íbamos a hacer un vuelo interno que agilizáramos el trámite, pero esa vez ni siquiera nos dieron chance de llegar a la ventanilla, nos estaba esperando la policía”, recuerda.

Herrera junto a sus nietos de 10 y 9 años fueron llevados a un cuarto y luego fueron trasladados a una estación policial donde los mantuvieron detenidos durante dos días y dos noches.

“Si no hubiera sido por la gestión de la alcaldesa de Lasarte-Oria, Ana Urchueguía, hubiéramos aguantado hambre porque ni lugar donde cambiar euros había. Yo iba con una carta de invitación de la alcaldesa y les valió”, agrega.

Y entre sus recuerdos guarda memoria del mal trato que recibieron ella y los pequeños. “Me hicieron que me desabotonara la blusa, que me bajara el zipper del pantalón y yo les dije que yo no era ninguna persona que llevaba droga, que los drogadictos los tenían dentro del país. Nos mandaron a dormir en literas, hombres y mujeres juntos, no teníamos acceso ni para salir al baño, estábamos bien custodiados. Me botaron mi medicamento y unas rosquillas que llevaba me las tiraron a la basura. Y doy gracias a Dios que sólo nos tuvieron dos días, pero había un tico que tenía 15 días de estar ahí y no le daban nada de comida”.

A su regreso a Nicaragua, Zoila Herrera decidió que no volverá a viajar a España. Allá la vida es mejor, se trabaja más y se gana mejor, pero dice que no hay nada mejor que estar en su propio hogar.

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