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Los milagros de Spike Lee
Nadando contra la marea del cine convencional, Spike Lee es uno de los directores más jóvenes que idolatran en Hollywood, con apenas 51 años. Descendiente de esclavos, Lee cuenta en sus películas lo que muchos no quieren oír, como el olvido en el que quedaron los sobrevivientes del huracán Katrina, que arrasó Nueva Orleáns. Un verdadero apasionado por el cine, en esta entrevista muestra su lado combativo a favor de las reivindicaciones de los negros y la esperanza puesta en el triunfo del demócrata Barack Obama
Fabián W. Waintal
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Con la típica gorra de beisbol con las siglas de su querido Nueva York y una enorme camisa blanca con la negra imagen del candidato a presidente Barack Obama, Spike Lee demuestra sus opiniones, hasta cuando no habla. Así lo encontramos cuando lo entrevistamos en el canadiense Hotel Park Hyatt de Toronto, apenas después de haber estrenado la nueva película Miracle at St. Anna, en el prestigioso Festival Internacional de Cine. Y detrás de su original forma de pensar, opina abiertamente en cada respuesta, con el mismo polémico estilo que tanto influye su propio trabajo, con lo difícil que le resulta llevar sus ideas al cine.

¿Es verdad que alguien tan importante como usted tiene problemas para financiar sus películas?

No soy yo, el problema para hacer cine es siempre difícil para todos, cuando no se trata de un superhéroe de historietas o una versión cinematográfica de alguna serie de TV. Siempre es difícil llevar una historia original al cine. Y es lo que pasó con esta película, pero tampoco me quejo. Simplemente tuve que arreglarme con lo que había, tratando de conseguir más. Lo bueno es que fuimos a Europa y allá conseguimos la financiación con una distribuidora italiana que ya había distribuido otras de mis películas. El problema es el sistema de Hollywood donde te dicen que te dan algo si haces lo que ellos dicen. Yo tampoco había conseguido lo necesario para filmar la película que yo quería filmar. Por eso estoy muy frustrado con Hollywood y terminé viajando hasta Roma, para anunciar que igual íbamos a empezar la película, sin un euro en el bolsillo. Estábamos en el mes de julio y yo quería empezar en octubre. Parecía una locura juntar semejante presupuesto en tan poco tiempo, pero lo logramos gracias a los italianos. Es un verdadero milagro que la película se haya hecho. Ahora sí creo en milagros.

Hay una escena de Miracle at St Anna donde en cierta forma se queja por otras películas de guerra de Hollywood donde no mostraban ningún soldado de raza negra. ¿La polémica va más allá de la ficción o es sólo una simpática anécdota?

Es un error que viene desde las películas de John Wayne, donde siempre excluyeron a los nuestros y le pateaba el trasero a los nazis o los japoneses. Y en las películas de vaqueros mataba salvajemente a los indios. En una película de John Ford incluso dijo: “El único indio bueno es un indio muerto”. Es algo que tenemos que cambiar. Tampoco trato de matar a John Wayne, porque no fue su culpa, pero hay todo un género de cine, con las películas de guerra donde nosotros no estábamos incluidos. Y espero que Miracle at St Anna genere un cambio en ese sentido.

¿Le molesta que se cuestione el patriotismo afroamericano?

El patriotismo de la gente de raza negra ha sido cuestionado en nuestro país por cuatrocientos años. Hubo gente de nuestra raza en todas las guerras, incluyendo Vietnam y Corea. El primer norteamericano que murió en una guerra de Estados Unidos había sido un hombre de raza negra. Lo mataron los británicos, cuando estábamos peleando contra los ingleses. No es nada nuevo. Es fácil convertirse en héroe levantando un arma, cuando el país te ama. Y me parece mucho más patriótico cuando además ni siquiera podíamos votar. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados negros rezaban pensando que las cosas iban a cambiar después. Y cuando terminó la guerra, cuando bajaron en el puerto de Nueva York, en un barco que venía desde Inglaterra, lo primero que vieron era un cartel que decía “Soldados blancos por este lado-Soldados negros por este otro lado”. ¿Para qué peleamos? Luchamos la Guerra Civil, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la mayoría de los soldados de hoy en día son negros o hispanos. No precisamente por el patriotismo, sino porque la mayoría de ellos no puede conseguir otro trabajo. Por eso están en el ejército. Y aún así, la gente cuestiona el patriotismo de Obama. Nuestro patriotismo ya lleva 400 años, sirviendo un país que nos ha dado todo lo que nos merecemos. Amamos nuestro país, pero la mayoría de nuestros hombres están muertos.

¿Cree que las próximas elecciones cambiarán el país en forma dramática?

Creo que sí. Hay una escena en mi película, donde uno de los personajes dice: “Yo hago esto por mis hijos y mis nietos”. Es necesario ver a largo plazo para enfrentar algo tan tremendo como una guerra. Y creo que los Soldados Búfalo tuvieron su parte en la evolución que hoy trajo a Barack Obama, a través del Dr. (Martin Luther) King o John F. Kennedy y Malcolm X. Podemos seguir y seguir. Todo suma. Incluso cuando Jesse Jackson se postuló como Presidente en 1988, muchas cosas se acomodaron como para que Barack hoy pudiese ganar. Pero la gente no se da cuenta.

¿Y piensa que Obama ganará las elecciones?

Hay esperanzas. Tenemos esperanzas, las mismas esperanzas que nuestros ancestros tuvieron durante la esclavitud, sobreviviendo, yendo a la Iglesia, cantando canciones espirituales, rezándole al Todopoderoso, esperando que algún día podamos conocer al “elegido”, que algún día llegaremos a Él. Mi abuela vivió hasta los 100 años. Su madre era esclava cuando nació y sin embargo, llegó a tener un título universitario. Pero ella jamás imaginó que hubiese alguna posibilidad de tener a uno de nosotros como Presidente de los Estados Unidos. Te da una idea del movimiento que ha generado este país. Hay muchos jóvenes norteamericanos que no tienen la imagen que vivieron sus padres o sus abuelos. Fíjate la gente que pretende desmitificar el hip hop y sin embargo el 70% de los chicos blancos lo consumen igual, demostrando que no van a dejarse imponer por las ideas diferentes. Todas las encuestas que están saliendo, no creo que tengan en cuenta a esos chicos blancos que van a votar por primera vez. Todo tiene que ver con la esperanza y la oportunidad que tiene este país de concretar lo que nunca hicieron los padres fundadores. En las escuelas no lo enseñan, pero George Washington tenía esclavos. Thomas Jefferson, también. Es gracioso, pero si alguien puede demostrar que es descendiente de Thomas Jefferson, puede estudiar en la Universidad de Virginia, completamente gratis. Pero eso lo hicieron, mucho antes de que existiera el ADN (ríe a carcajadas). Ahora, tal vez puedan lograrlo de verdad, porque Jefferson hacía lo suyo con la corte de esclavas.

¿Y usted aprendió algo nuevo en medio de la investigación para filmar esta película sobre la intervención de los soldados de raza negra en la Segunda Guerra Mundial?

No me gusta decir que es una historia afroamericana. Estos hombre ayudaron a cambiar la historia mundial. Es una historia mundial en la que contribuyeron los nuestros. No sólo ayudaron a que Estados Unidos ganara la guerra, sino también ayudaron a liberar un país entero como Italia. Ayudaron a afectar la historia mundial. He aprendido mucho sobre la esclavitud o el movimiento de derechos civiles. Pero nuestros soldados afectaron los resultados de nuestro mundo entero. Tus hijos y mis hijos. Por eso, la historia es mucho más que una anécdota afroamericana.

¿Habló con algún sobreviviente de la historia que cuenta la película?

Conocí muchos sobrevivientes de la masacre de Santa Ana. Yo no los busqué. Estábamos en pleno rodaje, cuando me encontraba con todo tipo de gente que me contaba historias como éstas. Y me dio fuerza, demostrando que lo que estaba filmando realmente había pasado. Y filmamos en lugares donde los eventos realmente sucedieron. Filmamos en el mismo lugar donde el 12 de agosto de 1944, la división de nazis de la SS, habían asesinado 560 civiles inocentes, con una mayoría de ancianos y niños. Filmamos ahí mismo, durante dos días. Todos en el equipo de filmación podían sentir las almas que habían sido asesinadas. Para mí, sólo eso me inspiró y me empujó mucho más, para tratar de mostrar la verdad. Hubo gente que murió de verdad.

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