Adulación
En primer lugar, establezcamos un punto de consenso: sor Emilia merece ayuda del Estado para pagar la abultada factura de energía eléctrica del colegio María Mazarello y para tener una pensión que le permita vivir dignamente su vejez. Ése no es el problema. El asunto es que este Gobierno ha colocado la adulación como el más alto de los méritos. Entonces a uno le queda la sospecha de que la rápida solución a los problemas de sor Emilia le llegó por la adoración que mostró a la pareja presidencial y no porque se haya evaluado con justicia el aporte de su obra. Si no, hagámonos la pregunta del millón de pesos: ¿tendría sor Emilia en sus manos la pensión y las facturas pagadas si ese día en vez de piropos hubiese hecho críticas al Gobierno?
Lo bueno y lo malo
El otro problema es que nuevamente estamos ante “una buena obra a la que se llega por mal camino”. ¿Qué procedimiento utilizó el presidente del INSS para otorgar una pensión que ninguna ley le faculta? Bueno, se podrá argumentar, qué importan los medios si se consiguió el fin. Y podrían tener razón, si el propósito fuese siempre tan noble como la pensión de sor Emilia. Pero, de la misma forma en que se metió la mano en los fondos públicos sin reparar en la ley, así mismo pueden hacerlo para otros fines menos respetables. Por eso es que existen las leyes. Determinan qué se puede hacer y cómo se debe hacer.
Derecho de fe
Lo que sucedió el sábado en León marcará, a mi criterio, un antes y un después en la vida política del país. No fue un accidente. Esa violencia se ha venido cultivando con mucho esmero en el discurso sandinista y en los medios oficialistas. Toda la lluvia de epítetos contra cualquier cristiano que critique, más ese concepto enfermizo que sólo reconoce como “pueblo”, y por tanto sujeto de derechos, al que profese ciegamente el orteguismo, sirvió de plataforma para que un grupo de personas llegaran a considerar que le asiste el derecho de garrotear a aquellos que no son “pueblo” y, en el imaginario oficialista, culpables de los más viles pecados.
Pandilla
Y uno puede entender la reacción de gente fanatizada y llevada hasta el delito por el azuzamiento de un discurso desquiciado y desquiciante. Lo que da pena, por ejemplo, es escuchar decir a la ministra de Gobernación, Ana Isabel Morales, que los garrotazos son una “respuesta” justificada ante lo que ella considera provocación. Como alguien dijo por ahí: no se puede comparar al país con un barrio gobernado por pandillas, donde “incursionar en su territorio” le da derecho a la pandilla dominante de “reaccionar haciendo uso de piedras, palos, machetes y morteros”.
Boomerang
Todos conocemos la historia de Robespierre: comenzó decapitando y terminó decapitado. Así como ahora se pretende descalificar a Sofía Montenegro porque su hermano fue un oficial de la guardia somocista ejecutado en los últimos días de la insurrección, mañana los descalificadores podrían estar con su cabeza en la guillotina por las mismas razones. A ver si me doy a entender: así como se dice que las filosas críticas de Montenegro a la pareja presidencial son resultado de una venganza personal que incubó durante tantos años por la muerte de su hermano, igualmente se podría decir del mismísimo Lenín Cerna, por ejemplo, que fue ahijado del derrotado jefe de la seguridad somocista, general Samuel Genie.