Cuando Socorro Castillo descubrió en su rostro las primeras arrugas, ya superaba los 30 años. Pero notar en su frente las primeras líneas de expresión la preocuparon un poco, sabía que el envejecimiento comenzaba a amenazarla.
Según ella, es vanidosa como toda mujer, y comenzó a tratar de ocultar el paso de los años con cremas y mascarillas. Ahora ronda los 50 años y aunque la aplicación de las cremas ha rendido sus frutos, tampoco ha sido posible parecer como una mujer de 25; sin embargo, afirma que nunca se le ha pasado por la cabeza someterse a una cirugía para aparentar ser más joven.
Y es que al parecer el mundo se ha vuelto más superficial y la apariencia es crucial a la hora de proyectarse, tanto en el ámbito social como laboral. Es por eso que muchos recurren a la ayuda de la medicina estética para esconder los años que llevan encima.
Según un informe publicado en el sitio web de la Sociedad Americana de Cirugía Plástica Estética, en 2007 se practicaron más de 11.7 millones de cirugías cosméticas, sólo en Estados Unidos. Pero el deseo de permanecer jóvenes no es exclusivo de las mujeres; el cirujano plástico Otto Kiesler, afirma que en Nicaragua la demanda de tratamientos cosméticos ha aumentado en el público masculino.
“La mayoría son mujeres, pero hay muchos hombres que se hacen los párpados, que se inyectan botox o relleno y que se hacen reanimación o limpieza facial”, expresó.
¿ES UN PROBLEMA?
Marlene Saravia, docente y sicóloga del Consultorio Sicológico de la UCA, considera que puede estar influyendo la concepción que se tiene de la belleza y la experiencia que se ha tenido en cómo tratan a las personas mayores; además, porque el mercado laboral está demandando personas jóvenes.
Según la experta, no es un problema hacerse cambios, si por el trabajo se está expuesto a la gente o si se quiere conservar la imagen y hacerla atractiva al tipo de trabajo que se realiza.
Kiesler considera que no es una obsesión, sino que se está respondiendo a un mercado más exigente en cuanto a apariencia física y lo que la gente busca es la forma de verse más sano; por eso optan por comer más sano, hacer más ejercicios y estos métodos quirúrgicos vienen a ser auxiliares.
“Más que verse viejos, se ven cansados; las bolsas en los ojos y las arrugas dan una sensación de cansancio y menor vitalidad; y la gente busca cómo sentirse mejor y mejorar su desempeño”, explicó.
Sin embargo, Saravia considera que cuando la belleza o la juventud se vuelven una obsesión, hasta el punto de someterse a excesivas cirugías estéticas para modificar su cuerpo, es que en el fondo hay variables internas de una baja autoestima o inseguridad personal.
EL RELOJ NO RETROCEDE
Kiesler señala que una persona de 50 nunca va a parecer de 20, pero sí se va a ver una persona menos cansada , con mayor vitalidad y entusiasmo.
“La verdad es que cada década de la vida tiene su gracia, tiene su momento bonito; y uno debe ir aceptando los cambios con la edad, pero el hecho de que uno se haga un procedimiento de cirugía plástica no es que uno esté en contra del envejecimiento, sino que es una manera de querer sentirse bien”, apuntó.