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Sobre cartas y testimonios
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo. Fue presidente de la SIP
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La crisis tiene asustado a casi todo el mundo. Son muchos los que pierden, pero algunos están felices. Aunque sea por rebote, como sería el caso de la presidenta argentina Cristina Kirchner. Para empezar no afecta el crédito externo de su país; porque hace rato que lo perdieron.

Para los Kirchner el hecho de que las Bolsas se hagan bolsa, les viene bien porque resta importancia noticiosa y titulares a los problemas que hoy enfrentan y muy particularmente a todo lo concerniente al “caso de la valija”, donde cada testimonio complica más al matrimonio gobernante y a su caro amigo Chávez.

Precisamente, por estos días ha retomado actualidad una carta apócrifa, difundida hace poco más de un año, dirigida a Mauricio Macri, actual jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y atribuida a un reconocido periodista argentino. En la falsa misiva, conocida previo a las últimas elecciones, su oculto autor procuraba “convencer” a Macri para que no se presentara como candidato presidencial porque “desgraciadamente” tenía chances de ganar lo que significaría, según el corresponsal, “que deberá pagar los platos rotos del desastre de la (des) administración del Pingüino”.

En sus malos augurios, el escritor anónimo no se equivocó mucho. Más bien, se equivocó muy poco. Vaticinaba para el actual período de gobierno, el “máximo esplendor” para la crisis energética; una “inflación galopante” que situaba entre el 25 y 28 por ciento para el año y que habrán más argentinos que “quedarán por debajo de la línea de pobreza y en la indigencia”. También decía que “la tasa de interés va a crecer sobremanera”, que “los títulos públicos perderán buena parte de su valor y el riesgo país empezará a despegar como un cohete…”.

El espontáneo consejero de Macri le advertía que en una eventual presidencia suya, para “tener posibilidad de acceder al crédito internacional, deberá arreglar con los bonistas que se quedaron fuera del canje y con el Club de París”, y que, dado como Kirchner le dejaría la economía, sería imprescindible “un duro ajuste” que implicaría “achicar abruptamente el gasto público, eliminar los subsidios, incrementar brutalmente las tarifas y todo eso sin aumentar sueldos”.

Notoriamente el panorama que le presentaba a Macri, para que no disputara la presidencia, resultaba disuasivo. Por si fuera poco le hacía ver los problemas que iba a tener con los sindicatos y que debería liberar el mercado ganadero, con sus efectos en el “precio del asado” y de ahí, directamente en el ánimo de sus propios votantes.

De todas formas, le pedía “paciencia” al hoy gobernador de Buenos Aires, al tiempo que le infundía esperanzas: “Su momento llegará. Más rápido de lo que usted imagina”.

Según estimaba el autor de la carta apócrifa “buena parte de la ciudadanía se quiere sacar de encima a los K, no por una estricta cuestión económica, sino más bien, porque el peculiar estilo del dúo dinámico ya la ha hastiado”. “En consecuencia —recomendaba—, suena más inteligente esperar. Que la bomba nuclear le estalle en las manos a la Pingüina soberbia”.

No conforme con esos pronósticos el autor desconocido en la PD entra en precisiones y le dice a Macri que “su turno no será en el 2011” y le preanuncia que “piense más bien en el 2008” o “a más tardar, primer semestre del 2009”, porque, según su visión “inexorablemente el gobierno CK explota. De manera fea. Más espantosa que en el 2001”.

Es cierto que sin identificarse cualquiera hace predicciones, se siente Nostradamus y se da el lujo de lanzar insultos a diestra y siniestra. Tirar la piedra y esconder la mano resulta muy cómodo. De todas maneras, visto el presente, a más de uno le gustaría, hoy, atribuirse la autoría de esa carta.

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