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El odio fue más fuerte que el amor
Humberto Belli
El autor fue Ministro de Educación
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Un mes llevaban los CPC enarbolando mantas en las rotondas y proclamando que el amor es más fuerte que el odio. La campaña, organizada por Rosario Murillo a un costo financiero muy alto, parecía tener como objetivo convencer a los nicaragüenses del compromiso del gobierno con los ideales de fraternidad cristiana. Pero bastaron unos minutos, el día sábado, para que ante los ojos estupefactos de testigos y televidentes, militantes del FSLN leonés mostraran en vivo y a todo color el vigor del odio. Poseídos por la más rabiosa intolerancia, ellos atacaron, sin ningún amor, con palos, piedras y machetes, a los que pretendían ejercer el derecho constitucional de manifestarse, y hasta a la misma Policía, que tímidamente se protegía tras sus escudos.

Atrás quedó entonces el amor y la reconciliación de las rotondas, y las palabras de Rosario Murillo, proclamando que ellos no devolverían insulto por insulto. Pues si algo abundó en León, junto con la violencia física, fueron los insultos a los “traidores de la derecha, vendepatria, ladrones, y somocistas”, que tanto los militantes rojinegros, como el oficialista Canal 4, propinaron a sus opositores.

Ante tales acontecimientos no queda más que concluir, o que los rezos de las rotondas y los exhortos pacifistas de la primer dama no fueron escuchados, o que el operativo de las rotondas se trata de una gigantesca y costosa farsa.

Las evidencias disponibles, sugieren lo último. La furia de los militantes danielistas no fue producto de un exceso de pasiones populares, que la cúpula del partido no pudo frenar, sino algo avalado por sus medios y autoridades. El oficial Canal 4 elogió abiertamente la acción de los violentos, el candidato a alcalde de León por el FSLN se exhibió, garrote en mano, atacando a la Policía, y Lenín Cerna, brazo derecho de Ortega, quien también justificó los ataques, estuvo el día anterior en León coordinando con los CPC las acciones represivas.

Si Rosario Murillo fuese consecuente con su prédica de amor, después de los acontecimientos de León sólo tendría dos alternativas: distanciarse de los hechos, censurando a los responsables de su partido, o suspender la campaña de las rotondas. Si no hace ninguna de las dos cosas erosionará aún más su credibilidad. Pues, ¿podrá creer alguien, después de los acontecimientos de León, que ella o su partido tienen la más mínima sinceridad en sus proclamas de amor?

Continuar con la actual campaña de rezos por la paz, sin condenar lo actuado por sus militantes en León, será contraproducente para el FSLN, a menos que ellos menosprecien la inteligencia de los nicaragüenses y piensen que pocos notarán la incoherencia entre mantas y frases de amor, y la violenta intolerancia de las turbas de los CPC. Mantener esta farsa sólo servirá para exhibir a sus dirigentes como duales y cínicos y, desgraciadamente, para propiciar más odios.

Y esto es lo más preocupante de las últimas jornadas. Porque la dirigencia sandinista, en lugar de promover la genuina reconciliación entre los nicaragüenses, en lugar de unir o acercar, lo que está haciendo es ahondar divisiones y atizar odios que estaban en proceso de superación.

Lo que los nicaragüenses acaban de ver con claridad meridiana, es que el FSLN está en manos de una cúpula violenta, intolerante y antidemocrática, que promueve entre sus partidarios el odio hacia quienes perciben como adversarios. Actitud que demuestra además que sus protagonistas tienen terror a perder las calles y que están dispuestos a agredir y violar los derechos humanos que sean necesarios, a fin de impedirlo.

Con esta decisión estratégica del FSLN, de cerrar los espacios de protesta o manifestación cívica, la receta para más odios y para la sangre está servida. La oposición, que es mayoritaria y creciente, difícilmente se resignará a sufrir calladamente en sus casas la imposición de una nueva dictadura. Tarde o temprano saltará el vapor o la furia acumulada, como pudimos verlo en la inesperada explosión de La Paz Centro, y el país se abocará en una espiral de confrontaciones dolorosas. La atmósfera política del país se enrarecerá aún más, huirán más inversiones, se perpetuará la pobreza y estaremos de nuevo abocados a un nuevo ciclo trágico.

Ojalá recapaciten los dirigentes del danielismo antes de que sea muy tarde. Quizás se sientan actualmente muy seguros e impunes. Así se sintieron los Somoza García y los Somoza Debayle, cuando confiados en sus armas, sus recursos y sus amigos, desoyeron los reproches que se les hacían. ¿Querrán los Ortega Murillo seguir sus mismos pasos?

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