LA HABANA DEL ESTE/CUBA. - Cuando el huracán Charlie destrozó su apartamento, Marcía Escalona tuvo suerte, porque fue una de las pocas que consiguió vivienda temporal en las a fueras de La Habana, y las autoridades le prometieron ayuda para la reconstrucción.
Pero han pasado cuatro años, y la vivienda temporal ya no tiene mucho de temporal.
"Me dijeron que serían seis meses, pero eso fue en el 2004, y ya me quiero ir de aquí", dijo la maestra de 48 años quien vive con su esposo y su hijo de 22 años en dos habitaciones de concreto y bajo un techo que gotea en Bahía, un conjunto de residenciales temporales en La Habana del Este.
Hoy, cientos de miles de cubanos forzados a huir de sus hogares por los huracanes Gustav e Ike acompañan a Escalona en la espera por vivienda. Y el daño a la infraestructura, las cosechas y los equipos agrícolas son tan graves que el gobierno podría verse obligado a invertir en alimentos antes de la reconstrucción.
AÑOS EN REFUGIO
Gustav e Ike azotaron a Cuba ocho días uno después del otro en agosto y septiembre, matando a siete personas en Cuba y causando daños a casi medio millón de hogares. Mientras tanto, otros cubanos han tenido que esperar años o décadas en refugios transitorios para que el gobierno les dé vivienda.
Las víctimas de huracanes en países aun más pobres, como Haití, no podrían ni soñar con viviendas subsidiadas por el estado, ni siquiera temporales.
Y en Estados Unidos, tres años después del huracán Katrina, miles de familias de bajos ingresos siguen viviendo en casas transitorias debido a que la tormenta arrasó con las viviendas asequibles.
Las autoridades del Instituto de la Vivienda en Cuba están muy ocupadas con la reconstrucción y no están disponibles para comentar sobre el programa de viviendas transitorias, dijo una portavoz del gobierno. No hay cifras oficiales de cuántos cubanos ya estaban viviendo en las unidades temporales antes de la llegada de los huracanes Gustav e Ike.
Pero lo cierto es que las tormentas exacerbaron una crisis habitacional en este país de 11 millones de personas donde la vivienda escasea tanto que muchas parejas divorciadas se ven obligadas a seguir viviendo juntos.
En el 2005, las autoridades cubanas dijeron que había un déficit de 500 mil unidades, y desde esa época el problema se ha agravado.
Unas 450 mil viviendas resultaron dañadas y de ellas más de 63 mil son inservibles. Por lo menos 200 mil cubanos quedaron sin techo y el gobierno estima que cientos de miles más no han logrado conseguir vivienda temporal.
El gobierno comunista cubano controla casi todo el sector habitacional y la ciudadanía depende del Estado para reparaciones o construcciones nuevas, por lo que los que perdieron sus viviendas se ven obligados a aceptar lo que les dé el gobierno.
En Bahía, las viviendas transitorias contienen edificios como barracas, cada uno con 15 apartamentos en los cuales los residentes cuelgan sábanas para separar la cocina de la sala y de las habitaciones. Hay un centro de atención médica y casi todos tienen un televisor y un refrigerador, así como algo de los muebles de sus antiguas viviendas.
Hay lavaplatos e inodoros sin asientos, y frecuentemente escasea el agua. Se suponía que esas moradas serían usadas sólo por unas pocas semanas por lo que tienen mala ventilación y las habitaciones son calurosas y húmedas.
"Se me agotaron los nervios, mi presión arterial ha subido", se quejó Escalona. "Hace tanto calor que uno no puede ni respirar".
No hay mucho alivio al salir de la vivienda. Aguas cloacales se filtran en el césped entre las hileras de apartamentos, despidiendo un hedor y atrayendo mosquitos.
Como Escalona, Sara Peña vivía en el barrio Vedado de La Habana hasta que Charlie le arrancó el techo de su casa. A veces tiene que esperar varias horas hasta que llegue un autobús que la lleve a su antiguo vecindario, donde todavía trabaja y su hija va a la escuela. "Pero lo por lo menos tengo techo", expresó.