A pesar de estar en una campaña política de oración por la paz, los rezadores de las rotondas de Managua no quisieron pronunciarse ni hacer ningún llamado para evitar más actos de violencia como el ocurrido en León, donde presuntamente simpatizantes del Frente Sandinista agredieron a decenas de participantes de una marcha civil en contra del Gobierno.
“No nos han dicho que hablemos de ese asunto. Tal vez fueron los CPC (Consejos del Poder Ciudadano) de León, pero no estamos en contra de ellos”, dijo escuetamente Juan Francisco Zelaya, uno de los rezadores apostados desde hace más de dos semanas en la rotonda Rubén Darío, al ser consultado sobre la violencia en León.
Enrique Cortez Castillo, otro de los rezadores de la rotonda Cristo Rey, tampoco quiso pronunciarse en el caso, porque, según dijo, aún falta determinar quiénes fueron los causantes del conflicto.
“A veces uno sólo va pasando por el lugar (del conflicto) y sólo por eso lo culpan a uno, entonces habría que investigar bien si fueron los CPC o los sandinistas los que agredieron a los otros”, dijo Cortez Castillo.
eLLOS SIGUEN REZANDO EN LA ILEGALIDAD
Pese al desinterés en el tema de los enfrentamientos violentos provocados por grupos aparentemente de sandinistas, José Martínez, apostado en la rotonda La Virgen, aseguró que los rezadores continuarán en la toma ilegal de las rotondas para promover la paz entre todos.
Las personas apostadas en nueve de las rotondas de la capital insisten en estar ahí por voluntad propia, sin embargo, LA PRENSA confirmó que la manutención de la campaña gubernamental cuesta al menos cincuenta mil córdobas por día, costeados supuestamente por los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), manejados por la primera dama Rosario Murillo.
Recientemente el Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, explicó que la ocupación de las rotondas con pancartas, toldos, servicios higiénicos y equipos de sonido era ilegal, porque va en contra de los reglamentos municipales que regulan el uso de las áreas municipales y porque no hubo ninguna solicitud para que los rezadores estuvieran ahí de forma permanente.