La animosidad racial podría costarle a Barack Obama la Casa Blanca si la elección resulta reñida, pues un tercio de los demócratas blancos tienen opiniones negativas sobre los negros —a los que consideran “perezosos”, “violentos” y responsables de sus propios problemas— de acuerdo con un sondeo de AP-Yahoo News.
El sondeo, realizado con la colaboración de la Universidad de Stanford, sugiere que el porcentaje de votantes que quizá no se inclinen por Obama, debido a su raza, podría ser mayor que la diferencia final entre los candidatos en el 2004 —entre dos y punto y medio—.
Ciertamente, el republicano John McCain encara sus propios obstáculos: es aliado de un presidente impopular y sería el mandatario de más edad durante su primer mandato.
Empero, Obama tiene que lidiar con que el 40 por ciento de todos los estadounidenses blancos tiene por lo menos una opinión negativa de los negros, y entre ellos figuran muchos demócratas e independientes.
Más de un tercio de todos los demócratas blancos e independientes —sin cuyo voto Obama no puede llegar a la Casa Blanca— concuerdan por lo menos con un adjetivo negativo sobre los negros, según el sondeo, y se sienten mucho menos inclinados a votar por Obama que aquellos que no albergan esas opiniones.
Esas cifras son una dura dosis de realidad. Obama, el primer candidato negro con sólidas posibilidades de llegar a la Presidencia, aceptó la postulación demócrata en el 45 aniversario del discurso pronunciado por el activista Martin Luther King. “Tengo un sueño” (I Have a Dream), sobre el pleno disfrute de los derechos civiles por parte de las minorías raciales.
“Hay mucho menos intolerantes que hace 50 años, pero ello no significa que haya pocos intolerantes”, dijo el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford, Paul Sniderman, que ayudó a analizar el complejo sondeo.
LOS ESTADOS DECISIVOS
Los candidatos a la Casa Blanca han gastado cientos de millones de dólares en propaganda por el país, pero se lo podían haber ahorrado: la batalla estará ceñida a sólo un puñado de Estados, básicamente los mismos que hace cuatro años.
Así lo señalan las encuestas, que indican unos resultados muy ajustados entre los candidatos en una docena de Estados, conocidos como los “bisagra” y entre los que se encuentran, como en las últimas dos elecciones, el “triángulo maldito” de Ohio, Pensilvania y Florida.
A ellos se les suman tres Estados del Oeste —Colorado, Nevada y Nuevo México—, y tres del Norte —Michigan y, en menor medida, Wisconsin y Minesota—, además de Nuevo Hampshire y Virginia, en el Este, y Misuri, en el Centro.
El mapa electoral y las inclinaciones de cada Estado son importantes por el peculiar sistema electoral estadounidense, que adjudica una serie de votos electorales a cada Estado, según su tamaño y población.
Salvo contadas excepciones, el ganador en cada uno se lleva la totalidad de los votos del Estado y para lograr la Presidencia son necesarios al menos 270.
Según el analista Larry Sabato, de la Universidad de Virginia, en la actualidad McCain tiene de su lado, con un margen más o menos sólido, 227 votos electorales, frente a los 212 de Obama.
“Tras gastos de cientos de millones de dólares, todos los polémicos acontecimientos de los últimos cuatro años y una campaña maratoniana de dos años, es posible que el mapa electoral no se vea alterado radicalmente”, sostuvo el analista en su informe “Crystal Ball”.