Después de ilusionar corazones y derribar escepticismos en la primera mitad de la campaña, Vicente Padilla volvió a ser acorralado por las lesiones y su inconsistencia. Ahora, con sólo dos oportunidades pendientes, intenta rescatar una temporada que parecía llevarlo hacia el estrellato, pero que amenaza con convertirse en otro año frustrante
A la mitad del camino, Vicente Padilla se miraba tan agigantado que llegamos a pensar que podía tocar las estrellas. Parecía haber escapado a las lesiones que lo han atenazado en los últimos años, lo mismo que de los contrastes que han caracterizado sus aperturas.
Pensábamos que éste era el año de su graduación como pitcher estelar, dejando atrás al tirador inconsistente, que lucía más empeñado en imprimirle poder a sus disparos, que recurrir a la sabiduría para provocar desajustes. Iba viento en popa hacia la grandeza.
Su récord de 10-4 y 4.13 al concluir el mes de junio lo tenía como firme candidato al Juego de Estrellas. Se le consideró material atractivo para los Yanquis y Boston en el período de transacciones y los Rangers jugaban inspirados cada vez que subía a la colina.
“Aunque nunca me pongo metas en victorias, sólo deseo salir y lanzar bien, la verdad es que llegué a pensar que podía obtener unos 18 triunfos. Creía que lo lograba. Me sentía fuerte y saludable, y el equipo jugaba más suelto conmigo en el box”, reconoce Padilla.
Sin embargo, las lesiones lo estaban esperando como un enemigo que se agazapa en las entrañas listo para devorarte en el momento menos pensado. Y le pararon el ritmo. Lo sacaron del escenario y la súper campaña sólo quedó dibujada en nuestra imaginación.
LA PRENSA, que siempre está cerca de las necesidades de sus lectores, se ha trasladado desde Japón hasta Arlington, para conversar con Padilla sobre su actuación con los Rangers. A Vicente lo pescamos ayer, justo antes de moverse a la playa en su día de descanso.
LA MECÁNICA MALA
Parecías camino a una campaña grandiosa, ¿qué fue lo que lo impidió?
La mecánica se me desajustó y eso me provocó las lesiones. Mi brazo estuvo bien, pero la lesión en el cuello me generó mucho dolor y así no podía trabajar. Yo también pensé que éste sería un año tremendo, pero a veces suceden cosas que uno no puede controlar.
¿Las lesiones no vinieron como consecuencia de una mala preparación?
No, para nada. Éste es el año que más he trabajado en el entrenamiento. Ustedes vieron lo que hice en Nicaragua antes de venirme. Eso es poco con lo que hice en marzo. Yo pensé que nada me impediría lanzar al máximo. Al inicio de la liga, me sentía mejor que nunca.
En Nicaragua hay gente que cree que tus viajes constantes pudieron afectarte…
No lo creo. Allá o aquí, siempre mantuve la rutina en mis entrenamientos. Mientras fui a Nicaragua, corría en la playa o en mi finca. Hice bullpen. El problema fue la mecánica y aunque trabajamos con el coach, tardamos en arreglarla, pero ya me había lastimado.
¿Creés que hiciste todo lo que debías para tener un gran año con Texas?
Sí. Después de lo mal que fue en el 2007 (6-10 y 5.76) sentí vergüenza y decidí ponerle el mayor empeño al entrenamiento y a cada juego para reivindicarme, pero las lesiones no las controla uno. Hubiera querido lanzar mejor, pero no se pudo y ahora ni modo.
SIGUE EN LOS PLANES
¿Qué creés que piensan los Rangers de vos, estarán satisfechos con tu labor?
Casualmente ayer (el miércoles) tuve una reunión con el gerente general Jon Daniels y el mánager Ron Washington, y ambos me dijeron que vieron mi empeño este año, que saben que lo de las lesiones no es por falta de trabajo y que desean que siga en el equipo.
Ésa me parece una tremenda señal, aunque en el beisbol nunca se sabe, ¿no?
Así. Hoy estamos aquí, mañana no. Pero para mí fue importante saber que la gente que manda en los Rangers me considera un jugador útil y que sigo en sus planes. El gerente dijo que quiere que sea el número uno del equipo. Y yo no le tengo miedo a ese puesto.
¿Cómo percibiste el que no te cambiaran en el período de las transacciones?
La verdad, no lo sé. Siempre se me dijo que querían que siguiera en el equipo, pero todo el movimiento se dio cuando yo estaba lesionado. Así que no sé en realidad qué hubiera pasado si he estado bien. Lo importante es que sigo en Texas y yo me siento cómodo.
Andy Hawkins es tu nuevo coach de pitcheo, ¿extrañás a Mark Connor?
Sí. Después de tantos años, uno se acostumbra al estilo de trabajo de una persona. Fue el primer coach que tuve desde que subí a las Mayores, pero ahora con Hawkins nos hemos llevado bien. No es que seamos amigos, pero hablamos y nos entendemos.
RANGERS SE DESPLOMARON
Los Rangers parecía que podían competir, ¿qué fue lo que más los afectó?
Las lesiones. En momentos claves perdimos a jugadores valiosos como Milton Bradley, Kevin Millwood e Ian Kinsley. También fue grave perder a David Murphy, quien nos ayudó mucho. Así que creo que las lesiones nos impidieron hacer un mejor trabajo.
Hay expertos que consideran que lo peor fue el pitcheo, ¿qué creés vos?
Claro, eso también afectó. El pitcheo quedó en deuda con el equipo. La verdad es (que) aún con las lesiones, este equipo bateó bastante, pero si no fallaban los abridores, era el bullpen y así fue imposible ganar. Pero creo que si hemos tenido salud, la hubiéramos peleado.
¿Cómo se vivía en el clubhouse perder juegos en los que anotaron bastante?
Era triste. Nadie hablaba. Y uno no se acostumbra. Nadie quiere perder un juego aunque estés en una mala temporada. Todos los días salís con la idea y la misión de ganar, pero duele más perder cuando anotás 10 carreras y te hacen 11. Eso nos pasó bastante.
¿Creés que este equipo pueda ser mejor el próximo año?
Ésa es la meta, desde el dueño, el gerente, el mánager y nosotros los peloteros. Dice el gerente que se van a mover con tiempo para organizar todo y con algunas transacciones que se hagan, y los chavalos que se desarrollen, vamos a tener chance de pelear.
Con dos aperturas pendientes en esta temporada, el big leaguer nicaragüense Vicente Padilla aún mantiene la esperanza de poder empatar su récord personal de 15 victorias, establecido en el 2006, en su primera campaña con los Rangers.
“Vamos a ver qué se puede hacer. Ojalá gane los dos juegos que me faltan y pueda llegar a 15. Hacerlo sería tremendo después de todos los inconvenientes que he tenido, pero si llego a 14, pues también es una buen cifra”, considera el chinandegano.
Padilla ha aceptado esta temporada y todas sus alteraciones con la cabeza erguida y la mirada al frente. Al igual que todos nosotros, aspiraba a una campaña próxima a los 20 triunfos, pero ahora batalla por acercarse a los 15, con sólo dos chances.
“No estoy frustrado. He tomado lo que Dios me ha dado este año. Pero es claro que uno siempre quiere más. Lo único que me puedo hacer es tratar de ganar las dos aperturas que me quedan, y luego, pensar en el próximo año. Ya nada más podés hacer”, dice.
Antes de subir a la colina este sábado a las 6:05 de la tarde contra los Angelinos, Padilla tiene marca de 13-7 y 4.75, después de 27 aperturas. Llegó a acumular 10-5 y 4.70 antes del Juego de Estrellas, pero tiene sólo 3-2 y 4.88, tras el clásico de media campaña.
“El más interesado en ganar cada juego soy yo. Por esto me pagan. El beisbol es lo que ha cambiado mi vida y la de mi familia. Pero las lesiones, la falta de apoyo en algunos juegos o del bullpen en otros, eso no lo podés controlar”, explica el tirador pinolero.
Es tiempo de cerrar el diálogo. Padilla está sofocado por irse. Va para la playa a tirar una lancha. Promete que vamos a volver a vernos para hacer un viaje por su interior.