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Sistemas que funcionan y otros que no
Manuel F. Ayau Cordón
El autor es rector emeritus, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.
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Ciudad de Guatemala (AIPE) — Es evidente que ningún sistema de organización social puede evitar que los actos de algunos afecten los intereses de otros. Si alguien siembra mucho maíz, afectará el precio del mercado; si ocupa un espacio, priva a los demás de la oportunidad de aprovecharlo para sus propios intereses. Si alguien inventa algo, con ello afecta los intereses de quienes resultan desplazados. Si construye un puente afecta a los lancheros. Etcétera. Por eso, no afectar intereses de otros es imposible. Entonces, lo menos que podemos tolerar y lo más que podemos aspirar, para vivir pacíficamente con los cambios y ajustes que exige el progreso, es respetar los iguales derechos de todos. Es por eso que la igualdad de derechos excluye la igualdad de oportunidades.

Hay dos maneras de gobernar que, por su crucial importancia, merecen ser comparadas con ponderación, ya que a pesar de grandes avances en medicina, biotecnología, comunicaciones, electrónica y comunicaciones, la pobreza, la corrupción y la violencia hoy generalizada en todo el mundo (inclusive en países como Inglaterra) dependen de la forma de gobernar.

El primer sistema de gobierno consiste en dejar en libertad a la gente para hacer lo que quiera, mientras el gobierno (poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial) logre hacer respetar los iguales derechos individuales. Esos derechos que todos, inclusive los gobiernos, tendrían que respetar, incluyen la vida (la integridad física de las personas), la propiedad (libertad para disponer de lo suyo), su tiempo, la privacidad de su información, de sus comunicaciones y correspondencia, todo lo cual conlleva la obligación de cumplir y exigir el cumplimiento de obligaciones adquiridas sin coerción o engaño. Así, la gente vive por derecho y no por permiso, por lo que puede hacer todo lo que no está prohibido. Los reglamentos tienen como objeto la protección de derechos y no el logro de resultados específicos. Las personas confrontan limitaciones físicas, fisiológicas, de conocimientos y de las circunstancias de su entorno que surgen del igual ejercicio de la libertad de todos. El orden económico surge espontáneamente, guiado por las libres manifestaciones de las personas en su diario quehacer. A todo esto se le llama Economía de Mercado.

Bajo el segundo sistema de gobierno, la gente vive por permiso y no por derecho, por lo que puede hacer sólo lo que está permitido y reglamentado con el propósito de ordenar el comportamiento de la población para lograr finalidades que los gobernantes consideran prioritarias. Así, privan tales intereses sobre los derechos individuales. Quienes gobiernan fijan las metas y con sus leyes y reglamentos controlan e inducen a la gente a satisfacer los intereses oficialmente considerados como prioritarios, pero como la gente prefiere tomar sus propias decisiones, en el intento de evadir al gobierno se recurre a la informalidad, cuando el estorbo de las restricciones resultan muy costosas. Los gobiernos entonces suelen reaccionar aumentando inútilmente la severidad de las penas.

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