Campesinos y cooperativistas de toda Cuba comenzaron ayer a presentar solicitudes para recibir en usufructo tierras ociosas del Estado y ponerlas a producir, uno de los objetivos prioritarios del Gobierno que preside Raúl Castro y, tras los huracanes, una necesidad imperiosa para el país.
A lo largo de la mañana más de veinte particulares se acercaron a la delegación municipal de la agricultura de Bejucal, pueblo de la provincia de la Habana, para cursar sus peticiones, a pesar de que el reciente paso de dos huracanes en diez días había golpeado los cultivos de más de uno de ellos.
Quienes sean admitidos para recibir tierras tendrán que esperar entre 78 y 108 días, explicó la delegada del municipio, Maritza Rodríguez, quien, no obstante, señaló que hay instrucciones para que “se agilicen los trámites”.
La norma permitirá a todos los particulares que lo soliciten tener hasta 13.4 hectáreas de tierras (poco más de 18 manzanas), y hasta 40.3 (56 manzanas).
El plan busca poner a trabajar la tierra cultivable ociosa, hoy más del 50 por ciento del total, y es parte de una reforma que desarma la centralización de la agricultura, que ha primado durante décadas para traspasar a entes locales la misión de planificar y satisfacer sus propias necesidades.
El objetivo es disminuir la alta dependencia de alimentos del exterior que tiene hoy Cuba, que importa alrededor del 80 por ciento de sus necesidades.
Con al menos 700 mil toneladas de alimentos perdidas por los huracanes y problemas para abastecerse en los próximos meses por los daños en cientos de miles de áreas de cultivos, lo que ya era para Raúl Castro una cuestión de “seguridad nacional” ahora es de supervivencia.
Las autoridades reconocieron que con este proceso buscan reducir la importación de alimentos por 2 mil millones de dólares con tendencia a incrementarse, debido a las alzas en los costos del mercado internacional y subsanar los efectos del paso de dos ciclones (Ike y Gustav) que devastaron el agro.