Las pérdidas por 5 mil millones de dólares que dejaron los huracanes Gustav y Ike en Cuba, las peores de su historia, obligarán al Gobierno de Raúl Castro a reajustar una economía que ya estaba deteriorada, en medio de la preocupación de los cubanos por la inminencia de nuevas estrecheces.
Ayer, el Gobierno divulgó un informe preliminar según el cual los huracanes Gustav y Ike, que pasaron por la isla del 30 de agosto al 9 de septiembre, dejaron a su paso —además de siete muertos y 3.2 millones de evacuados— la mayor devastación sufrida en la isla, agravando dos de sus problemas más sensibles: la producción de alimentos y el sector de la vivienda.
Unas 444 mil casas dañadas (más de 63 mil derrumbadas en su totalidad), toda el área de café y caña de azúcar afectada, cientos de miles de hectáreas de arroz, plátano, frijol y tubérculos arrasadas, unas 700 mil toneladas de alimentos perdidos, siete puertos cerrados, redes de energía colapsadas y destruidos maquinaria agrícola e industrial, almacenes, escuelas y hospitales, son algunos de los datos ofrecidos ayer por el Gobierno cubano.
Ante la magnitud de la catástrofe, reconoció el informe oficial, será necesario el “rigor” y la “racionalidad” en “el inevitable reajuste de programas y planes económicos y sociales a que nos obliga la primera prioridad de hoy: recuperarnos”.
Economistas y observadores advierten de los efectos a mediano y largo plazo, en una economía ya afectada por la baja producción, la burocracia, el desvío de recursos para el mercado negro, el despilfarro, el desestímulo laboral, los precios del petróleo y la crisis de alimentos.
CRISIS EN LA PRODUCCIÓN
Esto es “sin discusión, un golpe brutal. Lo que se ha perdido es un 10.5 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto) y el año pasado la economía creció un 7.5 por ciento. Por los huracanes este país perdió más que lo que agregó a la producción en todo un año”, dijo el analista Ariel Terrero.
El experto dijo que, además de las pérdidas, la economía “perdió el ritmo”, “se paralizó” por los ciclones, por lo que reactivar algunos sectores como la agricultura llevará mucho tiempo.
Como primera medida, el Gobierno de Raúl Castro empezará hoy la entrega de tierras ociosas a manos privadas, ya prevista en la reforma agrícola que emprendió este año, pero ahora bajo el llamado urgente de producir alimentos tras los ciclones, en un país cuya superficie agrícola está subutilizada en un 50 por ciento.
Según el economista Oscar Espinoza y otros disidentes, los ciclones “agravan una situación económica que era ya desesperada” y ahora “urgen reformas para que la población tenga alguna confianza en el futuro”.
EXIGEN CAMBIOS
Raúl Castro creó expectativa al anunciar “cambios estructurales” en julio de 2007, y sobre todo cuando, tras asumir formalmente la Presidencia en febrero, mejoró el transporte y quitó las prohibiciones para que los cubanos se hospedaran en hoteles, tuvieran teléfonos celulares o compraran computadoras.
Pero en julio pasado anunció un ajuste, pidió ahorrar y producir más, un apretón de cinturón que cayó como agua fría a muchos cubanos que esperaban más cambios, como la eliminación de los permisos de viaje o apertura a la iniciativa privada.
“Ya no caben más dilaciones. Se imponen reformas radicales en este sistema que tiene paralizada la economía, que permitan a los cubanos tener negocios y abrirse a la inversión extranjera”, opinó Espinoza.
Raúl Castro eliminó el igualitarismo y el techo en el salario para estimular la productividad; pero había advertido que por ahora no puede aumentar los salarios —de 17 dólares en promedio—, que los cubanos estiman no alcanza para nada pese a que gozan de subsidios.
“Ahora quedamos peor. Lo que viene va a ser muy fuerte. Hemos retrocedido años de años”, dijo afligida un ama de casa en un mercado agrícola de La Habana, desabastecido y “ya por las nubes”, se quejaba.
Por lo pronto, ayer EE.UU autorizó licencias de “ventas agrícolas” a Cuba por 250 millones de dólares, que incluye alimentos y madera para la reconstrucción, como ayuda ante la emergencia por los huracanes.