Las 7:45 p.m. Decenas de personas aguardaban con ansiedad la llegada del nuevo campeón mundial en las 105 libras de la AMB, Román “Chocolatito” Gónzalez.
El aeropuerto internacional era abarrotado por los habitantes del populoso barrio La Esperanza. Ricardo Membreño, un joven de 17 años, se puso su mejor ropa para recibir a su vecino, el “Chocolatito”. Su cabello lucía brillante y vestía camisa manga larga, “para que no se me miren los tatuajes”, decía.
Membreño, al igual que sus amigos, estaba emocionado, envuelto entre la impaciencia y la alegría de saludar al campeón pinolero.
Nunca lució tan lleno el aeropuerto y con tanta gente alrededor, parecía una confusión total. De repente unos hombres vestidos de charro mexicano salieron de una camioneta gris.
Raquel Doña, la mujer que le roba el suspiro a Román, lo llegaba a recibir con una serenata.
Las guitarras sonaron y la trompeta, con un tono afinado y una voz aguda cantó: “Soy puro pinolero”. Las banderas azul y blanco se agitaron, dentro y fuera del aeropuerto.
“Estoy emocionada, amo a Román, tengo un hombre que vale más que el oro”, expresó Raquel felizmente.
El vuelo del “Chocolatito” llegó en punto de las 8:00 p.m. Y allí, en la zona VIP, estaba la madre de Román. Los ojos de Doña Liliam Luna se tornaron llorosos. Un fuerte abrazo y un beso fue el momento de la fotografía. La familia González estaba reunida. La pequeña Litzi besó en la mejilla a su papá y lucía orgullosa en los brazos del campeón mundial.
Mientras esta escena ocurría, en las afueras del aeropuerto una flotilla grande de motociclistas anunciaba con el estruendo de los pitos la llegada del “Chocolatito”.
Las banderas rojinegras del partido sandinistas fueron mezcladas con bandera patriótica azul y blanco, en una confusión de politiquería y sentimiento nacionalista. Román se acercó a la ventanilla de la zona VIP, portaba la bandera nacional y saludó al público, que ya no sólo era gente del populoso barrio donde habita, también se unieron curiosos, hasta extranjeros que quisieron ver al campeón.
“¡Chocolate, Chocolate!”, se exclamó con fuerza. La gente recibió a Román González como un héroe nacional. Ahora el país tiene una razón más para celebrar.