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Noticias >> Domingo
Ernesto Sábato: entre la razón y la intuición
Alejandro Serrano Caldera
El autor es filósofo y escritor nicaragüense
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Releyendo los ensayos de Ernesto Sábato y recordando algunos pasajes de sus tres novelas El túnel, Entre héroes y tumbas y Abadón el exterminador, veo en su obra el patético desgarramiento del escritor y el ser humano que oscila entre las realidades inmediatas de la vida y las profundidades de la angustia que brota ante la certeza de la finitud y el ansia irrefrenable de eternidad.

Su obra toda, como en muy pocos escritores y artistas, es testimonio viviente del drama metafísico de la vida, en el que resalta desde el inicio la tensión entre lo que es y lo que quisiéramos que fuese, entre los anhelos de la posibilidad sin límites y los muros de los límites de la posibilidad.

“Sé lo que eres”, decía Píndaro, afirmando de esa manera la presencia originaria de una naturaleza o esencia, de la sustancia aristotélica, que es el ser mismo, el que para no traicionarse debe hacer su vida conforme a esa condición primaria e inherente, de forma tal que la existencia sea el proceso a través del cual se despliegue esa esencia constitutiva del ser.

Frente a esa formulación metafísica, el Existencialismo, y particularmente, Jean Paul Sartre, sostienen que la existencia es anterior a la esencia, pues el ser humano no es una esencia que se desarrolla a lo largo de la vida, sino que ésta, la existencia, es la verdadera causa, y naturaleza del ser que no es más que la suma, o mejor, la síntesis de sus acciones.

Sábato señala la interacción del sujeto con el medio histórico y sociológico concreto en el que transcurre su existencia Esta unidad existencial y fenomenológica entre el “yo” y el mundo conlleva la afirmación de que el ser humano surge de la relación con el mundo, con el otro, con los otros, por lo que la conciencia individual y subjetiva no es otra cosa que un tejido de relaciones entre el sujeto y el medio en que se desenvuelve. Esto se viene diciendo desde aquella famosa sentencia que nos llega de los griegos, cuando Aristóteles expresaba en forma categórica que “el hombre es un animal político”, es decir, un animal social.

La obra de Sábato, sin descuidar esta línea de pensamiento que en la filosofía y en la ética se denomina intersubjetividad y socialidad del ser, profundiza, y diría de manera prioritaria, lo que me atrevería a llamar la metafísica del subconsciente, de la que brotan la angustia, la incertidumbre, el miedo y la desesperanza que torturan el sombrío corazón humano.

Es ahí en donde su obra se entrelaza con Freud, Dostoievski, Kafka, Nietzsche, Baudelaire, y tantos otros, escritores, filósofos y artistas que sienten que las grandes preguntas surgen desde las oscuras profundidades del alma, en donde las luces de la razón no pueden iluminar sus sombras ni desvanecer sus fantasmas.

Es ahí donde el arte brota como imperativo metafísico en el que el ser humano construye la realidad alternativa para alojar sus sufrimientos y reconstruir sus esperanzas, porque el arte nos da lo que la realidad nos niega. Es en ese momento en que la obra de arte transforma la naturaleza exterior en un reflejo del alma del artista, pues en cada hoja, en cada nota, en cada palabra del poema vive, muere y vuelve a vivir el alma del artista. Conocidas son sobre este tema sus referencias a Van Gogh y a la Sonata Patética de Beethoven.

La novela es paradigmática en esta relación entre la obra de arte, la realidad del mundo y la sombría conciencia del artista que se entremezcla y tropieza con los escollos de la realidad circundante. Dostoievski en Los hermanos Karamazov y Crimen y castigo, y Kafka en El proceso, son referentes básicos de esa relación tripartita entre el mundo exterior, la conciencia y el inconsciente que sobreviven entremezclados y confrontados entre sí.

La obra de Sábato nos relata la lucha constante entre las condiciones contradictorias del ser humano: animalidad y racionalidad, desesperanza y esperanza, finitud y ansias de eternidad e infinito. “Al incorporarse sobre las dos patas traseras, nos dice en Apologías y rechazos, un extraño animal abandona para siempre la felicidad zoológica para inaugurar la infelicidad metafísica: descabellada ansia de eternidad en un miserable cuerpo destinado a la muerte”.

No obstante el pesimismo de su obra, hay momentos en los que rescata la esperanza, pues si para Sartre la angustia es la prueba de la nada, con el mismo rigor filosófico podría decirse que la esperanza es la prueba del alma. Y en este sentido cita a Gabriel Marcel cuando éste dice: “El alma no es más que por la esperanza; la esperanza es, tal vez, la tela misma de que nuestra alma está formada”.

El pensamiento y la intuición de Sábato, su ilusión y su desesperanza lo llevan a expresar su desolación por el “hombre” de nuestro tiempo enajenado y deshumanizado por la revolución “tecnolátrica”. Al desgarramiento que sufre el ser humano de nuestro tiempo transformado de fin en medio de los propios objetos de su creación, se unen la indiferencia ante el destino del mundo y la ausencia de solidaridad y fraternidad en un mundo dominado por el egoísmo, el utilitarismo y la sed irrefrenable de poder y riqueza.

Es por ello que en Hombres y engranajes nos dice que “Es necesario comprender que el hombre no es sólo irracionalidad, sino también racionalidad; que no solamente es instinto, sino también espíritu. ¿O vamos a renunciar a los más grandes atributos de la raza humana justamente en nombre de su regeneración?

Vivimos el momento en que es necesaria una nueva síntesis. El que no comprenda esta necesidad no podrá comprender a fondo los problemas del hombre de nuestra época”.

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