Pintura que inmortaliza la célebre Batalla de San Jacinto, con la escena de Andrés Castro derribando de una pedrada a un invasor. /Fotos de La Prensa/Cortesía
Así fue la Batalla de San Jacinto
Por Francisco Barbosa Miranda(*)(*) Coronel Francisco Barbosa Miranda, Jefe del Centro de Historia Militar del Ejército de Nicaragua y miembro de la Academia de Historia Militar de El Salvador.
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Hoy se conmemora un aniversario más de una de las principales gestas históricas del país, que contribuyó con la expulsión de los invasores en 1857. Domingo presenta este ensayo sobre cómo fue aquel hecho histórico

La conocida Guerra Nacional de 1854-1857 se ha dividido en tres etapas. La primera refiere a sus antecedentes inmediatos, que dieron inicio en 1854 como una guerra entre los partidos políticos tradicionales, legitimistas y democráticos, por el control del poder en Nicaragua. La segunda etapa comprende la usurpación del filibustero William Walker en 1855 y la tercera es la Guerra Nacional Antifilibustera, que comienza a partir del 12 de septiembre de 1856 con la firma del acuerdo de paz entre legitimistas y democráticos, y su decisión de combatir junto con los demás ejércitos centroamericanos a los invasores que se habían apoderado de Nicaragua.

En este contexto tuvo lugar la Batalla de San Jacinto el 14 de septiembre de 1856, cuya relevancia no está dada por el elemento estrictamente militar. Su importancia en la historia de Nicaragua y Centroamérica se manifiesta desde el punto de vista político, moral y de la dignidad nacional. La gesta de los héroes de San Jacinto fue la primera derrota del filibusterismo después de la unidad nacional, demostrando que ellos no eran invencibles y que el arrojo y valentía de los nicaragüenses superaba las limitaciones materiales de la contienda.

El ejemplo del coronel José Dolores Estrada en la acertada dirección táctica de la batalla, de las acciones heroicas de Andrés Castro y demás oficiales y tropas, fueron hechos que despertaron un reconocimiento nacional e internacional. Para los filibusteros, esta derrota fue el inicio de un proceso que culminaría en su capitulación el 1 de mayo de 1857.

Según William Walker, para finales de 1856 su Ejército había alcanzado la cantidad de 2,000 hombres. Tenían su Cuartel General frente a la Plaza de Granada, así como el Primer Batallón de Rifleros y un almacén de intendencia. Las demás unidades de combate estaban ubicadas de la siguiente forma: el Segundo Batallón de Rifleros en Tipitapa, al mando del coronel McDonald; un Batallón de Ingeniería Ligera en Masaya, bajo el mando del coronel McIntoch; una Compañía de Rifleros al mando del mayor Walter, en Managua; y dos compañías en Río San Juan, con el teniente coronel Ruder. El armamento utilizado por los filibusteros eran rifles Sharp, Minié y Mississippi, revólveres Colt y artillería ligera como morteros, cañones y obuses.

A finales de julio de 1856 el coronel Fernando Chamorro armó una columna de un centenar de hombres y se la confió al coronel José Dolores Estrada con la misión de dirigirse a los llanos de Ostócal, cerca de Tipitapa, para impedir el robo de ganado y el abastecimiento con alimentos de las tropas filibusteras ubicadas en Managua, Tipitapa y Granada. Sin embargo, en las instrucciones entregadas al coronel Estrada se hacía énfasis en evitar enfrentamientos con las fuerzas de Walker a no ser “que les cortaran la retirada”.

Los nicaragüenses llegaron a San Jacinto el 9 de agosto. San Jacinto era una hacienda de ganado ubicada al nordeste de Tipitapa, propiedad de don Miguel Bolaños. Pero fue hasta el 1 de septiembre, con la captura y fusilamiento de un prisionero yanqui, que tuvieron noticias sobre la preparación de las tropas filibusteras para el ataque a los nacionales en los llanos de Tipitapa. Entonces el coronel Estrada, junto con sus oficiales y tropas, decidió hacer frente a los filibusteros y organizar la defensa, tomando en cuenta las características del lugar, la cantidad de tropas, el armamento y las municiones que poseían.

El coronel Estrada, haciendo uso de su intuición y experiencia militar, solicitó al mando del “Ejército del Septentrión” refuerzos de tropas, que llegaron el 11 de septiembre integradas por una compañía de 66 indios flecheros de Matagalpa. Se iniciaron algunos trabajos de preparación del terreno para resistir un ataque de fuerzas mayores, principalmente en la dirección sur de la casa. Estrada organizó sus 160 hombres en tres compañías, con las cuales planificó la organización de dos cercos defensivos: uno interno alrededor de la casa y el otro externo en la línea de los corrales de piedra y madera.

Al mando de las tropas filibusteras de Tipitapa se le había informado que el 1 de septiembre tropas nicaragüenses en los alrededores de la hacienda San Jacinto habían capturado un yanqui y que además ocupaban la casa-hacienda, por lo que el coronel McDonald y el capitán Jarvis, con una tropa de 40 filibusteros, decidieron atacarlos. En las cercanías de la casa-hacienda encontraron una férrea resistencia que después de dos horas de combate los obligaron a retirarse, teniendo como resultado de parte del enemigo seis hombres muertos, incluyendo al capitán Jarvis, la captura de 14 rifles, 4 espadas y 15 bestias. Los nacionales solamente tuvieron un herido, el oficial Carlos Alegría, y un muerto, el cabo Justo Rocha.

El coronel McDonald informó al Cuartel General de los filibusteros sobre la situación de sus tropas y la necesidad de realizar un ataque con fuerzas mayores. Por ello Walker aprobó la conformación de una columna que incluía en su mayor parte voluntarios de Granada y Masaya, quienes estaban licenciados del ejército filibustero. La columna llegó el 13 de septiembre a Tipitapa, donde se integró el coronel Byron Cole, quien asumió el mando junto a Marshall y O’Neal, y se dispusieron de inmediato a planificar el ataque y a dirigirse hacia su objetivo: la hacienda San Jacinto.

Las tropas de Byron Cole llegaron a San Jacinto el domingo 14 de septiembre a las cinco de la mañana, dividiéndose en tres columnas: la primera bajo las órdenes del teniente Robert Milligan, que atacó el flanco izquierdo del corral de madera; la segunda, al mando del mayor O’Neal, que avanzó por el frente; y la tercera, del capitán Watkins, en la dirección del flanco derecho, donde se unía el corral de madera con el cerco de piedra.

El coronel Estrada, informado del avance de las tropas filibusteras, ordenó abrir fuego hasta que el enemigo estuviera cerca de las fortificaciones. Ejercía su mando desde el centro de la hacienda y había distribuido a sus oficiales y tropas de la siguiente forma: en el flanco derecho las tropas de los tenientes Alejandro Eva, Miguel Vélez y Adán Solís; en el centro, la compañía del capitán Francisco Sacasa; y en el flanco izquierdo, al oficial Ignacio Jarquín, apoyado por los oficiales Salvador Bolaños y Venancio Zaragoza.

El coronel Byron Cole dio la orden de ataque, de tal forma que las tres columnas iniciaron sus acciones al mismo tiempo con el fuego de sus rifles y revólveres, siendo rechazados por el fuego y la valentía de los nicaragüenses, quienes estaban en desventaja ante la superioridad del armamento filibustero. Los nicaragüenses se defendían con rifles de chispa con escasa munición y los filibusteros, en cambio, utilizaban fusiles de repetición y revólveres.

Después de las primeras horas, los combates se hicieron cada vez más fuertes y sangrientos, imponiéndose la lucha cuerpo a cuerpo. Las fuerzas filibusteras lograron romper la defensa del flanco izquierdo, ante lo cual el coronel Estrada maniobró con las tropas y los oficiales Vélez, Eva y Solís para reforzar esta posición. La lucha era tan violenta y a falta de municiones, muchos siguieron el ejemplo de Andrés Castro, quien derribó a un filibustero de una certera pedrada. Pero la situación era crítica para los nacionales. Las columnas filibusteras iniciaron un reagrupamiento para concentrar sus esfuerzos principales a las 10 de la mañana, cuando habían roto el cerco de defensa.

Ante esta situación, Estrada tomó la iniciativa y decidió enviar al capitán Liberato Cisne, al teniente José Siero y al subteniente Juan Fonseca con sus escuadras, quienes atacaron por la retaguardia a los filibusteros, haciéndolos huir en retirada con dirección a la hacienda de San Idelfonso. El capitán Bartolo Sandoval y el teniente Miguel Vélez, montados en bestias capturadas, realizaron la persecución junto con otros soldados que iban a pie. Esta acción fue tan violenta que el sargento Francisco Gómez cayó muerto de fatiga. Sin embargo, producto de la persistencia de los nicaragüenses en lograr una contundente victoria, pudieron dar muerte al jefe de la tropa filibustera Byron Cole.

Los resultados de la batalla de cuatro horas se reflejaron en el parte oficial firmado por el coronel Estrada, teniendo los nicaragüenses 28 bajas entre muertos y heridos; y el ejército filibustero 27 muertos, habiendo capturado 20 bestias, 25 pistolas, 32 rifles Sharp, 47 paradas, chamarras y sombreros.

La Batalla de San Jacinto tuvo una influencia determinante en la conciencia de los patriotas nicaragüenses y centroamericanos. El mérito fue de todos los participantes, de los cuales muchos continuaron hasta la expulsión definitiva del filibusterismo en 1857. El coronel José Dolores Estrada, por sus relevantes méritos y especialmente por las acciones de San Jacinto, fue ascendido el 25 de junio de 1857 al grado de General de Brigada.

Para el humilde patriota, el militar José Dolores Estrada, la Batalla de San Jacinto fue un paso más en el cumplimiento del deber como ciudadano nicaragüense en su lucha de resistencia contra el expansionismo filibustero esclavista en Centroamérica.

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