No es noticia decir que en Nicaragua hay demasiados pobres. Tal vez sí es noticia decir que hay demasiados pobres diablos, y lo triste de todo es que tal combinación es perfecta para que un grupo de inescrupulosos haga con esta sociedad lo que le dé la gana. Tal como lo están haciendo.
Lo de los pobres se puede entender. Hay muchísima gente pobre en este país con escasa educación que está siendo manipulada terriblemente. El ejemplo más claro es el de las rotondas, donde se está llevando a “rezar” a muchas de las personas que tienen años de permanecer frente a la Asamblea Nacional alegando que son víctimas del veneno Nemagón.
Si había que ser insensible para estar en el Gobierno o ser diputado en tiempos de los hoy llamados gobiernos “neoliberales” y no darle alguna respuesta a esta gente, hay que ser un verdadero monstruo para manipularla de la forma en que lo están haciendo ahora.
El “gobierno de los pobres”, el “pueblo presidente” tiene la desfachatez de mantenerlos ahí y usarlos en las rotondas a cambio de un plato de comida, teniendo la capacidad de resolverles, sobre todo si se llenan la boca diciendo que todo lo hacen por los pobres, pero la verdad es que para ellos no son más que “masa” que mueven de un lado a otro y la mantienen con, literalmente, un plato de arroz.
Hay otros pobres que tienen un nivel intelectual mayor, pero siendo pobres tienen que trabajar para sobrevivir. Aquí el trabajo no abunda y se ven obligados a bajar la cabeza, hacer lo que les dicen a por un salario. Eso aunque menos entendible todavía se justifica. ¿Qué puede hacer un pobre hombre o mujer cabeza de familia que tiene que alimentar a sus hijos y el único trabajo que le ofrecen es repetir las consignas y los insultos oficialistas?
Algunos me dirán que eso no sólo sucede en el oficialismo sino que el mismo caso se puede dar entre los empleados de LA PRENSA. Cada quien es libre de creer lo que quiera.
Pero hay un tercer grupo, que no son pobres, pero desgraciadamente sí están demostrando ser pobres diablos. Gente que tiene la posibilidad de pararse, de decir hasta aquí. De detener los abusos que este gobierno del compañero comandante pueblo presidente Daniel está haciendo, o por último salvar su dignidad pero optan por bajar la cabeza, ver a otro lado, buscarle la vuelta a los argumentos para justificar su inanición y cuando mucho critican calladito, cubriéndose la boca y abriendo los ojos hasta casi expulsarlos de sus órbitas buscando que no haya nadie cerca que los pueda “quemar”.
Este tercer grupo es el más triste de todos. Los pobres diablos están en todos los ámbitos y están paralizados por el horror. Los más “valientes” se quedan sólo viendo cómo las hordas del danielismo destruyen al otro. Los más pusilánimes hasta buscan una justificación.
Y vemos cómo todos los pobres diablos se van acomodando. Al final van a convivir con la dictadura mientras preparan su transición al danielismo o van buscando otro lugar donde vivir, pues aquí sólo va a quedar lugar para los danielistas y punto.
La semana pasada no escribí esta columna y no lo hice precisamente porque estaba pensando si vale la pena estar escribiendo babosadas que sólo le pueden ganar a uno problemas. Hoy la vuelvo a escribir. No me gustó sentirme como un pobre diablo.