Mucho se habla últimamente sobre la crisis alimentaria que a nivel mundial atravesamos los seres humanos. Los programas de gobierno, ayudas de organismos multilaterales, campañas educativas, y medios de comunicación se enfocan en básicamente dos direcciones: alternativas de asistencia a los más afectados por la crisis o programas para que la producción de los alimentos aumente. Ambas estrategias dirigidas lógicamente a que más alimento llegue a las mesas de los consumidores o a bajar los precios de dichos alimentos.
Poco se ha hablado, sin embargo de una tercera solución. Los problemas que enfrentamos los seres humanos hoy en día no son nuevos, ni nuevas son sus soluciones. Acordémonos del viejo Testamento, de los siete años de vacas flacas que azotaron a Egipto y que bajo la sabia administración de José logró superar luego de haber almacenado suficiente grano durante los siete años de vacas gordas. La pregunta lógica en este caso es: ¿Cómo logró José almacenar suficiente grano para alimentar a todo Egipto por siete años sin que el alimento se dañara? Unos investigadores de la universidad de Bar-Llan en Israel, acaban de hacer un descubrimiento que según ellos fue el secreto del éxito de la gestión de José en el gobierno de Egipto. Los investigadores descubrieron un grano de trigo de hace 3,500 años y dentro del grano un gorgojo quemado. Según ellos, el éxito de José fue el conocimiento que tenía sobre el manejo integral de plagas. Aparentemente, José además de los sistemas de almacenes descentralizados, mezclaba el trigo con arena fina para que la capa protectora del gorgojo se raspara al moverse buscando del grano y así perdía su capacidad de almacenar agua y simplemente el insecto se deshidrataba.
Para ponerlo en perspectiva actual, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice que si pudiéramos reducir los daños en la producción de granos causados por las plagas en un 50 por ciento, tendríamos suficiente alimento para abastecer a toda la población mundial, no por siete años cómo José en Egipto, sino permanentemente. Esto quiere decir que realmente producimos el doble de lo que necesitamos, pero el alimento lo estamos perdiendo en gran medida a causa de las plagas.
Alrededor del 80 por ciento de todo el alimento humano viene directa o indirectamente de los granos tales cómo: maíz, cebada, mijo, arroz, centeno, sorgo, trigo, y legumbres como frijoles, soya, maní, etc. El daño que causan las plagas a estos productos se da desde la siembra hasta la mesa del consumidor final recorriendo todos los canales de comercialización. El manejo inadecuado de los granos y sus derivados producen pérdidas que no pueden ser recuperadas.
No propongo que empecemos a llenar los sacos de maíz, frijoles y arroz con arena, cosa que sería ridícula pero sí podemos tomar el ejemplo de lo que hace una buena planificación de Gobierno. Me refiero a que al mismo tiempo en que impulsamos programas que ayuden directamente a los consumidores a adquirir el alimento y que los productores aumenten la producción, podemos impulsar un verdadero programa de manejo integrado de plagas dirigido específicamente a los alimentos básicos para los nicaragüenses.
Usemos el ejemplo de José, quien con la sabiduría que Dios le dio logró en tiempos bíblicos tener un verdadero plan “Hambre Cero” a través del uso racional de la tecnología disponible y atacar todos los frentes: producción, almacenamiento, manejo integrado de plagas y distribución de alimentos. Si él fue capaz de alimentar a todo el pueblo de Egipto por siete años, impidiendo que las cosechas abundantes de la época de vacas gordas se las comieran los gorgojos, creo que nosotros también podemos.