Se ha vuelto cada vez mas difícil llegar a un acto donde va a estar el presidente Ortega, porque uno no sabe ni cuándo comienza y menos cuándo termina.
El martes de esta semana fui al acto del 29 aniversario del Ejército de Nicaragua, cuya invitación tuve que leer dos veces para estar seguro era a una hora poco usual, a las 5 de la tarde. Me convencí cuando también miré la invitación del 29 aniversario de fundación de la Policía Nacional, que precisamente fue también a esa hora de la tarde.
Mi formación periodística y la férrea disciplina que me inculcaron durante años de internado los jesuitas, ya no digamos mi padre, me obligan a estar a tiempo en los actos a que soy invitado o a mis compromisos políticos o sociales, aun sabiendo que la mayoría de las veces no comenzarán a tiempo.
Pero la tarde del martes fui albergando la esperanza de que como era un acto militar y los militares de distinguen en todo el mundo, por su puntualidad y disciplina, el Presidente llegaría con poco retraso y que el acto sería solemne pero breve debido a lo tarde que se había invitado, que más bien cerca de la noche, a la hora que inician las recepciones diplomáticas. Cuán equivocado estaba.
Desde muy temprano, todos los militares y el cuerpo diplomático estaban formados. Los minutos comenzaron a transcurrir lentamente, hasta que agotaron las dos horas de retraso, fue entonces cuando hizo su esperada aparición el Presidente. Estuve a punto de irme, pero pensé que como ya había esperado bastante, sería prudente y un acto de cortesía quedarme lo menos para ver qué iba a decir este vez el presidente Ortega frente a la oficialidad del Ejército. Nuevamente me equivoqué.
Luego supe, ya muy tarde, que el presidente Ortega suele llegar tarde a todo acto público, con al menos 2 horas de retraso, y que estos actos se prolongan a veces hasta la medianoche, mientras se escuchan en las plazas sus encendidos pero repetitivos discursos.
El tema no sería tan trascendente, de no ser porque el tema de la puntualidad y la formalidad es lo que distingue a todas las sociedades desarrolladas (capitalismo salvaje y compañía), de los países donde habitan los pobres del mundo.
La riqueza de las naciones, sean éstas de un signo político o de otro, se construye a base de disciplina y trabajo. Si no, miremos el ejemplo de la China Continental y Taiwán, con sistemas políticos opuestos pero ambas naciones han tenido éxito económico en base a una serie de valores que son el común denominador de todas las sociedades desarrolladas, entre los que figuran la puntualidad y la palabra.
Cuentan que una vez el dictador africano Idi Amín Dada, que no tenía ninguna disciplina con su horario, iba a recibir al Rey de Dinamarca, y como iba dos horas tarde, mandó atrasar dos horas la hora de toda Uganda, sólo para estar “a tiempo” al encuentro. Así todo el país tuvo que sincronizar la hora a la hora de Idi Amín, y el Rey de Dinamarca no se ha de haber sentido desairado al llegar a tiempo al encuentro gracias a este original gesto.
Los medios de comunicación que tanto critica Ortega en su discurso, porque los llama “de la oligarquía y de connotadas familias vendepatria”, han sobrevivido dictaduras y censura, batiendo todos los días la hora de cierre, trabajando contrarreloj, para llevar la primicia a sus lectores día a día.
El martes fue el Ejército, ayer a la Policía Nacional en su 29 aniversario que le tocó esperar, a una hora totalmente impropia para aun acto así de solemne y tendrán que sincronizar sus relojes con la hora de Ortega, que como Presidente, nos debería de dar el ejemplo de las buenas costumbres que todos los nicaragüenses debemos adoptar para cambiar para bien y salir de la pobreza.
Resulta insólito que en vez de aprovechar la luz solar que es gratis, en este país que tanto se habla de los costos de energía y cuya economía está estrangulada por los precios del petróleo, se tiene que derrochar energía de plantas eléctricas silenciosas y portátiles, todo para sincronizar nuestros relojes con la hora del mandatario, que no tiene hora.
No voy a criticar los discursos ni el kilométrico discurso del general Halleslevens, que lo hizo sudar a cántaros, ni el discurso lleno de retórica de Ortega en que les da a conocer y argumenta a los militares que los malos son los medios de comunicación y los buenos son el Frente Sandinista, porque es el padre de la democracia y la institucionalidad de la nación. Porque no es con discursos ni con agigantados rótulos de la foto del presidente Ortega, plagando todo el país y anunciando nuevas victorias, que saldremos adelante. No exportaremos un solo grano mas de café ni se generará un nuevo puesto de trabajo.
Un buen amigo me contaba que recientemente visitó nuestra vecina Costa Rica, donde coincidentemente el presidente Oscar Arias, Nobel de la Paz, también está en su segundo período como Ortega, pero que no encontró ni un solo rótulo del presidente Arias que sí llega a tiempo a todos sus actos públicos. Quizás este ejemplo de humildad y disciplina le podría dar una luz a Ortega del camino a seguir, el cual está sustentado por la pujanza de la economía de la hermana nación del sur.