Hera es en la antigua mitología griega la diosa principal del Olimpo, reina del cielo y de los dioses. Ella es hija de Cronos y de Gea y, por lo tanto, hermana de Zeus, del que también es su esposa.
Hera nació en la isla de Samos (aunque también los habitantes de Argos se adjudican ese privilegio) e igual que sus hermanos fue devorada por su padre. Sólo Zeus, el menor, se escapó de ser engullido por Cronos, quien temía que sus hijos lo fueran a destronar y por eso los mataba al nacer, comiéndoselos. Si Zeus se escapó fue porque su madre, cansada de ver morir a sus hijos, engañó a su cruel esposo dándole a comer una piedra envuelta en pañales, que Cronos engulló sin darse cuenta de la suplantación.
Pero Hera y sus hermanos volvieron a la vida cuando Cronos los vomitó, después de tomar un brebaje preparado por Temis, la diosa de la astucia, a solicitud de Gea, la madre Tierra. Y al parecer cuando Cronos vomitó a sus hijos éstos seguían siendo bebés, pues según la leyenda Hera fue criada en la región de la Arcadia por Temeno, el hijo de Pelasgo (“el antiguo”), a quien se le consideraba como padre de los originales pobladores de Grecia: los pelasgos. Y las nodrizas de Hera fueron las Horas, como se les llamaba a las diosas de las estaciones.
Creció Hera y llegó a ser la divinidad femenina más hermosa del Cielo y la Tierra. De manera que cuando su hermano menor, Zeus, fue a visitarla en el monte Tornax (después llamado Monte del Cuco), en la Argólide, apenas la vio se enamoró perdidamente de ella y quiso poseerla sexualmente. Es que Zeus era terriblemente lujurioso, tanto que había violado a su propia madre. Sin embargo, Hera, quien además de bella y hermosa era casta y pudorosa, rechazó la pretensión amatoria de su hermano.
Entonces Zeus se convirtió en un pájaro llamado cuclillo o cuco, se posó sobre la rama de un árbol, junto a una fuente donde descansaba Hera y fingió caerse en la orilla del agua. La compasiva Hera tomó en sus manos al pajarito, que se había enlodado, lo limpió cariñosamente y lo puso en su regazo. En ese instante Zeus volvió a su verdadera forma y violó a su sorprendida hermana.
Hera se sintió tan avergonzada por haber perdido su virginidad que le exigió casamiento a Zeus, a lo que éste accedió con gusto, pues se había enamorado de su hermana. Todos los dioses acudieron a la boda de Hera con Zeus y le hicieron magníficos regalos, siendo el más importante el de su madre, Gea, quien le obsequió a su hija un maravilloso árbol manzano, cuyos frutos eran de oro. Hera plantó el árbol de las manzanas de oro en un jardín particular que poseía en el Monte Atlas, y lo puso al cuidado de las Hespérides, como se les llamaba a las hijas del titán Atlante y de Héspero, la estrella del atardecer.
La boda de Hera con Zeus se celebró en la isla de Samos, donde la pareja disfrutó su primera noche de bodas que según la leyenda habría durado trescientos años. Pero después Hera fue a bañarse a la fuente de Canatos, cerca de Argos, cuyas aguas mágicas le devolvieron la virginidad.
Desde entonces, y siempre, después de hacer el amor con su lujurioso e insaciable marido Hera va a bañarse a las aguas de Canatos, para mantenerse virgen por toda la eternidad.