Hace dos meses el barco de María Mejía Urbina, de 22 años, abandonó su puerto en Estados Unidos, donde permaneció durante dos años mientras se dedicaba al estudio de Administración de Empresas Agrícolas para Exportación como parte de una beca ofrecida por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Hoy su barco, a como se refiere cuando habla de su vida, se encuentra anclando en Nicaragua, junto a su antigua tripulación, misma que no abandonó en sus pensamientos cuando habitaba en Estados Unidos, donde la nostalgia la embargaba a ella y a otros 18 nicaragüenses becados.
“Cuando tuvimos los momentos más duros, que llegaba la tristeza, que extrañábamos a nuestros padres, a nuestras mamás, a todos ellos, pues nos teníamos que confortar unos con otros, apoyarnos unos con otros los compañeros”, dice Mejía, quien durante su travesía logró salir airosa de las tempestades.
El título de Mejor Estudiante CASS 2008 (Programa de Becas de la Asociación Cooperativa de Estados) lo recibió este miércoles de manos de Richard Sanders, consejero de la Embajada de Estados Unidos y de Alex Dickie, director de USAID Nicaragua. Pero también obtuvo el de Mejor Estudiante de Reedley University.
EXPERIENCIA ÚNICA
“Fue la mejor experiencia de mi vida, porque crecí no sólo profesionalmente, sino también como persona. Espiritualmente también porque me agarré del Señor, no lo dejé, me lo llevé conmigo. Fue una experiencia maravillo, conocí muchos lugares, mucha gente que me ayudó, fue una bendición para mí”, dice Mejía emocionada.
La experiencia también cambió la vida de Ramón Hernández, originario de Somoto, quien al igual que Mejía ya se encuentra trabajando. Hace tres días firmó contrato laboral con la Fundación Padre Fabreto. Él también cursó la carrera de Administración de Empresas Agrícolas para Exportación.
“Yo fui con la expectativa de adquirir nuevos conocimientos, pero claro, tuve imprevistos por la diferencia de clima, comida, la cultura, el idioma, son factores que me afectaron un poco, pero logré obtener lo que me propuse”, afirma Hernández, de 21 años, quien antes de viajar a Estados Unidos sólo había logrado cursar la secundaria.
Hernández, a diferencia de Mejía, es un poco tímido, pero ambos son persistentes.
Judin Silva Alvir, de 23 años, tiene el mismo carácter. Ella habita en Managua y al igual que sus compañeros viajó becada a Estados Unidos, donde estudió Administración y Tratamiento de Aguas.
“Aprendí muchísimo, aprendí inglés como segundo idioma y es una gran ventaja. Estoy emocionada, porque hay oportunidades para nosotros en Nicaragua. El inicio fue difícil, pero todo se supera con trabajo”, dice Silva, quien hasta ahora no se coloca laboralmente.
De los 19 becados, 13 ya están trabajando, dos hacen pasantías y el resto busca empleo.