El candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, afirmó ayer en su discurso de aceptación del cargo que, de ser electo Presidente, Washington conocerá “el cambio”.
McCain habló ante unas 20 mil personas reunidas en un estadio de hockey sobre hielo en San Paul, Minnesota, ante quienes dijo que aceptaba la nominación “con humildad y confianza”.
A poco de comenzado su discurso, McCain fue interrumpido por un par de personas del público que comenzaron a protestar contra la guerra en Irak y fueron retiradas con violencia del evento por personal de seguridad, en medio de abucheos de varios de los presentes, que fueron apagados por el grito de “USA, USA”.
En un discurso que duró por lo menos 40 minutos, McCain, después de recordar que durante sus 26 años en el Senado se ha esforzado por colaborar con representantes de ambos partidos, destacó que como Presidente también gobernará así.
“Extenderé la mano a cualquiera que me ayude a hacer progresar a este país de nuevo”, prometió, y en una alusión a su tiempo como prisionero de guerra en Vietnam, insistió: “Tengo el historial y las cicatrices que lo demuestran”.
OJO CON RUSIA
Afirmó que si es electo Presidente trabajará para establecer buenos lazos con Rusia, pero dijo que eso no significa que cerrarán los ojos.
“Como Presidente, trabajaré para establecer buenas relaciones con Rusia, para que no tengamos que temer una vuelta a la guerra fría. Pero no podemos cerrar los ojos a la agresión y lo fuera de la ley internacional que amenaza la paz y la estabilidad del mundo y la seguridad del pueblo estadounidense”, agregó.
McCain indicó que trabajará con los republicanos y los demócratas si es elegido Presidente.
“El continuo rencor partidista que no nos permite resolver los problemas no es una causa, es un síntoma. Es lo que sucede cuando la gente va a Washington a trabajar para ellos mismos y no para ustedes”, apuntó.
Si bien no detalló cómo encararía la inmigración, dijo que creía en que “todo el mundo tiene algo que contribuir y merece la oportunidad de dar su potencial que le ha dado Dios”. “Desde los colonos que llegaron en el Mayflower hasta la hija latina de trabajadores migrantes”.
“Todos son hijos de Dios y todos somos estadounidenses”, dijo.
Buena parte de su discurso lo centró en su trayectoria de soldado y las torturas que sufrió en Vietnam donde, dijo, se enamoró de su país. “Lo amaba, porque no era sólo un lugar, sino una idea, algo por lo que merecía la pena luchar. Ya nunca fui el mismo. Pertenecía a mi país”, sostuvo.
“Como Presidente voy a luchar por una mayor seguridad, por el futuro de los niños, por la justicia y oportunidades para todos, por la defensa de la nación de sus enemigos y por lo que es lo correcto para nuestro país”, afirmó.
Al final, elogió a Barack Obama por sus logros políticos, pero le dijo: “Permítanme despejar dudas, amigos, vamos a ganar esta elección”.