publicidad
Managua
01:31 am
04.09.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
La nueva religión
Adolfo Bonilla
El autor es sindicalista cristiano retirado
publicidad

Según se puede deducir, el nuevo “dios” reside en una isla antillana

Desde hace algunos meses se ha instaurado en la bella y mártir Nicaragua lo que parece ser una nueva religión, conocida con el nombre de socialismo del siglo XXI. El nuevo dios, según se puede deducir, reside en una isla antillana (“Padre nuestro que estás en la Tierra, en el agua y en el aire, etc...”), y según se desprende de lo observado, el representante en la Tierra es un sudamericano que navega en petróleo. Ya hay arzobispos diseminados en varios puntos estratégicos de la América Latina, incluyendo a este bendito paisito.

Este nuevo dogma religioso pasa por la resucitada teología de la liberación, con la cual ahora tiene que coexistir un renombrado Cardenal de la Iglesia católica, quien además ha quedado relegado a simple diácono. Sin embargo, esta nueva fe incorpora a una sacerdotisa mayor que viene siendo algo así como el Oráculo de Delfos.

Los conquistadores españoles del siglo XVI impusieron a sangre y fuego en Nicaragua y el resto de la América indígena la religión católica, apostólica y romana, porque consideraban que los nativos eran seres inferiores que había que dominarlos en todos los sentidos posibles; y bajo ese paraguas no dieron ninguna oportunidad para convivir ni compartir conocimientos, por lo cual no aceptaron disidencias ni opiniones diferentes a las que ellos imponían. En otras palabras, pareciera que se quieren repetir las experiencias más dolorosas de ese siglo. Cualquiera podría pensar que se está retrocediendo a iniciar de nuevo esa etapa negra de la historia nicaragüense.

Hasta dónde se puede discernir, el pueblo elegido son todos aquellos que adoran ciegamente a la pareja local de altos jerarcas de esta nueva doctrina; y —como consecuencia— los que no comulgan con los principios establecidos son declarados ipso facto herejes, infieles, peleles, oligarcas, imperialistas, capitalistas, vendepatrias, diablos, gordos, feos, traidores y cuanta cosa se le ocurra al vicario vernáculo en el momento de su liturgia semanal.

¿Quiénes son los pecadores? Sencillamente los que no siguen las consignas desde arriba (que no es donde están los pobres), los “de derecha”, los que defienden sus derechos humanos y ciudadanos, los que discrepan de las medidas gubernamentales. ¡Ay de aquel mortal que contradiga la contraseña, el lema! Ya existe la persecución encarnizada a los blasfemos, los herejes, y según indicios inequívocos se está incubando una nueva inquisición. Ojalá no se llegue al paroxismo de quemar vivos a los incrédulos o impíos porque —según como van las cosas— todo es posible.

Dice el doctor Alejandro Serrano Caldera que el poeta y pensador Octavio Paz afirmaba que no hay nada más peligroso que las filosofías y las ideologías políticas transformadas en religiones laicas, que en ese camino el debate se muere y sólo queda el espacio para imprecaciones y exorcismos. En la iconografía del tiempo actual —cargada de idolatría y fundamentalismo— las ideas naufragan víctimas de la intolerancia; y además dice que es necesario rescatarlas de esta trampa mortal y aplicarlas correctamente para que sustituyan a los ídolos satanizados y sacralizados de uno y otro lado. ¡Más claro no canta el gallo!

Mucho cuidado, que —al estilo de la novela de George Orwell— “el Hermano Mayor está vigilando”.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda