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Una decisión nada fácil
Jorge Salaverry
El autor es analista político
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¿Cómo se explica que Televicentro de Nicaragua S.A. haya cancelado el contrato de quien dirigía y presentaba el programa matutino de mayor audiencia en la televisión del país? Es evidente que el miedo, esa angustiosa perturbación que a todos nos toma de la garganta con más frecuencia de lo que desearíamos, tuvo mucho que ver en la decisión de despedir al periodista Jaime Arellano. Y como creo que no fue una decisión fácil, trataré de entenderla poniéndome en los zapatos que, como dueños y directivos de Canal 2, calzan Octavio y Marta Sacasa.

Es un secreto a voces que los conocidos empresarios venían sufriendo una escalada de amenazas y presiones de parte del Gobierno desde que en el pasado mes de abril contrataron a Arellano para dirigir el programa El 2 en la Nación. Sabían muy bien que estaban llevando a su empresa a un periodista sin pelos en la lengua, de los que informan la verdad de lo acontecido y que denuncian sin tapujos los abusos del poder. En dos platos: de los que gustan a la audiencia y Nicaragua necesita. Y Jaime no defraudó a nadie; ni a la empresa que lo contrató, ni a los anunciantes que patrocinaban su espacio y mucho menos tampoco a los agradecidos televidentes que a diario por las mañanas esperaban ver su rolliza figura dando ganchos y mandobles a quienes en la Presidencia de la República han llegado a creer que Nicaragua es poco menos que un coto de caza suyo y de sus paniaguados. Paradójicamente, Jaime Arellano en este episodio resultó ser una víctima de su propio éxito. ¿Qué fue lo que pasó?

Como es sabido, Televicentro de Nicaragua está pendiente de que Telcor le renueve la licencia para continuar operando más allá de enero de 2009, mes en el que vence la licencia actual. Es del Gobierno de la República, en consecuencia, o mejor dicho, de la voluntad de la yunta Ortega-Murillo de quien depende que la empresa Televicentro de Nicaragua sea arrebatada o no de las manos de sus actuales dueños. (¡Dios mío, qué poder el que detenta la malvada pareja que nos desgobierna!). Ante esa perspectiva es lógico suponer que los dueños de Canal 2 de Televisión hayan concluido que despidiendo a Jaime Arellano apaciguarían la ira de los gobernantes y podrían continuar operando con mayor tranquilidad la empresa televisiva de su propiedad. ¿Irá a ser así? Imposible saberlo.

En este momento es muy probable que ni la misma yunta lo sepa. Todo dependerá de lo que, llegado el momento, les convenga a Daniel Ortega y a su sombra. Podrían éstos considerar que un Canal 2 descolmillado no sería incómodo y decidir dejarlo por lo tanto en manos de sus actuales dueños. Ésa es una posibilidad. Otra es que no puedan resistir la tentación de quitárselo a los Sacasa para dárselo “al pueblo” es decir, a unos amigotes empresarios que lo enfilarían a favor del Gobierno. ¡Vaya tentación! ¿Entonces? Nada, que habrá que esperar y ver.

Una cosa, sin embargo, parece ser cierta: que los actuales dueños de Canal 2 han bajado la guardia y se han lanzado confiadamente en brazos de la improbable benevolencia de Daniel Ortega y Rosario Murillo. De ahora en adelante deberán permanecer con los dedos cruzados para que en el día de la decisión la luna esté llena y no menguante y para que quien en verdad decide no haya amanecido ese día con todos los demonios, o como dicen los cubanos, con el moño virado.

Es cierto también que los dueños del Canal 2 pudieron haber dejado que Arellano continuara al frente de su programa batallando para impedir la consolidación de la nueva dictadura. Eso hubiese significado llegar al día de la decisión con los gobernantes muy enojados, pero con iguales probabilidades de que la decisión fuera positiva o negativa porque, repito, todo estará en función del interés que en ese momento y de cara al futuro tenga la familia gobernante.

No se por qué me viene a la memoria una frase de Winston Churchill cuando el entonces Primer Ministro del Reino Unido, Neville Chamberlain, viajó en 1938 a la Conferencia de Múnich y regresó a Londres presumiendo de haber apaciguado a Adolfo Hitler. Churchill no lo creyó y expresó: “Os han dado a elegir entre la indignidad y la guerra; elegisteis la indignidad, pero tendréis también la guerra”. A Marta y a Octavio les deseo éxitos y mucha suerte.

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