El gobierno del presidente Oscar Arias está inmerso en una sucesión de escándalos que lo debilitan para cumplir su programa de Gobierno, tras dos años de desgaste por el esfuerzo de incorporar a Costa Rica en el tratado de libre comercio con Estados Unidos.
El último escándalo estalló la noche del martes, cuando se develó que el custodio de 150 millones de dólares de bonos de la deuda costarricense adquiridos por China (de un total de 300), es el banco costarricense BTC, uno de cuyos fundadores y principales accionistas es el embajador en Pekín, Antonio Burgués.
La Administración intentó mantener en secreto los detalles de la transacción durante varios meses, hasta que se vio obligado a romper el silencio debido a las presiones de la oposición política y de la prensa local.
Los opositores pidieron ayer la cabeza del embajador Burgués, mientras que los partidos aliados al Gobierno exigen una “investigación profunda” antes de decidir si demandan la renuncia o destitución del diplomático.
La nueva crisis se produce cuando aún no se apagan los ecos de otros dos escándalos que sacudieron el país. Uno de ellos fue el aparente desvío, al pago de costosas consultorías, de 1.5 millones de dólares que el Gobierno de Taiwán había donado para construir viviendas a familias pobres. Este caso produjo la caída del Ministro de la Vivienda y hombre del entorno de Arias, Fernando Zumbado.
El otro caso que sacudió la Administración de Arias fue la contratación “secreta” y al margen de las normas de la administración pública —según alegan los detractores del Gobierno— de decenas de consultores para la Casa Presidencial, para lo cual se utilizó una donación del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), de dos millones de dólares.
UN PÉSIMO CLIMA
“Hay un clima de gran desconfianza en la función pública del Gobierno, alimentada por un secretismo que lo que hace es despertar la sospecha y la duda entre la población”, dijo el analista político y ex diputado Rodolfo Cerdas.
“Esto es un asunto de gran impacto, que puede dañar muy negativamente nuestras recién establecidas relaciones con China, lo mismo que las pretensiones del Gobierno de continuar el cumplimiento de su programa”, señaló Cerdas.
Para el también analista Luis Guillermo Solís, el principal problema que enfrenta el Gobierno es la falta de transparencia, el secretismo, las respuestas evasivas y las medias verdades que se han utilizado. “Estamos ante un estilo de gobierno que está dejando poco margen para una lectura bien intencionada”, afirma.