El candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, se sumó ayer a un coro de voces del escenario político nacional, que pide una suspensión temporal de las restricciones impuestas a Cuba por George W. Bush en el 2004, con el objetivo de asistir a los damnificados del huracán Gustav.
Obama dijo en un comunicado de prensa que era necesario establecer una moratoria hasta de 90 días, con el fin de ayudar directamente a las familias que fueron víctimas del fenómeno atmosférico.
“Me sumo al llamado que los líderes de la comunidad cubanoamericana han hecho al presidente Bush para que suspenda inmediatamente, y por un mínimo de 90 días, las restricciones a las remesas familiares, las visitas y los envíos de ayuda humanitaria”, puntualizó el senador por Illinois.
Asimismo, agregó que la comunidad cubanoamericana “está lista para asistir directamente a sus familiares en estos momentos en que tanto lo necesitan. Sin embargo, la política fracasada del gobierno de Bush obstaculiza la ayuda...”.
La postura de Obama coincide con una petición de asistencia formulada por los senadores Bob Menéndez y Bill Nelson, así como los congresistas Lincoln Diaz-Balart, Albio Sires, Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, que pidieron a Washington que provea ayuda directa para las víctimas del huracán Gustav en Cuba, aunque sin hacer cambios a la ley que actualmente impone limitaciones a la isla.
El Movimiento Democracia, uno de los que encabeza las peticiones a favor de los damnificados de Cuba, reclama que se permita a los cubanos del exilio despachar remesas a residentes en la isla, aunque no sean familiares directos, así como que se eliminen temporalmente las trabas para el traspaso de artículos de higiene y ropas en los paquetes de ayuda, como antes de la agudización del embargo.
El grupo reclamó sin fortuna un alto temporal a las sanciones tras los destrozos causados en Cuba por los huracanes Charley y Dennis, en el 2004 y 2005.