Comprar actualmente un litro de gasolina en Nicaragua, cuando el precio del petróleo ha caído en torno a los 109 dólares, resulta más caro que en abril pasado, cuando el crudo llegó a cotizarse en promedio a 111.86 dólares, es decir cuando estaba más costoso y más próximo a los niveles de esta semana.
La diferencia entre lo que se pagaba por un litro de diesel en abril pasado y actualmente, alcanza poco más de un córdoba; se eleva hasta 1.52 córdobas por cada litro de gasolina súper, y se encarece aún más hasta 1.62 córdobas cuando se trata de un litro de gasolina regular, según se desprende de cifras publicadas por el Instituto Nicaragüense de Energía (INE) y los sondeos semanales de LA PRENSA.
En Managua el litro de diesel, uno de los combustibles más usados por el transporte de carga y pasajeros y por la industria, alcanza un precio en torno a los 23.47 córdobas, superior a los 22.34 córdobas que marcó en promedio en abril.
“Efectivamente, los precios de los combustibles no han bajado a la misma velocidad que lo ha hecho el petróleo. Una explicación es la voracidad de las petroleras que actúan bajo el libre mercado, ya que los precios están liberados. Honduras, con una economía de mercado igual a la nuestra y con los niveles de pobreza similares, tiene precios más bajos”, afirmó Álvaro Murillo, experto en temas de hidrocarburos.
Pero la industria petrolera salió al paso de este señalamiento al recordar que los precios de los combustibles han estado bajando en el mercado nacional desde que el valor del petróleo alcanzó el histórico récord de 147.27 dólares el barril en julio pasado. Sin embargo, admite que la reducción de los precios del diesel y la gasolina “no necesariamente han sido en la misma proporción”, por diversas razones.
“En la medida en que el crudo baja, los precios de los combustibles han ido bajando. Sin embargo, habría que analizar otros costos (en los que tiene que incurrir la industria petrolera) como el flete, el transporte interno y el mismo valor de los productos ya refinados en el mercado internacional”, respondió Mauricio Aranda, gerente general de la petrolera Shell.
Aranda subrayó que la industria está enfrentando mayores costos de operaciones locales como el transporte, el cual, según refirió, se ha encarecido en 17 por ciento en las últimas tres semanas. “Antes, a comienzo del año, enfrentamos un alza similar”, añade.
Pese a ello, el ejecutivo estimó que los precios de los combustibles en el mercado nacional podrían seguir registrando una tendencia a la baja este fin de semana.
Esto como consecuencia del período de rezago del mercado petrolero, ya que para estimar los nuevos precios de los combustibles también se toman en cuenta las cotizaciones del crudo durante los dos últimas días de la semana anterior y los tres primeros días de la semana posterior.
PETRÓLEO SIGUE EN PICADA
Entre tanto, en los principales mercados petroleros del mundo se acentuó ayer la tendencia a la baja del crudo, alimentada por un combo de factores entre los que sobresalen un fortalecimiento del dólar (moneda en la que se cotizan los hidrocarburos) con respecto al euro, una reducción de la demanda mundial de crudo y un enfriamiento de la economía de Estados Unidos. El dólar se cotizó ayer a 1.4441 euros, frente a los 1.58 euros en los que llegó a cotizarse en los primeros meses del año.
En Nueva York, mercado de referencia para Nicaragua, el barril de crudo cerró a 109.35 dólares, una reducción de 36 centavos con respecto al cierre del martes pasado. Ya el martes el petróleo se había desplomando 5.75 dólares el barril, hasta los 109.71 dólares, alcanzado su “nivel más bajo desde principios de abril”, recordó la empresa asesora especializada JBC Energy en un informe citado por la agencia EFE de noticias.
El experto Álvaro Murillo estimó que el crudo podría situarse en una banda de entre 155 y 120 dólares el barril, aunque admitió que habrá que estar atentos al desarrollo del próximo invierno en el Hemisferio Norte.
Los operadores conocerán hoy, un día más tarde de lo habitual por haber sido festivo el lunes en EE.UU., el estado de las reservas de crudo y combustibles almacenadas la pasada semana, lo que puede definir la orientación de los precios.