La puesta en escena de las pinturas de Carlos Carvalho nos evocan esa violencia escondida que viven las mujeres. Trastoca ese sentimiento que muchas callan. Su primera muestra que se inaugura hoy en Galería Códice, a las 7:00 p.m., reúne además una gama de grises ensortijados que nos gritan mensajes.
En estados de pesadumbre, tristeza, depresión y profundo dolor, los rostros que Carvalho ha pintado sobreviven a los conceptos de belleza que los medios masivos nos imponen, él agrega a este punto “Las mujeres viven la violencia a diario, lo que he tratado es trascender ese concepto de belleza de objeto sexual al que son expuestas y las muestro tal como son”.
Al respecto, también dice que la sociedad brasileña de la que es parte, aboga por un concepto de belleza más preocupado por la apariencia física, la moda, el consumismo, los eslóganes de la publicidad, pero en sus cuadros está presente esa belleza que él ha desentrañado, “mujeres que tienen una esencia en sus vidas y yo las presento con una belleza natural, única”.
De igual manera, Victoria Cleaver, embajadora de Brasil en Nicaragua, manifiesta que “Carlos, basa su obra entre la belleza y el sufrimiento que se manifiesta en la propia antítesis entre los rostros femeninos inspirados en la fotografía de actrices y modelos”.
En cuanto a estos rostros ocres pintados sobre carpas de camión, el mismo Carvalho reflexiona sobre el material en las que han sido expuestas “elegí las carpas por su misma historia, ellas siempre tienen algo que contar”.
A lo que agrega el pintor David Ocón, “procede de gamas cálidas y oscuras impregnadas en retazos de carpas de camión, extrae el soporte deteriorado por el uso de la intemperie, los rostros como metáforas que surgen de la penumbra, tal apariciones veladas inquietantes, presentes a través del pigmento muy diluido y suave, reposado con el cuido con que se aborda el dolor, donde sólo resulta el collage”.
Una obra pictórica en la que se reúnen y mezclan trozos de tela (tiras) a modo de cicatrices que a propósito son expuestas, en una suerte de remiendos, sobre algunos rostros como seña de violencia que rompe la tela, el rostro de la mujer sobre la pintura, la cara acuchillada de la heroína moderna.
Carlos Carvalho nació en Jundiaí, municipio brasileño del Estado de São Paulo, en 1981.