Querida Nicaragua: ¿Y usted don Fabio, es periodista? Me preguntó uno de mis oyentes. Sí, le dije. Además de locutor de radio, empresario y escritor de libretos soy comunicador social y por lo tanto, periodista. No estudié periodismo pero obligadamente lo soy porque me parece un trabajo fascinante comentar los acontecimientos nacionales y orientar en alguna forma la opinión pública. Estoy rodeado de noticias y las comento diariamente.
¿Y esos periodistas que le llaman “cerdo”, “gordo ladrón” a Arellano y que le dicen “oligarcas y ladrones” a todo el que no está con el Gobierno, esos son periodistas? Hombré —le dije—. Ésos son otra cosa, son personas que han sacrificado su calidad profesional para entregarse a la causa despreciable de ponerse al servicio de sus amos y atacar o alabar, según el caso.
Ciertamente que en Nicaragua tenemos periodistas profesionales. Una buena muestra es Carlos Fernando Chamorro, quien ha logrado superar todos sus impulsos personales y que orienta positivamente con sus comentarios. Su programa Esta Semana es generalmente excelente. Los días lunes en su programa Esta Noche nos lleva la cátedra de Guillermo Rothschuh Villanueva, a veces al periodista y escritor Guillermo Cortés y casi siempre con el joven especialista en comunicación Arturo Wallace.
Hay buenos periodistas. Generalmente todos tenemos una tendencia ideológica, pero éste es asunto que no molesta más que a los que piensan en forma diferente, o a los exaltados de la ideología contraria. La tendencia democrática de Jaime Arellano molestó al Gobierno y éste hizo que el Canal 2 suspendiera su programa. El Canal 2 tiene miedo que le pase lo que le pasó en Venezuela a Radio Caracas T.V., tiene miedo de que no le autoricen la licencia que se le vence pronto. Ésa es la verdad monda y lironda. Jaime Arellano nunca usó palabras gruesas o vulgaridades. Sus expresiones son que fulano no tiene “aquello que ponen las gallinas”, o que zutano se hace “agüita a la hora de las piedras pómez”. La verdad es que Arellano enfrenta al Gobierno y le dice la verdad, le pide a la gente que no tenga miedo, invita a protestar en contra de la corrupción, del secretismo, del irrespeto a la ley, arremete contra los Poderes del Estado corruptos. Arellano podrá no haber estudiado periodismo pero es un comunicador social con demasiada garra y por eso la autoridad pidió que le cortaran el programa.
Arellano habla ahora en la radio. Muchos no se imaginan el inmenso alcance de las ondas radiales.
Los señores que insultan en el Canal 4 y las radios robadas tienen todo el derecho de ganarse el sustento. Pero no tienen derecho a manchar la noble profesión periodística. Y esto va también en contra de los “comentadores” televisivos que tienen, aquéllos que le dan seguimiento a las palabras ofensivas y que son repetidores de los funcionarios que lanzan improperios contra los cooperantes diplomáticos extranjeros.
A Jaime Arellano lo cortan por decir noblemente la verdad. A éstos que pervierten los medios de comunicación insultando no hay autoridad que les llame la atención, ni hay canal que les corte su programa.
Se puede pensar distinto, pero debemos dejar que cada quien exprese su opinión con plena libertad. De no ser así no podemos decir que en Nicaragua existe libertad de prensa. Cuando se pone el bozal sobre la boca de un periodista se está abriendo la posibilidad de hacerlo con cualquier otro de los que se atreven a decir la verdad.