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Noticias >> Opinión
Como quesillo Camoapán
César Zamora Hinojos
El autor es presidente de Amcham
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El gran reto es entender que se vive en un estadio político competitivo

Nicaragua está más enredado que un quesillo Camoapán. Tiempos de incertidumbre y confrontación. Vivimos estacionados en una estéril guerra fría. En el ambiente se respira olor a intolerancia y sangre. No hay un ciudadano que vea virtudes del actual estado del país. Seguimos fragmentados porque hay incapacidad para articular una idea común y construir una nación para todos.

Lo exógeno de los precios de los hidrocarburos y alimentos que golpean el bolsillo de todos los nicaragüenses y la contracción económica de nuestro socio comercial más importante, Estados Unidos, deberían ser suficientes aliciente para trabajar una agenda común entre trabajadores, gobierno y sector privado. Los ciudadanos claman por trabajos y nuevas oportunidades económicas. Lamentablemente no parece que los dioses escuchan.

La crisis económica no es producto de un solo fenómeno ni la responsabilidad es de un actor. Ante el desafío nadie puede lavarse las manos ni se debe improvisar. No son tiempos de pasar la responsabilidad al adversario ni de politizar una crisis que se nos puede salir de las manos. La dilatación a enfrentar la actual crisis lesiona al país y sus ciudadanos.

El gran reto de la sociedad política es que entiendan que en Nicaragua se vive en un estadio político competitivo. Los ciudadanos quieren ser convencidos con los hechos y no sólo con discursos. El ciudadano nicaragüense sabe de sus derechos y exige ser tratado sin coaptaciones o coacciones.

Un Presidente gobierna para todos los ciudadanos, y entendemos que su prioridad es ocuparse de los menos favorecidos. No son tiempos de debates estériles y tendenciosos. Es inadmisible que se quiera convertir e imponer una visión política en superioridad moral ya sea ésta de izquierda, centro o derecha. Hoy la tarea de todos es reforzar la tolerancia, la solidaridad y el diálogo.

En el empresariado nicaragüense existe una desconfianza generalizada por el rumbo que lleva nuestro país. Lo ideal sería establecer las condiciones para un diálogo, donde se articulen las preocupaciones del que está enfrente. La agenda económica está íntimamente ligada al tema institucional. La falta de un acuerdo mínimo de gobernabilidad es demasiado brutal para poderlo obviar. El Gobierno tiene que dar muestras de inclusión o será percibido como demagógico y sectario.

En Amcham hemos actuado con gran responsabilidad. Hemos manejado nuestro trabajo con seriedad. Concurrimos a los encuentros con las autoridades en donde presentamos propuestas y ayudamos en profundizar el análisis de la temática económica. Desde la gremialidad nuestro desafío es actuar y hablar con claridad ante una realidad necia. Hemos mantenido una línea consistente de búsqueda de acuerdos y desplazando la confrontación. Somos un gremio con ideas propias capaz de aportar a la solución de la problemática nacional.

El empresario no busca obtener prebendas, sino ofrecer una opción económica viable. La gremialidad es un reto y una oportunidad para dar la pelea en la defensa de la institucionalidad y las ideas. Los nicaragüenses esperan que sus líderes estén cerca del ciudadano y se comprometan con la nación. Recordemos quienes lo tenemos que recordar, que la defensa de principios es en serio y va en serio. Porque ser empresario es hoy un compromiso con Nicaragua. O no se es nada.

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