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Incertidumbre económica y remesas familiares
Francisco X. Aguirre Sacasa
El autor es diputado del PLC, presidente de la Comisión de Producción, Economía y Presupuesto
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En Estados Unidos economistas debaten si el país está formalmente en una recesión económica. Para la vasta mayoría de los norteamericanos, sin embargo, ésta es una discusión académica y estéril. Para ellos, el país tiene ratos de estar retrocediendo económicamente.

No dejan de tener razón. Notan que el sector de viviendas está pasando por su peor crisis desde la gran depresión de los años treinta del siglo pasado. El número de casas vendidas está al nivel más bajo en una década y el precio de las viviendas que se han vendido ha bajado considerablemente. Según un reciente estudio del Fondo Monetario, sin embargo, estos precios tendrán que bajar hasta un 20 por ciento más para completar la “corrección” necesaria después de años de especulación en bienes raíces. Es más, aproximadamente un millón de “dueños” de sus propias casas están en grave peligro de perderlas por no poder pagar las mensualidades de sus hipotecas.

Como tener casa propia es parte del “sueño americano” y como la casa representa la inversión —y la mayor fuente de riqueza— de la típica familia estadounidense, la crisis en el sector vivienda está socavando la confianza del consumidor estadounidense, el motor de la economía nacional. Esto, a su vez, está perjudicando a varios sectores estratégicos como la industria automovilista, las compañías aéreas y el sector financiero, que ha sufrido enormes pérdidas que han afectado a algunos de los bancos más grandes y prestigiosos del mundo como Wachovia y Citibank.

Estados Unidos también ha sido fuerte y adversamente afectado por los altos precios del petróleo y de los alimentos. Estas alzas han producido una inflación que normalmente no se da en períodos de desaceleración. Al mismo tiempo, hay un mayor desempleo (éste anda por 5.5 por ciento) y la Bolsa de Valores, que muchos ven como el barómetro de cómo anda la economía, ha perdido aproximadamente el 20 por ciento de su valor en lo que va de este año.

La incertidumbre en la economía más grande del mundo está afectando a Europa Occidental, a Japón y la China y, por supuesto, a las economías latinoamericanas, especialmente aquellas —como la nuestra— que son importadoras netas de energía. A pesar de los pronósticos optimistas de los economistas de la Cepal, el subcontinente latinoamericano es altamente vulnerable a lo que pasa en Estados Unidos, y la desaceleración en el norte se está haciendo sentir.

Veamos lo que está pasando en las remesas de los latinos, en Estados Unidos, a sus parientes y seres queridos en Latinoamérica.

Se estima que hay unos 43 millones de hispanos en Estados Unidos, incluyendo a aquellos que están allí ilegalmente. Latinos constituyen el 14 por ciento de la población en Estados Unidos, son la minoría más grande en ese país y la que más rápidamente está creciendo. Además, este bloque es extraordinariamente generoso. Según un análisis reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los hispanos triplicaron sus remesas a Latinoamérica de US$15 millones en 2001 a US$45 mil millones en 2006.

Estas remesas se han convertido en un poderoso apoyo para los países latinoamericanos, especialmente aquellos de Mesoamérica. Para poner la importancia de las remesas en perspectiva, en el 2006 eran nueve veces el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua. También fueron cinco veces mayor que los flujos netos de todas las IFI (FMI, Banco Mundial, BID, BCIE) combinados a Latinoamérica y el Caribe en 2006.

En tan sólo el caso de Nicaragua, se estima que las remesas anuales andan por los US$650 millones y tocan las vidas de literalmente cientos de miles de ciudadanos en todas las ciudades, pueblos, comarcas y caseríos de nuestro país.

La mala noticia, según el BID, es que después de experimentar un crecimiento explosivo hasta 2006, en los últimos 18 meses las remesas se han estancado. Una encuesta del BID revela que sólo un 50 por ciento de los hispanos en Estados Unidos está enviando plata a sus países de origen ahora versus casi 75 por ciento hace dos años. Y aún estas cifras pueden ser optimistas. Un artículo del Washington Post del 31 de julio reportó que las remesas pudieran estar cayendo. Citando el caso de México, el Post estima que las remesas de mexicanos se redujeron en 2.2 por ciento en el primer semestre de este año.

Varios factores explican este fenómeno. En parte se debe al hostigamiento que se ha desatado contra ilegales latinos en Estados Unidos y en contra de aquellas empresas estadounidenses que los emplean. Esto complica la vida de los ilegales, los hace buscar empleos menos remunerativos y los obliga a migrar dentro de Estados Unidos —en algunos casos varias veces al año— a lugares en donde haya menos persecución de ilegales.

Sin embargo, la desaceleración o recesión norteamericana es seguramente lo que más está incidiendo en las remesas. Por ejemplo, la crisis en viviendas ha golpeado fuertemente a la construcción, sector en donde labora casi 20 por ciento de los hispanos en Estados Unidos. Y en la medida que los latinos en Estados Unidos ven sus posibilidades laborales afectadas, el apoyo que podrán brindar a Latinoamérica también será reducido, perjudicando a las naciones que se han vuelto dependientes de su generosidad.

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