Una muestra del peligro que repre-senta la Alternativa Bolivariana (Alba) para Honduras la dio su mismo promotor, el presidente venezolano Hugo Chávez, al decir en Tegucigalpa que quienes se oponen a su proyecto continental son “vendepatrias” e “ignorantes”.
De sus palabras se deduce que el Alba es una imposición política, que descalifica y amenaza a todo el que piensa distinto; y reprocha el ejercicio democrático del intercambio de ideas, del debate, con la premisa de que después del Presidente y sus allegados sólo existen “ignorantes” y “enemigos”.
Chávez dejó la impresión de que el Alba tendrá éxito, como programa socioeconómico, nada más en los países donde la mayoría de la población actúe como masa borrega, sin pensar, sin analizar, sin criticar; y quizás por eso ha fracasado en Venezuela.
El problema del Presidente venezolano es que su Alba sólo ha sido exitosa en discursos, porque si somete a revisión los “logros” que ha dejado en su propio país, los “ignorantes” de Centroamérica creerían menos en ese proyecto, que hasta hoy le ha servido a Chávez para repartir ayudas a cambio de apoyo político contra Estados Unidos.
Chávez calla, por ejemplo, que las inversiones extranjeras directas están cayendo en Venezuela, por el temor de las empresas a ser declaradas de utilidad pública.
El proyecto “socialista” que se gesta con el Alba ha llevado al gobierno venezolano a nacionalizar empresas claves de la economía de ese país. Ya controla el 90 por ciento de la industria del cemento, después que sacó de forma abrupta a la mexicana Cemex, y hace días estatizó la venta del combustible y se quedó con todas la gasolineras.
¿Qué consecuencias ha tenido eso? Las inversiones extranjeras directas en Venezuela cayeron el año pasado a 400 millones de dólares, mientras en el país vecino, Colombia, subieron a más de ocho mil millones de dólares.
Economistas venezolanos, como Orlando Ochoa, han estimado que Venezuela debería tener, en este momento, al menos seis mil millones de dólares en inversiones extranjeras directas, pero en el 2007 recibió menos del siete por ciento de ese monto.
Los defensores de Chávez podrían alegar que ahora a Venezuela le importan poco las inversiones extranjeras, porque la venta de petróleo es su mejor negocio, tanto que los precios del crudo venezolano aumentaron de 81 dólares a 118 dólares en los primeros seis meses del 2008.
Sin embargo, salta una contradicción: la deuda externa venezolana sube cada día. Si a Venezuela le sobra dinero, como hace creer Chávez cada vez que promete el cielo y la tierra en otros países, por qué se está endeudando.
Cifras oficiales muestran que en el primer semestre de este año la deuda externa de esta nación sudamericana pasó de 27 mil 315 millones de dólares a 29 mil 953 millones, un incremento de casi 10 por ciento.
¿Qué pasará cuando los precios del petróleo caigan y el producto interno venezolano se reduzca? La deuda sería más pesada y la inversión bajaría más, como efecto de la política del Alba. Pero hay que ser ignorante o cínico para ofrecer a otros países, como hace Chávez, un modelo de “desarrollo” que ha causado más daños que beneficios.