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El gran partido verde
José Esteban González Rappaccioli
El autor es fundador de la CPDH, presidente nacional del PSC.
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Los 30 años del siglo XIX en que presidentes conservadores gobernaron ininterrumpidamente a Nicaragua constituyen el período de paz y progreso más prolongado de nuestra agitada historia.

A pesar del gravísimo error del Tratado Chamorro-Bryan, el conservatismo logró, durante la dictadura somocista, recuperar su vigor y prestigio. Emiliano Chamorro conservó la lealtad de las masas conservadoras, no obstante haber firmado en 1950 el Pacto de los Generales, que colocaba al Partido Conservador en situación de servidumbre política y económica respecto al Partido Liberal somocista.

Junto a militares rebeldes, briosos jóvenes conservadores impulsaron el movimiento del 4 de abril de 1954, fueron el grupo dominante en Olama y Mollejones, en 1959, y en la toma de los cuarteles de Diriamba y Jinotepe, el 11 de noviembre del 61. En estas acciones heroicas jóvenes de todos los partidos y capas sociales lucharon hombro con hombro demostrando que el patriotismo y el realismo permiten superar todas las diferencias.

A fines de los cincuenta Nicaragua entera se irguió electrizada por la oratoria de Fernando Agüero. Cautivadas por sus arengas, multitudes entusiastas llenaban calles y plazas. El Partido Conservador fue la fuerza predominante en la primera Unión Nacional Opositora (UNO), nacida en 1966, con participación de liberales independientes, socialistas y socialcristianos.

En la campaña presidencial del 66/67 el conservador Silvio Parodi cayó crucificado por balazos de un obcecado guardia somocista. El 22 de enero de 1967 la sangre de campesinos y de jóvenes de todos los colores políticos, cuyos nombres no se conocerán jamás, corrió por la Avenida Roosevelt. “Caían de los árboles, como aguacates”, dijeron llorando los testigos.

Fernando Agüero conservó su poder de convocatoria y, no obstante sus diferencias con Pedro Joaquín Chamorro, ambos formaban un dúo invencible. Sin embargo, pasadas las elecciones de 1967, la UNO no tardó en romperse por motivos que nadie recuerda.

Vino luego el Pacto Somoza-Agüero de 1971, el infausto “Kupia Kumi”, mediante el cual Agüero se entregó irresponsablemente en manos del dictador cometiendo el suicidio político más irresponsable e insensato de nuestra historia. Esta claudicación de Agüero debilitó al PC y propició el crecimiento del FSLN.

Impulsados por su patriotismo, los conservadores honestos decidieron rescatar de la ignominia al “gran partido verde”. Fue la época del Grupo de los 27 y de UDEL, donde liberales, socialistas, conservadores y socialcristianos volvieron a unirse por amor a Nicaragua.

La combatividad de los conservadores se manifestó nuevamente el 20 de julio del 78 en el audaz ataque al búnker de Somoza con rockets lanzados desde el Hotel Intercontinental por Fernando “El Negro” Chamorro. Éste fue, poco después, liberado por Edén Pastora, también de raíces conservadoras, quien saltaría al estrellato mundial con la toma del Palacio Nacional el 22 de agosto de 1978. A partir de ese año, UDEL se amplió incluyendo a empresarios y centrales sindicales convirtiéndose en el Frente Amplio Opositor (FAO).

En las elecciones del 2001 el Partido Conservador, superando enormes presiones, lanzó como candidato al prestigioso jurista Alberto Saborío, llevando como compañera de fórmula a la talentosa empresaria Consuelo Sequeira.

En las municipales del 2004 el CSE recurrió al fraude para impedir la victoria de candidatos conservadores, siendo el más burdo caso el de Granada, donde Nicho Cuadra había sido claro triunfador.

Después de haber logrado una importante cuota en las elecciones del 2006, el PC rompió con Montealegre, tras un agitado período de controversias, perdiendo a sus valiosos diputados en la Asamblea Nacional y en el Parlacen. Después de frustradas negociaciones con el PLC, el PC decidió ir a las municipales en su propia casilla sin prever que, al hacerlo, facilitaría la tarea de los magistrados pactistas del CSE para excluirlo, junto al MRS, de la competencia electoral.

Observando el celo con el que connotados conservadores promueven la abstención, todos los que estimamos al gran partido verde nos preguntamos: ¿Permitirán los actuales líderes del conservatismo que su prestigiosa historia —abonada con la sangre de héroes insignes— se agote al servicio de una causa radicalmente contraria a la esencia de la democracia? ¿Qué le impide al PC seguir combatiendo el pacto unido con partidos y dirigentes de incuestionables credenciales democráticas? Si verdaderamente creemos que Nicaragua es más grande y más importante que todos los partidos y coaliciones, debemos necesariamente concluir que es imposible decirle “sí” al propio partido diciéndole “no” a Nicaragua. El gran partido verde no podría fallarle a Nicaragua sin negarse a sí mismo.

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