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Los niños y las mujeres fueron las principales víctimas de esta tragedia, que marcó a la RAAN. (LA PRENSA/G. MIRANDA)
Los huérfanos del viento
Amalia Morales
nacionales@laprensa.com.ni
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Los hijos de Samaria y Benji Davis quedaron huérfanos de padres después del paso del Félix.

Días antes que la tragedia arrasara la bahía de Sandy Bay, un caserío de 14,500 habitantes, con suficiente población como para ser un municipio, los maridos de estas dos mujeres estaban en los Cayos Miskitos.

En los Cayos trabaja cerca del 50 por ciento de los pobladores de Sandy Bay.

Algunos de ellos se evacuaron días previos al huracán, pero otros no atendieron la alerta y se quedaron, contra viento y marea. Muchos dudaron porque pensaron que el Félix podía retractarse y variar su rumbo, como lo hizo años atrás el Beta, que antes de estrellarse contra el suelo de la RAAN, giró y se desinfló como un globo. Esa vez las pérdidas de muchos pescadores de los cayos la ocasionaron el robo y el pillaje, que se desató por la ausencia de los que se evacuaron. Los esposos de Samaria y Benji se quedaron cuidando las pangas y las nasas que tenían para sacar langostas.

Arelis Davis, la hija de Benji, dice que su papá, quien pereció en el agua y cuyo cadáver fue recuperado días después, era el sostén de la familia. “Ahora no tenemos de qué vivir”, dice Arelis, quien está pidiendo apoyo a las autoridades para montar una venta en Nina Yari, que es donde ella vive con su mamá y sus hermanos.

Los hijos de estas mujeres, 16 en total, no son los únicos huérfanos del Félix. El huracán que con sus olas de nueve y cinco metros envolvió embarcaciones grandes y pequeñas, muchas de ellas eran duristaras (embarcaciones de velas), dejó centenares de huérfanos parciales que las autoridades todavía no terminan de contar.

En la delegación del Ministerio de la Familia, de Bilwi, no existe, un año después, un censo exacto de cuántos niños hay víctimas de la tragedia del Félix. Las cifras oscilan entre 700 y 900. Incluso, podrían ser más. “Por ahora no hay atención directa para ellos”, reconoce Delayda Wilson, delegada de Mifamilia en Bilwi.

ESPERAN CENSO

Wilson dice que se está esperando un censo que hará Unicef sobre los niños desamparados de la RAAN, que están dispersos en las comunidades del Litoral Norte y los Llanos Norte y Sur. Sin embargo, Arelis y sus hermanos no estudian y tampoco trabajan y no pueden esperar más.

Samaria, de 40 años, tiene una hija de pecho, de la que su papá no llegó a tener ni la remota idea que existía en el vientre de su madre. Esta mujer dice que una gran ayuda para ellos sería comida y apoyo para el estudio de sus hijos.

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