Mañana sábado 1 de noviembre se realizará en todos los templos católicos del país, una Jornada de Oración por Nicaragua y las Elecciones Municipales, que ha sido convocada por el presidente de la Conferencia Episcopal y Arzobispo de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Leopoldo José Brenes Solórzano. De hecho, desde mediados de agosto pasado, cuando dieron a conocer la “Exhortación de los Obispos de Nicaragua ante las actuales circunstancias del país y las elecciones municipales de 2008”, los prelados católicos explicaron a la nación la trascendencia de los comicios municipales del próximo domingo 9 de noviembre. Y a partir de entonces, durante los oficios religiosos regulares y en los boletines que la Iglesia distribuye semanalmente en las parroquias de todo el país, los obispos y sacerdotes han estado haciendo una intensa labor de educación cívica de los feligreses y motivándolos al cumplimiento de su deber moral y ciudadano, de votar en las elecciones municipales del 9 de noviembre.
En esos boletines se han citado textos de mucha sabiduría, como la enseñanza del extinto Papa Juan Pablo II de que “Es necesario participar plenamente en la ordenación de la comunidad política mediante el ejercicio del voto, seleccionando a los gobernantes más idóneos”. De acuerdo con ese precepto pontifical, los obispos han definido el perfil profesional y moral que deben tener los candidatos para merecer la confianza y el voto de los ciudadanos en general y de los cristianos en particular. Igualmente han explicado que cometen pecados electorales las autoridades que impiden de cualquier manera la participación de los ciudadanos, por ejemplo al no entregarles su cédula de identidad y al prohibir la participación “de candidatos a alcaldes y concejales de partidos políticos contrarios a las ideologías de los miembros de dicha autoridad”. También es pecado electoral abstenerse de votar por indiferencia o por seguir una consigna, o votar sin pensar a qué persona y partido se le confía el sufragio. Se comete pecado electoral al vender, comprar y robar los votos de los ciudadanos, y al anular el voto o llamar a que se vote nulo en cualquier elección, etc.
Los obispos y sacerdotes católicos no están diciendo a qué partido y a cuáles candidatos hay que votar. Pero no necesitan decirlo. Basta con su advertencia de que es pecado votar por quienes no respetan la libertad de expresión, de movilización, e imponen el terrorismo para presionar a no manifestarse durante la campaña electoral o no votar en las elecciones. O sea que la Iglesia católica está llamando a votar por la libertad y por la preservación y la defensa de la democracia, contra el plan de restaurar la dictadura y de reelegir para siempre al dictador, por el derecho de todos los nicaragüenses a vivir en libertad y a trabajar en paz en una sociedad en la que se respeten incondicionalmente los derechos humanos y la dignidad personal.
Tal como informó ayer LA PRENSA, el vocero eclesial, padre Rolando Álvarez, informó que la Iglesia católica de Nicaragua llama “a todo el pueblo nicaragüense a votar masivamente este próximo 9 de noviembre, porque es la gran oportunidad de cambiar los rumbos negativos por los que está enfilándose el país”, a votar para detener a “un autoritarismo que pretende avasallar a las personas que no piensan de determinada manera”.
Pero también las iglesias evangélicas que no están sometidas al poder político establecido, expresan que es necesario ir a votar masivamente “para que gane la democracia”, tal como lo dijo por medio de este mismo Diario el líder evangélico César Augusto Marenco, pastor del Ministerio Apostolar Centro Cristiano. “Las elecciones son como una riqueza de la democracia; y la pobreza de la democracia es cuando se quieren imponer no sólo dictaduras de personas sino dictaduras de sociedades a base de la presión y el chantaje”, precisó el reverendo Marenco.
De manera que así como los católicos realizarán su jornada de oración por las elecciones municipales, con fe en que su voto puede cambiar y mejorar la situación del país, también los evangélicos están orando en sus respectivas iglesias con el mismo objetivo. Ellos saben que además de tener fe y orar, también deben votar por la democracia. Saben que la fe y la oración son muy importantes y necesarias, pero insuficientes, pues, como dijera el sabio sacerdote español ya desaparecido, Mariano de Blas: “La fe mueve montañas, pero sólo las que uno se atreve a mover”.