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Noticias >> Opinión
La fortaleza de Estados Unidos
César Zamora Hinojos
El autor es Presidente de AMCHAM
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En remembranza y admiración de don Francisco Aguirre Baca, quien me enseñó que no había ninguna contradicción en amar a Nicaragua y a Estados Unidos.

Los anunciantes del cataclismo final sólo miran al Norte y tienden a extraviar el sentir de la gente con su ideología. Escupen su egoísmo intelectual al querer alargar una mentira insostenible, esconder lo que no se puede y devalúan la política y la economía. Se sienten actores de su telenovela y disfrutan el drama americano con júbilo, son infantiles, traslapan lo que entendieron al ver la serie La Caída del Imperio Romano, para explicar el presente. Son como los enanos del circo: una interminable comedia de desaciertos y risa.

A mediados de septiembre la economía estadounidense y el bolsillo de sus ciudadanos sufrieron uno de los descalabros más duros de los últimos 100 años. La debacle ha parido nuevos paradigmas y condena viejos vicios (burbuja hipotecaria, desregulación financiera e ineficiencia económica). El mercado como la institución económica está siendo cuestionado. La incertidumbre de los ahorrantes es preocupante. Se caen las hipotecas de casas como hojas en otoño, se proyectan pérdidas de empleo y se implantó la temida recesión. Lo único rescatable es que el mercado y las instituciones funcionaron para evitar la depresión económica. Lo cual no es un logro menor.

El debate de cómo se llegó a esta crisis y de cómo se va a salir apenas comienza. La catarsis de explicar 700 mil millones de dólares es dolorosa. La tarea se centra en como ejecutar expeditamente el salvamento del sistema financiero. La crisis estadounidense cimbró al mundo, los efectos de una decisión tomada por un dueño de restaurante en Nueva York tiene repercusiones sobre una familia en Tipitapa. La mariposa mueve sus alas en Detroit y cinco mecánicos pierden su trabajo en Managua. Estamos interconectados en este caos aunque algunos no lo quieran ver.

La fortaleza de Estados Unidos radica en la credibilidad de sus ciudadanos con algo que es más grande que la suma de todos ellos. La búsqueda del bien común, el respeto a la libertad del individuo y la capacidad empresarial de los estadounidenses. Son ingredientes que los sacarán más temprano que tarde de la postración.

Vimos cómo en medio del debacle, el calendario electoral americano no se movió ni un milímetro. Los debates presidenciales se dieron en tiempo y forma y el proceso electoral va con una fortaleza singular. Ganará la elección aquel candidato que demuestre mayor talante para defender al ciudadano y su democracia. No está en ningún cálculo ganar el Ejecutivo para perpetuarse en el poder en medio de la crisis.

La prensa ha sido especialmente fuerte en su trato con el poder financiero y político. No vemos a ningún periodista ser cuestionado por ejercer su derecho a informar. El presidente Bush es vilipendiado por todos y entiende que su fortaleza radica en su debilidad. Todos saben que le quedan menos de cien días en el poder y que tiene que cumplir con su mandato de proteger a la Nación. Todo se puede criticar y nadie se siente perseguido por lo que piensa y dice.

Las calles americanas están llenas de gente preocupada y que desconfían del futuro económico, pero no hay violencia ni desencanto con su democracia. Saben que una vez que la economía se recupere, se rendirán cuentas y pagarán los culpables. Tienen como sociedad el poder de descargar su frustración sin violencia. El poder del ciudadano está intacto. El ciudadano cree en la institucionalidad democrática y sabe que su voto vale, para premiar o para castigar.

La democracia norteamericana es la gran ganadora de esta crisis financiera. Es sorprendente la capacidad del pueblo norteamericano por la moderación y la búsqueda de los consensos necesarios para salir del hoyo. Al fin y al cabo Estados Unidos con todos sus apuros y aprietos tiene la capacidad de reinventarse, por estar su tejido social sustentado en instituciones democráticas. El poder es compartido y competido, las reglas claras y las leyes se respetan.

Estados Unidos como nación siempre ha aprendido de sus errores. El mercado como opción saldrá fortalecido por la mano del poder público y la confianza que los ciudadanos tienen de su país. El Gobierno de Estados Unidos con toda su fortaleza está ayudando a las empresa y el sistema financiero a salir a flote. El capitalismo para desgracia de algunos perdurará y se recompondrá, mientras siga casada con esta Doña irresistible y bella llamada democracia. No me cabe duda, que Estados Unidos ante la crisis financiera está en las mejores manos posibles: las propias, las suyas.

Un paréntesis final (¡Que paradoja! La crisis de Estados Unidos le quitó de un zarpazo la mitad de los ingresos al socialismo del siglo XXI. ¿Qué sociedad está mejor equipada para salir de la crisis: el del Norte o el del Sur? The answer my friend is blowing in the wind).

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