Hace unos tres años, en un camión de plátanos se llevaron un ídolo que estaba en un chagüital de Tagüisapa, Altagracia. Nadie dijo nada y no se acusó ni se juzgó a ninguna persona. Para mover una estatua de ese tamaño se necesita al menos unos veinte individuos y una polea de buen tamaño. Sin embargo, no se supo cómo el ídolo salió y los “cuechos” los oímos unos meses después, cuando uno de los participantes, con una buena dosis de alcohol, comentó algo. Entonces empezó el rumor. Probablemente el ídolo ya estaba en una sala de una colección privada en Estados Unidos.
Más o menos por el mismo tiempo, estando en la isla me di cuenta que el Gobierno de Francia había ofrecido una asesoría para el museo de Altagracia, más unas becas para jóvenes que quisieran estudiar la carrera arqueológica y museológica, y la construcción de reproducciones en pólipox, de los más connotados “ídolos”, como lo es el “Caballero Águila”, y el resto de los que estaban en la acera de la antigua iglesia de Altagracia. Además, una ayuda de cerca 100,000.00 euros, para el sostenimiento institucional del museo. Pero a cambio de eso —nada es gratis en esta vida—, debíamos (Nicaragua) prestarle uno, dos o tres de los ídolos para su exhibición en el museo de Louvre, en París, y hacer una retrospectiva de la estatuaria precolombina de Nicaragua, por un tiempo especificado en un contrato. Se les realizaría también su respectiva clasificación por flúor y/o carbono. Verdadera y real datificación que todavía no se ha hecho, creo. Y de paso, serían restaurados. Entonces, el cura párroco de ese momento, más unos feligreses fundamentalistas, instruidos por él, en un acto de “valentía y patriotismo isleño” los introdujeron a como pudieron, es decir, “a pencazo limpio”, al patio de la parroquia, donde no podría ni el Estado, ni la municipalidad, ni nadie, decir nada, ni reclamar, ya que estaban en el terreno de la Iglesia. No sé de dónde sacaron eso, pues si lo quisiera el Estado, por ser Patrimonio Nacional, tiene todas las leyes a su favor para hacerlo, cuando quiera. Además, son de una religión y doctrina totalmente ajena y hasta condenada por la Iglesia católica. La ignorancia es atrevida, decía mi abuelo. Nunca más oí qué pasó con el caso.
Consecuencias: a) los ídolos están cada día en un mayor proceso de destrucción por los “fieles” que en los días de fiesta parroquial, y en las celebraciones del patrono de Altagracia, San Diego de Alcalá de Henares, en cuyos momentos mas álgidos de la fiesta y especialmente después de la procesión hacen sus necesidades fisiológicas, además de subirse cualquier borracho a vomitarles. b) La reubicación hecha después del vandalismo dirigido, causó la fractura de algunos ídolos, que fueron reparados “a como mejor pudieron”, sin ninguna técnica restaurativa de arqueología. Yo entiendo que hay que demostrar que somos celosos de nuestro patrimonio isleño, pero ésa no es necesariamente la correcta forma de hacerlo. c) El museo se quedó “sin Chana ni Juana”.
Actualmente faltan verdaderos y preparados académicamente instructores, guías, investigadores, etc., faltan piezas tanto de cerámica como de piedra y la estatuaria del portal del museo es obviamente de construcción más reciente. La mayoría de las piezas están quebradas o restauradas, a diferencia de las colecciones privadas en las que hay bellísimas piezas de cerámica de Ometepe, sin un rasguño.
Y ahora ¿qué hacen nuestras autoridades isleñas, incluida la Iglesia, para evitar estos “sacrilegios”? ¿Qué estamos haciendo por la Isla de Ometepe, al permitir esta actitud troglodita y chimalpopoca? ¿Qué hacemos para evitar la fuga de piezas originales, de la tal vez única cerámica isleña: la cerámica “Luna”? Podríamos montar una escuela de artesanías que haga reproducciones de cerámica original de Ometepe. ¿Por qué no? Ya hay un proyecto escrito sobre esto. Y así evitar en alguna medida este saqueo a nuestro patrimonio histórico y cultural.