Entre Sandino y Fonseca
Iván de Jesús Pereira
El autor es abogado

“Dime papá ¿cuál es el uso de la historia? Con esta pregunta tan esencial, empieza Marc Bloch, el célebre profesor de Historia de la Universidad de París, torturado y fusilado por los alemanes en 1942, su clásico ensayo Historia como arte.

La respuesta nos lleva al campo de lo trascendental, porque una característica de nuestra civilización desde los griegos y romanos hasta el cristianismo, es nuestra atención a lo pasado. Somos “Homo Historicus”, es decir, la historia y en ella nuestras vidas, es el gran drama de nuestra existencia.

Dramático y profundo resulta ese libro que Jesús Miguel Blandón acaba de publicar, Entre Sandino y Fonseca, porque viene a llenar un vacío de ese pasado oculto a propósito a los nicaragüenses, tanto por el somocismo como por el FSLN, por considerarlos ambos eminentemente perturbador.

¡Escriba sus memorias!, le dije al doctor Julio Quintana Villanueva, una tarde de exilio frente al río Potomac, en Virginia. ¡Déjenos su vivencia, usted que como nadie conoció al somocismo! ¡Cuéntenos lo que usted vio, y presenció y denos ese legado a las futuras generaciones nicaragüenses!

El viejo ex canciller me quedó mirando profundamente y me dijo: “Hijo: yo era un nadie en Nicaragua. Somoza García me tomó de la mano, me hizo persona y me elevó a los cargos más altos de la República. La verdad es tan dura para los Somoza, que si yo la escribo, sería un malagradecido, así que prefiero callar”.

Y es que el calvario de represión y sangre que Chuno nos relata en su libro es una lección que no puede ser olvidada. Al rescatar esos hechos, desde la conspiración del asesinato de Sandino, obra no sólo de Somoza y de sus allegados, sino de prominentes figuras intelectuales y políticas de esa época, Chuno nos recuerda el alto costo de esta maltratada democracia.

Resaltar y poner en su verdadero valor la cuota de sangre que pagaron miembros de la Guardia Nacional, desde Abelardo Cuadra (uno de los forjadores de la Legión del Caribe) Santiago Delgado, Gabriel Castillo, Rafael Somarriba (el jefe de El Chaparral), Julio Alonso, Adolfo Báez Bone, José María Tercero, Luis y Adolfo Alfaro, Rafael Praslín, Manuel Gómez, Napoleón Ubilla Baca, Carlos Ulloa y Alí Salomón, es uno de los méritos de esta obra.

¿Quién de los jóvenes de hoy conoce y valora en toda su dimensión la figura de Rosendo Argüello, del profesor Edelberto Torres o de la doctora Concepción Palacios? La labor que ellos hicieron, sus relaciones con el presidente Arbenz y el papel jugado por Rosendo en la Revolución de Costa Rica en 1948, como la traición que todos ellos sufrieron de José Figueres.

Chuno nos resalta el valor del liberalismo opositor. Desde la figura apostólica del presidente Leonardo Argüello, Enoc Aguado, pasando por el ideólogo y periodista Adán Selva, o la fila de mártires de ese partido entre los que descuellan: Uriel Sotomayor, Enrique Lacayo Farfán, Edwin Castro, Ausberto Narváez y Rigoberto López Pérez.

Me conmueve, el relato de las torturas sufridas por mi amigo, esa delicada y fina persona que era Armando Zelaya Castro, compañero de Rigoberto López Pérez, quien nunca le creyó que iba a matar a Somoza.

Eminentemente perturbador para el FSLN es este libro. Nos demuestra de una manera irrefutable, que la historia de la lucha por la democracia, no empieza con la fundación del Frente Sandinista. Ni el 19 de julio es la fecha más importante de la historia patria, como nos lo quisieron imponer en los años ochenta.

Chuno nos muestra a un Carlos Fonseca con raíces profundamente franciscanas. Amoroso padre de familia, con valores éticos, sabedor del rol de la propiedad privada. No marxista, ni entregado a los sueños de la revolución cubana. Que toma a Sandino junto con Rubén Darío como las bases de la nacionalidad nicaragüense y vive una vida casi monacal, por el sueño de querer construir una república.

Por último cabe destacar las interrelaciones que Chuno nos presenta en su libro. ¿Qué hubiera pasado en Guatemala si el movimiento del 4 de abril hubiese tenido éxito? ¿Cómo se hubiera desarrollado la vida política en Centroamérica si Pepe Figueres hubiera sido fiel a su palabra y hubiera respaldado un movimiento armado en contra de los Somozas?

¿Por qué los Estados Unidos, con esa tradición tan rica en democracia y justicia, escogieron apoyar a los Somozas en el siglo pasado?

En fin, éste es un libro de cabecera, necesario para las generaciones tanto las presentes como las futuras. Más que un libro, es una obra cumplida de “un pacifista luchador en defensa de la democracia, las libertades públicas y el estado de derecho”.

Más información en www.laprensa.com.ni >>
© LA PRENSA 2005 - Todos los Derechos Reservados