Los principales indicadores bursátiles latinoamericanos volvieron a caer ayer, por cuarto día consecutivo, ante los temores a una recesión global y una menor demanda de las materias primas producidas en la región, fenómeno que también tuvo su impacto sobre las divisas.
En Perú fue necesario incluso suspender provisionalmente las operaciones tras una caída de 6.67 por ciento de su principal índice.
El Ibovespa de la bolsa de Sao Paulo se precipitó 6.9 por ciento a 31,482 unidades en tanto los temores acentuados sobre la situación de la economía estadounidense y las europeas amenazaban las exportaciones, los ingresos fiscales y la facturación de las compañías.
El índice brasileño ha visto esfumarse el 57 por ciento de su valor desde que llegó a su punto máximo de 73,794 unidades el 19 de mayo.
El real brasileño se recuperó de las pérdidas de las primeras horas en la jornada cotizándose a 2.3 reales por dólar, después de una subasta de 1,700 millones en contratos de intercambios (swap) realizada por el Banco Central para impulsar la divisa. El real ha perdido casi 47 por ciento de su valor desde el 1 de agosto.
En México el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) cayó 4.6 por ciento a 16,979 unidades ante las predicciones de los inversionistas sobre que las pérdidas en las monedas podrían afectar aún más las ganancias en las compañías.
El peso, que ha perdido 37 por ciento desde el 5 de agosto, avanzó 1.6 por ciento para intercambiarse a 13.4 pesos por dólar, en este caso, tras una subasta de más de mil millones de dólares de las reservas del país realizada el jueves por el Banco Central.
El Banco Central de México ha vendido casi 15 por ciento de sus reservas en menos de tres semanas para apoyar a la debilitada divisa.
En Argentina, el índice Merval se hundió 7.6 por ciento a 890.3 puntos, con lo que ha perdido un 24 por ciento de su valor esta semana, debido al temor de que un plan del Gobierno para nacionalizar las pensiones afectará el acceso de las compañías al capital privado.
Muchos inversionistas interpretan este plan de pensiones como un signo de que el Gobierno argentino está quedándose sin liquidez y no podría cumplir con sus deudas en los años próximos.