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SIP: defendiendo la libertad y el idioma
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La 64 asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que se realizó la semana pasada en Madrid, España, se pronunció —de acuerdo con su deber de principios y como es su costumbre— en defensa de la libertad de prensa en todas partes donde está amenazada, restringida o ha sido suprimida. Y como era necesario, la asamblea de la SIP emitió una declaración específica sobre Nicaragua, donde la libertad de prensa y el derecho a la libre expresión son atacados ferozmente por el Gobierno del presidente Daniel Ortega Saavedra.

En sus ediciones de ayer, tanto LA PRENSA como El Nuevo Diario publicaron íntegramente la Resolución de la 64 asamblea general de la SIP sobre Nicaragua, en la que la asociación hemisférica de periódicos y periodistas libres llama la atención sobre el “marcado aumento en hostilidad por parte del Ejecutivo en su relación con los medios y periodistas independientes de Nicaragua, cual deterioro en relación se ha caracterizado por acusaciones, amenazas y serias agresiones verbales de parte de las más altas autoridades del Gobierno Central”. En su resolución de Madrid, la SIP menciona los nombres de Jaime Chamorro Cardenal y Eduardo Enríquez, de LA PRENSA, de Carlos Fernando Chamorro de la ONG Cinco y el semanario Confidencial, y del religioso y poeta sandinista disidente del orteguismo, Ernesto Cardenal, quienes son por ahora las principales víctimas de la represión del gobierno de Ortega. En relación con la persecución contra esas personas, la SIP exhorta “a las Cortes de Justicia de Nicaragua que se mantengan imparciales en su atención a gestiones contra medios o periodistas e intelectuales”, y denuncia “la desproporcionada campaña publicitaria específicamente dirigida a desprestigiar periodistas y medios independientes, e insta al Gobierno de Nicaragua a normalizar sus relaciones con la prensa a fin de refrendar la función periodística y la democracia”. La resolución sobre Nicaragua de la SIP concluye solicitando al presidente de dicha asociación, “el envío de una delegación especial para investigar las condiciones de libertad de expresión en el país”.

Aparte de la defensa de la libertad de prensa y de los medios de comunicación y periodistas independientes perseguidos por el poder político autoritario, cabe señalar que la SIP también se ha preocupado siempre y lo hizo en su asamblea general de Madrid, por la defensa del idioma en general y del lenguaje periodístico en particular. Es que el buen uso del idioma constituye un indicador fundamental de la buena calidad de los periódicos y del periodismo. Además, la libertad de expresión y de prensa se ejerce por medio de la palabra, y del mismo modo todas las libertades son agredidas mediante el mal uso del lenguaje, con palabras difamatorias, calumniosas, agresivas e instigadoras del odio, la violencia y la represión. De allí que sea razonable hablar de un lenguaje libertario y democrático, como también de un lenguaje totalitario, de un lenguaje fascista, de un lenguaje orteguista.

El director de la Academia Argentina de las Letras, Pedro Luis Barcia, señaló en una mesa de discusión sobre el idioma español que se celebró en el marco de la 64 asamblea general de la SIP, que “la limitación en el uso del idioma es un riesgo, porque conlleva una pobreza idiomática, y quien es pobre en el uso del idioma pierde el derecho a la libertad de expresión, porque no puede utilizar el instrumento para comunicarse y decir lo que piensa adecuadamente”. Dijo también que “en una democracia es importante comunicarse, y la pobreza creciente está llevando a una nulidad expresiva. La democracia se funda en el diálogo y si no hay palabras para compartir, la democracia se va a pique”. Y agregó Barcia que “en una democracia no es útil una persona que no es capaz de dialogar, de articularse con el otro; y lo que no sale por la boca, sale por el sopapo, por el palo o por la pedrada”.

Esto es lo que ocurre en Nicaragua donde los medios oficialistas, mediante el lenguaje pervertido que usan fomentan el odio, predican la intolerancia e instigan la represión, hablan el idioma del sopapo, del palo y de la pedrada. De manera que está claro porqué los medios que defienden la libertad, como LA PRENSA, El Nuevo Diario y Confidencial, se preocupan por el buen uso del idioma, mientras los que justifican la opresión e instigan la represión, usan el lenguaje más vil que cabe imaginar.

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