Carlos Brito, CEO de InBev, tiene en las manos una oportunidad de oro que muchos ejecutivos brasileños sueñan, pero que muy pocos han tenido. Después de cerrar la compra de la mayor cervecera del mundo, se podrá consagrar como uno de los ejecutivos más prestigiosos del planeta. Pero para eso tendrá que integrar con éxito las operaciones de InBev y Anheuser-Busch sobre la misma estructura, creando un gigante con dominio de un cuarto del mercado mundial de la cerveza.
Pero Brito está acostumbrado a cosas difíciles. Y la adquisición de Anheuser-Busch fue un ejemplo. Además de convencer al directorio de su compañía de invertir 52 mil millones de dólares en la compra, tuvo que doblegar a la familia controladora de Anheuser-Busch, una dinastía empresarial de seis generaciones, y calmar los ánimos de funcionarios, políticos y la opinión pública estadounidense, todos preocupados por el destino de miles de empleos y por la transferencia a extranjeros de una marca que es casi parte de la identidad nacional: Budweiser.
El camino hasta la cima también fue largo. Después de pasar por Shell y Daimler-Benz, Brito realizó un MBA en la universidad de Stanford, y al regreso fue contratado por el Banco Garantia. Pocos meses después, en 1989, el banco compraría la cervecera Brahma y él sería uno de los indicados para ayudar a mejorar el negocio. Más tarde, asumió la dirección general de la nueva empresa. Con la fusión con Interbrew, en 2004 —que resultó en la creación de InBev—, recibió la dirección de América del Norte y, poco después, alcanzó el cargo de CEO.
Su gestión al frente de InBev estuvo marcada por un programa de reducción de costos, que hizo a las ganancias de la compañía pasar de 900 millones de euros en 2005 a 2,200 millones en 2007. Algunos funcionarios fueron despedidos y los beneficios de los ejecutivos, cortados. Un régimen espartano del cual no se escapó ni el mismo salario de Brito.
Si tales hechos despertaran cualquier dejo de vanidad en Brito, él no lo manifiesta. A pesar de ser responsable de la creación de una de las mayores compañías de bienes de consumo en el mundo, permanece alejado de las entrevistas, en especial aquellas sobre su vida personal. Teniendo en cuenta el estilo pragmático y enfocado en los resultados que lo caracteriza, esto no es una sorpresa. Aquello que no genera negocios, no le interesa. Brito es, en otras palabras, un tractor.
Especialistas en reclutamiento, como Marcelo de Lucca, director ejecutivo de Michael Page Executive Search, y Darcio Crespi, socio consultor de Heidrick & Struggles, concuerdan en que Brito es uno de los mejores ejemplos del estilo de gestión característico de las empresas dirigidas por GP Investimentos, de los empresarios Jorge Paulo Lemann, Marcel Telles y Carlos Alberto Sicupira, ex dueños de AmBev y hoy socios administradores de InBev. “Es un estilo agresivo, caracterizado por un enfoque fanático en los resultados, reducción de costos y por la intención de alcanzar una posición predominante en los negocios”, dice Crespi. “Es una cultura meritocrática, arriesgada, de excelencia y competitiva”, afirma De Lucca.
Persistente, enfocado en los resultados y todavía joven (tiene 48 años), todo indica que Brito no necesitará hacer más que mantener la coherencia que ha demostrado a lo largo de su historia para garantizarse un lugar destacado en el hall de ejecutivos de clase mundial. Su paso por InBev estuvo marcado por la duplicación de las ventas de la empresa en dos años.