El pueblo de Taiwán celebra hoy 10 de octubre su día nacional, recordando hace 97 años la fundación de la primera república democrática del Asia, que ha llegado a convertirse actualmente en una de las 15 mejores economías del mundo con un pequeño territorio de 38 mil kilómetros cuadrados, o sea una cuarta parte de lo que tiene Nicaragua.
A pesar de ser país joven, Taiwán posee la tercera mayor reserva de divisas extranjeras, con un PIB de US$ 394 mil 800 millones de dólares americanos (2007) y su per cápita de US$ 17 mil 294 dólares americanos. El año pasado el volumen de exportación e importación ascendió a 450 mil millones de dólares americanos.
El éxito de este país ha sido principalmente el desarrollo de la industria semiconductora, y para lo cual reclutó jóvenes taiwaneses graduados en universidades en Estados Unidos o que trabajan en las compañías de Sillicon Valley y mediante un préstamo blando establecieron su propia empresa en el parque científico creado por el Gobierno en Taiwán desarrollando la industria de informática. El primer parque científico en el centro de Taiwán contribuye a la economía de ese país con un valor de producción de más de 10 mil millones de dólares cada año.
Esta nación actualmente produce más de la mitad de las computadoras personales o Laptos del mundo; el 90 por ciento de los monitores LCD y el 75 por ciento de las tarjetas madres.
Se elabora una tarjeta madre cada 36 segundos, lo que quiere decir que, en lo que abrimos y cerramos los ojos, se están fabricando dos de estas tarjetas, que es la base principal de una computadora.
Con ejemplos de países como Taiwán, se confirma que la educación es la base del desarrollo, y sólo mediante la misma se podrá mejorar la economía de una población y tener saltos cualitativos en el nivel de vida de las personas.
El país cuenta con 158 universidades, un millón doscientos mil estudiantes en las mismas, 130 mil estudiantes de maestrías, 22 mil estudiantes en doctorado, y 25 mil realizando cursos y estudios superiores en el extranjero.
Decía el embajador de se país señor Chin Mu-wu que el camino a la prosperidad no es fácil para ningún país y una vez que haya sido lograda, su subsistencia es aún más difícil.
Si las personas se olvidaran de las virtudes del trabajo constante y el Gobierno no persiguiera los planes para el bienestar de su pueblo con sinceridad y honestidad, entonces una nación próspera y saludable se verá rápidamente reducida a la pobreza.
Ciertamente, Taiwán es un ejemplo y ojalá que países como el nuestro lo sepan imitar.