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La desertificación, producto de la deforestación, afecta a Nicaragua. (LA PRENSA/Archivo)
Zonas agrícolas quedarán sin agua
Cambio climático tendrá efecto directo en agricultura de Latinoamérica, donde la producción de algunos cultivos caerá hasta en 80 por ciento
Bosques tropicales entrarán en agonía y también desaparecerán en gran medida si las temperaturas suben dos o tres grados
Barcelona, España/EFE
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Desalinización

La vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina, Pamela Cox, explicó que se están desarrollando políticas para combatir el calentamiento global por medio de una apuesta por la energía hidroeléctrica y el transporte sostenible, así como por la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, o la desalinización por medio de energía eólica.

Los países latinoamericanos serán unos de los principales paganos del cambio climático ya que, a pesar de que sólo emiten el seis por ciento de los gases de efecto invernadero causantes del fenómeno, cerca de 77 millones de personas de estos territorios tendrán problemas para acceder al agua en el año 2020.

Ésta es tan sólo una de las conclusiones del informe elaborado por el Banco Mundial (BM) y presentado por la vicepresidenta de esta entidad para América Latina y el Caribe, Pamela Cox, en el marco del Congreso Mundial de la Naturaleza, en Barcelona.

En ese foro, Cox alertó que el cambio climático tendrá consecuencias “devastadoras” no sólo para el medio ambiente y la economía de estos países, sino también para la salud de cientos de millones de personas.

La responsable del BM destacó la “vulnerabilidad”, sobre todo, de las zonas rurales (las más pobres y dependientes de la agricultura) y de las costas (ante el crecimiento del mar).

Asimismo, hizo especial hincapié en el problema derivado de la escasez de agua ya que el aumento de las temperaturas provocará el deshielo de los glaciares andinos (que podrían desaparecer en una década), de los que dependen numerosas comunidades y ciudades.

La representante del Banco Mundial puso como ejemplo el riesgo que corre el abastecimiento de grandes capitales como Bogotá o Quito, ciudad esta última que se estima debería destinar 100 millones de dólares para garantizar en breve su suministro.

La falta de agua potable y el aumento de las temperaturas supondrán además una extensión de determinadas enfermedades de tipo tropical, como la malaria o el dengue y otras patologías infecciosas.

A todo ello se suma el incremento de las catástrofes naturales: mayor intensidad de los grandes huracanes, cuya frecuencia aumentará (por cada grado de aumento de la temperatura se incrementarán en un 26 por ciento), provocando pérdidas multimillonarias, sin contar además con el coste en víctimas humanas que suelen conllevar.

Además, si continúa creciendo el nivel del mar, algunas ciudades ribereñas comenzarán a tener graves problemas, como la colombiana de Cartagena.

DISMINUIRÁ FAUNA MAMÍFERA

Cox destacó “lo cruel e irónico” que resulta que aquéllos que no tienen casi ninguna responsabilidad en generar el problema sean al mismo tiempo los más vulnerables y los que menos recursos tienen para adaptarse.

En este sentido la producción de estos países de energía hidroeléctrica se verá afectada por la falta de agua, y deberán destinar grandes inversiones a otro tipo de producción, una renovación que además se produciría en un momento de crisis económica, que dificulta cualquier financiación.

El informe destaca la repercusión que el aumento de las temperaturas y de los cambios de climatología pueden tener en la biodiversidad de la región, donde se encuentran 5 de los 10 países con mayor variedad de fauna y flora del planeta, especialmente en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes.

También subraya la “agonía” de los bosques tropicales (que podrían disminuir hasta un 80 por ciento si las temperaturas suben entre 2 y 3 grados), la disminución de los arrecifes de coral en el Caribe, o la desaparición —antes del 2050— de hasta el 25 por ciento de las especies de mamíferos de México.

Igualmente, el cambio climático tendrá un efecto directo en la economía agrícola de Latinoamérica, uno de los graneros del mundo, que verá cómo se reduce la superficie utilizable por determinados cultivos, con una pérdida de la producción (hasta el 80 por ciento en México) y, por consiguiente, de empleo.

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