El Papa Benedicto XVI inauguró ayer el segundo sínodo de obispos de su pontificado, dedicado a “la palabra de Dios”, con un discurso alarmista sobre la pérdida de influencia del cristianismo en Europa y el “castigo” de Dios a los pueblos rebeldes a su mensaje.
El jefe de la Iglesia católica —de 81 años y habitualmente severo con las sociedades secularizadas— endureció su tono en la misa celebrada con los 253 obispos y cardenales que participan en el sínodo hasta el 26 de octubre en representación de 1 mil 100 millones de católicos.
En la basílica romana de San Pablo Extramuros, el Papa deploró que “naciones, un tiempo ricas en fe y vocaciones, pierdan ahora su propia identidad bajo la influencia nociva y destructiva de una cierta cultura moderna”.
Benedicto XVI visitó del 12 al 15 de septiembre Francia, bastión del laicismo con una práctica religiosa en fuerte descenso.
“La muerte de Dios” proclamada por las sociedades secularizadas conduce “a la arbitrariedad del poder, a los intereses egoístas, la injusticia, la explotación y la violencia bajo todas sus formas”, deploró el Pontífice.
A la vez, dirigió una advertencia a los “cristianos incoherentes”, tentados por la “rebelión”, señalando que Dios “ha debido recurrir a menudo al castigo”.
Las palabras del Papa fueron al inicio del sínodo, una asamblea consultiva encargada de asesorarlo en temas de la vida y la misión de la Iglesia.
En la actual asamblea se debate sobre “La palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, por lo que la interpretación de la Biblia, el libro sagrado de cristianos y judíos, será el tema preponderante.
Como parte de esta actividad ayer comenzó en Roma un maratón de lectura de la Biblia, por religiosos, artistas y deportistas. Esa jornada se realizará durante seis noches y siete días y es transmitida por las televisoras de Italia.