Pablo Antonio Cuadra Cardenal (PAC, 1912-1992), el gran poeta, escritor, antropólogo y periodista nicaragüense, quien durante muchos años fue codirector y director de LA PRENSA, asociaba el Gran Lago de Nicaragua a las leyendas homéricas, particularmente a La Odisea,que según los expertos en literatura fue la primera novela de aventuras de la historia y una de las principales matrices culturales de la civilización occidental.
Tener el Gran Lago dentro es tener el mar metido en el cuerpo. Somos poseídos del mar, somos odiseicos”, escribió PAC en uno de sus geniales editoriales culturales de LA PRENSA, que escribía bajo la rúbrica Escrito a Máquina(“Homero y el Gran Lago”). PAC, cuya vida entera estuvo vinculada al Gran Lago, pudo ver la parte final de la época de grandeza económica y cultural del hermoso lago también llamado Cocibolca, su legendario nombre indígena. Pero al mismo tiempo vio la decadencia del Gran Lago que él calificó como “la tragedia del aburguesamiento de Nicaragua que parece haberle dado la espalda al Lago y a la Aventura”.
PAC no alcanzó a ver —aunque lo miró venir— el agravamiento de la contaminación del Gran Lago, al que igualaba con el Mar Mediterráneo porque éste, “comparado con los otros mares, es un ‘mar interior’, un gran lago”. Sin embargo, PAC se podría sentir contento y emocionado, ahora, al saber que un viejo y entrañable amigo suyo se ha encajado la armadura “odiseica” y lanzado a la aventura de salvar el Gran Lago, para Granada, para Nicaragua y para la humanidad. Nos referimos al doctor Jaime Incer Barquero, quien ha asumido la ingente responsabilidad de organizar y encabezar un esfuerzo nacional por la salvación del Gran Lago de Nicaragua, al que la incultura, la falta de educación, la inercia y la irresponsabilidad han condenado a morir por contaminación, sentencia funesta que, sin embargo, todavía es posible conmutar y revertir.
El doctor Jaime Incer Barquero anunció el sábado pasado el relanzamiento de su proyecto estratégico de salvación del Gran Lago de Nicaragua, que él mismo impulsó el año pasado por medio del Fondo Nicaragüense para la Conservación de la Naturaleza (Fondo Natural). Este proyecto se ha fortalecido por el respaldo gubernamental que dio a conocer la Ministra del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), señora Juana Argeñal, quien dijo que el Gobierno ha conseguido de los fondos Alba de Venezuela 60 millones de dólares “para iniciar un estudio sobre el nivel de contaminación del lago y otros proyectos”. Además, aseguró que se espera conseguir cien millones de dólares de España, para proyectos de protección hidrográfica, según informó LA PRENSA el domingo 28 de septiembre.
En la misma información, que ha tenido repercusión internacional, se dice que el Gran Lago de Nicaragua “produce 42 millones de metros cúbicos de agua dulce al día, que desembocan en el río San Juan (sur) y luego al Mar Caribe, y que bien podrían ser utilizados para abastecer a la capital, las ciudades y zonas agrícolas que rodean el acuífero”. En esta gran reserva acuática radica la posibilidad de que Nicaragua resuelva para siempre, o en todo caso por muchísimo tiempo, su grave problema de falta de abastecimiento de agua para la mayor parte de la población del país, incluyendo a la que vive en zonas adyacentes y costeras del Gran Lago.
El científico Salvador Montenegro Guillén, quien es otra reconocida autoridad en el conocimiento del problema del agua y sus probables soluciones, escribió hace un par de años que “la principal riqueza de Nicaragua es nuestra agua… La enorme cantidad de agua “dulce” sobre la superficie de Nicaragua en forma de ríos o lagos, sumada a los depósitos subterráneos, si se divide entre el total de habitantes, totaliza unos 38 metros cúbicos por persona, por día. Son 38,000 litros de agua por nicaragüense… Entonces, siendo esto cierto, ¿por qué falta tanto el agua en Nicaragua…?”.
La respuesta es sencilla y contundente: porque se desperdicia, porque se contamina, porque la irresponsable acción humana está pudriendo esa maravilla homérica que es el Gran Lago de Nicaragua. Sin embargo, al Gran Lago se le puede rescatar, es posible recuperar sus antiguas glorias y resolver el problema nacional de agua, siempre y cuando se vuelque el apoyo de país a la odisea que ha emprendido el doctor Jaime Incer Barquero para salvar el Lago Cocibolca.